El Coro Nacional 50
años después
Es dirigido por Irving Ramírez,
quien ha buscado desde hace 11 años que
sus integrantes aprendan el amplio repertorio
coral que existe y lo disfruten
- Liz
Aguirre
- El Diario
de Hoy
En
la vieja casa de la 8a avenida norte, cuya
espléndida arquitectura anuncia la
riqueza cultural que hay dentro, se encuentra
desde hace muchos años el Coro Nacional.
El local no es el propicio para los ensayos, sin
embargo, sus integrantes se han sabido acomodar
a las condiciones y los lunes, miércoles
y viernes a las 5:00 p.m. ya se encuentran
listos para recibir las instrucciones de su
director, Irving Ramírez.
Este año, el Coro Nacional cumple 50,
hecho que dice mucho de la calidad de
dirección que ha tenido durante este
tiempo. Mantener y trabajar un coro en un
país no es cosa fácil, por los
recursos que se necesitan. "¿Cuántos
coros nacionales hay en El Salvador? y
¿cuántos coros en general hay,?
Usted los puede contar con las manos", enfatiza
el director.
No ha sido fácil para el Coro Nacional
salir adelante, los problemas han sido la nota
que los ha acompañado por muchos
años. "Si usted mira a su alrededor
tenemos una gran dificultad que es el lugar",
afirma el director. Incluso, la hermosa casa que
sirve de sede al coro fue desauciada luego del
terremoto de 1986. ¿Y qué estamos
haciendo aquí? preguntamos. "No hay otro
lugar", contestó Ramírez.
Falta interés
La falta de personal es otra de las
dificultades que enfrenta el coro, pues no hay
interesados, y si los hay se inhiben por la zona
donde está ubicada la sede.
"Otro problema es el estímulo hacia
las personas que integran el Coro Nacional",
dice el director. Y no sólo se refiere al
económico, sino también a otro
tipo de estímulos. Aunque su director
explica que este año ha sido muy bueno
para el coro, pues los invitaron a ir a
Guatemala y CONCULTURA les apoyó el cien
por ciento.
El grupo de tenores del coro está muy
menguado y no hay personas para incorporarlas.
Si se solicitan, el incentivo económico
es muy bajo, no es competitivo. Por ejemplo, "un
muchacho que acaba de egresar del Centro
Nacional de Artes, es alguien que quiere
superarse y que aspira a cosas grandes. Si vengo
yo y le ofrezco 600 colones, él mejor se
va a tocar a un conjunto musical, porque
ahí le van a pagar eso por una noche",
apunta Ramírez.
A nivel técnico también hay
algunos problemitas, principalmente por la falta
de personal capacitado para preparar a los
coristas, Ramírez es el único que
lo hace. En este momento hay una voluntaria
japonesa que está colaborando, pero los
miembros del coro trabajan en otros lugares y no
disponen siempre de mucho tiempo.
Necesitarían también de un
maestro de solfeo, otro de teoría, para
poder elevar el nivel de los coristas.
La fuente de recursos principal para el coro
es CONCULTURA, ellos son los encargados de regir
y apoyar al coro en sus necesidades, pero no
siempre se alcanzan a cubrir todas.
No todo es malo
Actualmente, el Coro Nacional cuenta con 47
miembros y una de las principales dificultades
para sustituir a alguien que se va es que tenga
conocimientos básicos de música.
Irving Ramírez confiesa que se ha puesto
un poquito exigente en este aspecto, pues no
todos los aspirantes al coro llegan con una
preparación previa.
El director del coro enfatiza que la
enseñanza de la música en los
diferentes niveles escolares está
quedando fuera de las materias establecidas, y
eso a futuro dificulta poder encontrar
aspirantes al coro.
"La música todavía sigue siendo
un sueño de muchos de nosotros", dice
Ramírez, al mismo destaca que se trata de
una carrera cara.
Mientras tanto, el coro se prepara para una
de las mejores y peores épocas del
año: la navideña. Mejor porque se
presentan en muchos eventos, y se ponen muy
solicitados. Peor porque el cansancio es grande,
los desvelos también y además
algunos de sus integrantes son llamados para
integrar otros coros.
Los proyectos que Irving Ramírez tiene
para el coro son grandes, aunque tengan que
lidiar con limitaciones él está
seguro que seguirán adelante. "Yo
pretendo, no depende de mi por supuesto, pero mi
sueño es que esta actividad se pueda
mantener siempre, hasta que El Salvador deje de
ser El Salvador", dice Ramírez, porque
considera que es tan importante para el
país como vivir, para desarrollar la
sensibilidad humana. "No podemos reemplazar esto
por cualquier otra cosa", finaliza.