Martes 24 de octubre 2000

























La guardiana de San Judas Tadeo

A sus 81 años, doña María Torres de Orellana se ha convertido en la rezadora de mayor edad de la Basílica Sagrado Corazón de Jesús, en San Salvador. Ella asegura ser la devota número uno de San Judas Tadeo.

José Osmín Monge
El Diario de Hoy
FOTOS César Avilés

En la Calle Arce de San Salvador está la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, que guarda en su interior una de las imágenes religiosas más veneradas y visitadas por muchos fieles: la de San Judas Tadeo, el santo de los casos difíciles.

Al pie de este icono acuden todos los días centenares de devotos (jóvenes, adultos y ancianos), quienes se arrodillan al pie de su altar para pedirle favores y milagros.

Una de las creyentes es doña María Morales, quien asegura visitarlo desde que era adolescente.

Ante el camarín

Bien vestida, maquillada y con su mantilla negra, doña María llega a la iglesia todos los viernes para implorarle perdón a Dios y para hacerle algunas peticiones al santo.

"Todos los viernes y los días 28 de cada mes vengo a la iglesia a pedirle que me mantenga alentada y para que me ayude a solucionar mis problemas", expresa doña María.

Pero antes de postrarse ante la efigie de madera se dirige al costado izquierdo del templo, donde se expone el Santísimo; luego, con un poco de esfuerzo se arrodilla ante Él y le hace una oración. Terminada ésta se dirige al camerino de San Judas y eleva las plegarias y hace sus peticiones.

"Él es muy milagroso; es el patrono de las causas perdidas", comenta la devota.

Al concluir su rezo se dirige con su lento andar hacia las demás imágenes que adornan la basílica, para hacer una oración ante cada una.

"Me gusta rezarle a San Francisco de Asís. Es uno de los santos que casi nadie visita", comenta la católica.

Al visitar las imágenes se acomoda en una de las bancas de madera, extrae de su vieja cartera una camándula de cuentas blancas y reza el Rosario.

Rezadora experimentada

Al oír su voz, algunos visitantes del templo se unen con ella para orar y otros le piden que por favor les rece en nombre de ellos.

"Siempre estoy dispuesta a rezar. Cuando me preguntan cuánto cobro, yo siempre les digo que me den lo que sea su voluntad. A veces me dan cinco o diez colones", dice la experimentada rezadora.

Pero no sólo se limita a rezar el Rosario, sino también ayuda a otros a hacer el Vía Crucis dentro de la iglesia.

"No me puedo de memoria cada una de las estaciones; pero cuando veo los cuadros o las imágenes que están en las paredes me acuerdo de ellas y las digo. Mi mamá, desde que yo estaba muy chiquita, me enseñó a rezar", comenta la señora.

Es tanta la experiencia que tiene que tanto el Rosario como el Vía Crucis los reza de manera acelerada. Es tanta la rapidez que a veces no se entiende lo que dice.

Víctima de una estafa

Al preguntarle a doña María cuáles son las peticiones que ella le hace a San Judas Tadeo, al Santísimo y a los demás santos, responde "Que me devuelvan una casa que me robaron".

Y es que doña María asegura que un abogado sin escrúpulos la ha despojado de una vivienda que heredó de una pariente. Ella dice que el abogado (que nunca conoció) vendió la propiedad.

"Lo hizo sin mi consentimiento. Yo tengo un testamento en el cual mi hermana me declara su heredera; pero ahora resulta que la casa que ella me dejó ya fue vendida. Ese abogado ha presentado testigos falsos, quienes dicen que yo firmé los papeles de venta. He movido cielo y tierra para recuperarla, pero hasta hoy no he logrado nada", expresa con los ojos llenos de lágrimas.

Doña María asegura que tiene familiares adinerados, pero que pesar de ello vive sola en un pupilaje en Antiguo Cuscatlán.

Sobrevive gracias al dinero que le envían unos parientes que residen en los Estados Unidos, a las ganancias obtenidas en la venta de perfumes y por el dinero que le dan como rezadora.

"Por mucho tiempo trabajé en la Administración de Rentas y en la dirección de Estadísticas y Censos. Yo no tengo ninguna pensión", expresa la fiel devota, quien además asegura que nunca tuvo hijos, a pesar de que estuvo casada.

Doña María está confiada en que Dios le dará mucha vida y que así podrá seguir visitando (religiosamente) la Basílica todos los viernes.

"Mientras Él me dé licencia yo vendré a su casa para adorarlo y de paso podré visitar a mi santo preferido", puntualiza la octogenaria.


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