La guardiana de San
Judas Tadeo
A sus 81 años, doña
María Torres de Orellana se ha convertido
en la rezadora de mayor edad de la
Basílica Sagrado Corazón de
Jesús, en San Salvador. Ella asegura ser
la devota número uno de San Judas
Tadeo.
- José
Osmín Monge
- El Diario
de Hoy
- FOTOS
César Avilés
En
la Calle Arce de San Salvador está la
Basílica del Sagrado Corazón de
Jesús, que guarda en su interior una de
las imágenes religiosas más
veneradas y visitadas por muchos fieles: la de
San Judas Tadeo, el santo de los casos
difíciles.
Al pie de este icono acuden todos los
días centenares de devotos
(jóvenes, adultos y ancianos), quienes se
arrodillan al pie de su altar para pedirle
favores y milagros.
Una de las creyentes es doña
María Morales, quien asegura visitarlo
desde que era adolescente.
Ante el camarín
Bien vestida, maquillada y con su mantilla
negra, doña María llega a la
iglesia todos los viernes para implorarle
perdón a Dios y para hacerle algunas
peticiones al santo.
"Todos los viernes y los días 28 de
cada mes vengo a la iglesia a pedirle que me
mantenga alentada y para que me ayude a
solucionar mis problemas", expresa doña
María.
Pero antes de postrarse ante la efigie de
madera se dirige al costado izquierdo del
templo, donde se expone el Santísimo;
luego, con un poco de esfuerzo se arrodilla ante
Él y le hace una oración.
Terminada ésta se dirige al camerino de
San Judas y eleva las plegarias y hace sus
peticiones.
"Él es muy milagroso; es el patrono de
las causas perdidas", comenta la devota.
Al concluir su rezo se dirige con su lento
andar hacia las demás imágenes que
adornan la basílica, para hacer una
oración ante cada una.
"Me gusta rezarle a San Francisco de
Asís. Es uno de los santos que casi nadie
visita", comenta la católica.
Al visitar las imágenes se acomoda en
una de las bancas de madera, extrae de su vieja
cartera una camándula de cuentas blancas
y reza el Rosario.
Rezadora experimentada
Al oír su voz, algunos visitantes del
templo se unen con ella para orar y otros le
piden que por favor les rece en nombre de
ellos.
"Siempre estoy dispuesta a rezar. Cuando me
preguntan cuánto cobro, yo siempre les
digo que me den lo que sea su voluntad. A veces
me dan cinco o diez colones", dice la
experimentada rezadora.
Pero
no sólo se limita a rezar el Rosario,
sino también ayuda a otros a hacer el
Vía Crucis dentro de la iglesia.
"No me puedo de memoria cada una de las
estaciones; pero cuando veo los cuadros o las
imágenes que están en las paredes
me acuerdo de ellas y las digo. Mi mamá,
desde que yo estaba muy chiquita, me
enseñó a rezar", comenta la
señora.
Es tanta la experiencia que tiene que tanto
el Rosario como el Vía Crucis los reza de
manera acelerada. Es tanta la rapidez que a
veces no se entiende lo que dice.
Víctima de una estafa
Al preguntarle a doña María
cuáles son las peticiones que ella le
hace a San Judas Tadeo, al Santísimo y a
los demás santos, responde "Que me
devuelvan una casa que me robaron".
Y es que doña María asegura que
un abogado sin escrúpulos la ha despojado
de una vivienda que heredó de una
pariente. Ella dice que el abogado (que nunca
conoció) vendió la propiedad.
"Lo hizo sin mi consentimiento. Yo tengo un
testamento en el cual mi hermana me declara su
heredera; pero ahora resulta que la casa que
ella me dejó ya fue vendida. Ese abogado
ha presentado testigos falsos, quienes dicen que
yo firmé los papeles de venta. He movido
cielo y tierra para recuperarla, pero hasta hoy
no he logrado nada", expresa con los ojos llenos
de lágrimas.
Doña
María asegura que tiene familiares
adinerados, pero que pesar de ello vive sola en
un pupilaje en Antiguo Cuscatlán.
Sobrevive gracias al dinero que le
envían unos parientes que residen en los
Estados Unidos, a las ganancias obtenidas en la
venta de perfumes y por el dinero que le dan
como rezadora.
"Por mucho tiempo trabajé en la
Administración de Rentas y en la
dirección de Estadísticas y
Censos. Yo no tengo ninguna pensión",
expresa la fiel devota, quien además
asegura que nunca tuvo hijos, a pesar de que
estuvo casada.
Doña María está confiada
en que Dios le dará mucha vida y que
así podrá seguir visitando
(religiosamente) la Basílica todos los
viernes.
"Mientras Él me dé licencia yo
vendré a su casa para adorarlo y de paso
podré visitar a mi santo preferido",
puntualiza la octogenaria.