Palabras
El ladrón de la
historia
Carlos
Balaguer
El mismo que nos robó la vida. El
mismo que nos robó los sueños. El
mismo ladrón del tiempo. El mismo que nos
robó el amor. El mismo que en las oscuras
noches nos robó la esperanza. El mismo
ladrón de la historia... Torvo. Nocturna
y lunar criatura, robando las sombras de la
ciudad dormida. Que es lo mismo que decir
vacía, sin hombres, sin gloria, sin
gritos, sin risas humanas. Desnuda y desolada,
como quedan todas las noches y todas las
ciudades de esplendor.
Y en medio de sus calles de asfalto y
alquitrán, vagando como fiera sola, el
señor de las sombras y de los rateros,
robando el tiempo en las plazas cuando todos se
han ido sin volver o a dormir su olvido.
Silencioso y triste, este robador del tiempo y
de la vida, huye furtivo y temeroso, con su
pesado botín de sueños y de
días perdidos. Pasa en su biciclo y se
va...
Se roba la soledad y el ladrar de los
nocturnos perros callejeros. Pero antes de
pasar, se detiene y se recrea un instante
delante del monumento de oro de la Santa Patrona
de las prostitutas, que yace inmóvil
sobre su pedestal, viendo al cielo sus ojos,
como si buscara la luz de una estrella. El
ladrón sonríe. Será su
próximo botín. Pero no sabe si
robar primero el oro o si robar primero la
estrella.
Reanuda su marcha silenciosa como la de las
fieras que huyen. Por hoy se lleva la historia,
la triste bisutería de los días
perdidos, la más patética
mercancía humana: el tiempo.