Sábado 21 de octubre 2000


El Coro Nacional 50 años después

Es dirigido por Irving Ramírez, quien ha buscado desde hace 11 años que sus integrantes aprendan el amplio repertorio coral que existe y lo disfruten

Liz Aguirre
El Diario de Hoy

En la vieja casa de la 8a avenida norte, cuya espléndida arquitectura anuncia la riqueza cultural que hay dentro, se encuentra desde hace muchos años el Coro Nacional. El local no es el propicio para los ensayos, sin embargo, sus integrantes se han sabido acomodar a las condiciones y los lunes, miércoles y viernes a las 5:00 p.m. ya se encuentran listos para recibir las instrucciones de su director, Irving Ramírez.

Este año, el Coro Nacional cumple 50, hecho que dice mucho de la calidad de dirección que ha tenido durante este tiempo. Mantener y trabajar un coro en un país no es cosa fácil, por los recursos que se necesitan. "¿Cuántos coros nacionales hay en El Salvador? y ¿cuántos coros en general hay,? Usted los puede contar con las manos", enfatiza el director.

No ha sido fácil para el Coro Nacional salir adelante, los problemas han sido la nota que los ha acompañado por muchos años. "Si usted mira a su alrededor tenemos una gran dificultad que es el lugar", afirma el director. Incluso, la hermosa casa que sirve de sede al coro fue desauciada luego del terremoto de 1986. ¿Y qué estamos haciendo aquí? preguntamos. "No hay otro lugar", contestó Ramírez.

Falta interés

La falta de personal es otra de las dificultades que enfrenta el coro, pues no hay interesados, y si los hay se inhiben por la zona donde está ubicada la sede.

"Otro problema es el estímulo hacia las personas que integran el Coro Nacional", dice el director. Y no sólo se refiere al económico, sino también a otro tipo de estímulos. Aunque su director explica que este año ha sido muy bueno para el coro, pues los invitaron a ir a Guatemala y CONCULTURA les apoyó el cien por ciento.

El grupo de tenores del coro está muy menguado y no hay personas para incorporarlas. Si se solicitan, el incentivo económico es muy bajo, no es competitivo. Por ejemplo, "un muchacho que acaba de egresar del Centro Nacional de Artes, es alguien que quiere superarse y que aspira a cosas grandes. Si vengo yo y le ofrezco 600 colones, él mejor se va a tocar a un conjunto musical, porque ahí le van a pagar eso por una noche", apunta Ramírez.

A nivel técnico también hay algunos problemitas, principalmente por la falta de personal capacitado para preparar a los coristas, Ramírez es el único que lo hace. En este momento hay una voluntaria japonesa que está colaborando, pero los miembros del coro trabajan en otros lugares y no disponen siempre de mucho tiempo.

Necesitarían también de un maestro de solfeo, otro de teoría, para poder elevar el nivel de los coristas.

La fuente de recursos principal para el coro es CONCULTURA, ellos son los encargados de regir y apoyar al coro en sus necesidades, pero no siempre se alcanzan a cubrir todas.

No todo es malo

Actualmente, el Coro Nacional cuenta con 47 miembros y una de las principales dificultades para sustituir a alguien que se va es que tenga conocimientos básicos de música. Irving Ramírez confiesa que se ha puesto un poquito exigente en este aspecto, pues no todos los aspirantes al coro llegan con una preparación previa.

El director del coro enfatiza que la enseñanza de la música en los diferentes niveles escolares está quedando fuera de las materias establecidas, y eso a futuro dificulta poder encontrar aspirantes al coro.

"La música todavía sigue siendo un sueño de muchos de nosotros", dice Ramírez, al mismo destaca que se trata de una carrera cara.

Mientras tanto, el coro se prepara para una de las mejores y peores épocas del año: la navideña. Mejor porque se presentan en muchos eventos, y se ponen muy solicitados. Peor porque el cansancio es grande, los desvelos también y además algunos de sus integrantes son llamados para integrar otros coros.

Los proyectos que Irving Ramírez tiene para el coro son grandes, aunque tengan que lidiar con limitaciones él está seguro que seguirán adelante. "Yo pretendo, no depende de mi por supuesto, pero mi sueño es que esta actividad se pueda mantener siempre, hasta que El Salvador deje de ser El Salvador", dice Ramírez, porque considera que es tan importante para el país como vivir, para desarrollar la sensibilidad humana. "No podemos reemplazar esto por cualquier otra cosa", finaliza.


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