Miércoles 4 de octubre


Palabras

El ladrón de la historia

Carlos Balaguer

El mismo que nos robó la vida. El mismo que nos robó los sueños. El mismo ladrón del tiempo. El mismo que nos robó el amor. El mismo que en las oscuras noches nos robó la esperanza. El mismo ladrón de la historia... Torvo. Nocturna y lunar criatura, robando las sombras de la ciudad dormida. Que es lo mismo que decir vacía, sin hombres, sin gloria, sin gritos, sin risas humanas. Desnuda y desolada, como quedan todas las noches y todas las ciudades de esplendor.

Y en medio de sus calles de asfalto y alquitrán, vagando como fiera sola, el señor de las sombras y de los rateros, robando el tiempo en las plazas cuando todos se han ido sin volver o a dormir su olvido. Silencioso y triste, este robador del tiempo y de la vida, huye furtivo y temeroso, con su pesado botín de sueños y de días perdidos. Pasa en su biciclo y se va...

Se roba la soledad y el ladrar de los nocturnos perros callejeros. Pero antes de pasar, se detiene y se recrea un instante delante del monumento de oro de la Santa Patrona de las prostitutas, que yace inmóvil sobre su pedestal, viendo al cielo sus ojos, como si buscara la luz de una estrella. El ladrón sonríe. Será su próximo botín. Pero no sabe si robar primero el oro o si robar primero la estrella.

Reanuda su marcha silenciosa como la de las fieras que huyen. Por hoy se lleva la historia, la triste bisutería de los días perdidos, la más patética mercancía humana: el tiempo.


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