Sábado 14 de octubre

























Evangelio para domingo

Marcos 10, 17-30

No amen las riquezas terrenas

Jesús estaba a punto de partir cuando un hombre corrió a su encuentro, se arrodilló delante de Él y le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?".

Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo Dios. Ya conoces los mandamientos: no mates, no cometas adulterio, no robes, no digas cosas falsas de tu hermano, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre".

El hombre le contestó: "Maestro, todo eso lo he practicado desde muy joven".

Jesús fijó su mirada en él, le tomó cariño y le dijo: "Solo te falta una cosa: vete, vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Después ven y sígueme".

Al oír esto se desanimó totalmente, pues era un hombre muy rico, y se fue triste.

Entonces Jesús paseó su mirada sobre los discípulos y les dijo: "¡Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas!".

Los discípulos se sorprendieron al oír estas palabras, pero Jesús insistió: "¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios".

Ellos se asombraron todavía más y comentaban: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?".

Jesús los miró fijamente y les dijo: "Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Dios todo es posible".

Entonces Pedro le dijo: "Nosotros lo hemos dejado todo para seguirte".

Y Jesús contestó: "En verdad les digo: ninguno que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o campos por mi causa y por Evangelio quedará sin recompensa. Pues aun con persecuciones recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos, y en el mundo venidero la vida eterna".

Jesús: Maestro bueno

"Una cosa te falta ..."

El Evangelio de Marcos muchas veces habla de Jesús en camino, para que sus lectores comprendan también que el desarrollo de su exposición es un caminar, al igual que es una actitud requerida para todo discípulo del Señor.

Hoy el tema central de la narración es el seguimiento de Jesús: una persona se acerca al Maestro y le hace pregunta clave que provoca su respuesta comprensiva, pero seria.

La narración tiene un proceso: Jesús comienza por remitir a Dios a quien lo cuestiona, su bondad está al inicio de todo. Luego le propone las condiciones mínimas que cualquier creyente puede plantearse. Al observar y obtener sus buenas disposiciones y sin arrogancia, lo mira con afecto y lo invita a ser uno de los suyos... es la común invitación que Jesús hace a sus acompañantes itinerantes de todos los tiempos.

"¡Qué difícil ...!"

Seguir a Jesús es algo exigente. ¡Sólo quien hace la opción por Él puede ir detrás suyo! "Una cosa te falta...". ¡Le faltó todo! Y es que no sólo hay que abandonar las riquezas, hay que entregarla a los pobres, a los necesitados.

El Jesús presentado por Marcos aprovecha la ocasión para poner las cosas en claro con sus discípulos: el apego al dinero y al poder que Él otorga es una dificultad mayor para entrar en el Reino.

"Todo es posible para Dios..."

Así las cosas, son poco más que imposibles; pero los discípulos sí comprenden bien el mensaje.

"Pasar por el ojo de la aguja" significa poner su confianza en Dios y no en las riquezas. Por eso Jesús les recuerda que su capacidad de creer solamente en Dios es una gracia. Y también aclara "los que ponen su confianza en las riquezas...", haciendo notar que sus palabras no están dirigidas a una clase social específica, cuanto a una actitud del corazón...

"Y nosotros..."

Qué compromiso para los que nos creemos seguidores de Jesús en la actualidad: ¡una exigencia muy dura! Claro, es más fácil preferir una vida creyente resignada a una cómoda mediocridad: creer sí, pero no tanto. Profesar la fe en Dios, aunque negándose a poner en práctica su voluntad...

Es bueno que nos fijemos más en lo que Dios nos propone que en la disposición nuestra ante su voluntad. No hay recetas para alcanzar la salvación de Dios, la única seguridad es poner toda nuestra confianza en Él, pero sabiendo que también eso es una gracia suya.

Sixto Alfonso Flores, Sdb


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