Miércoles 8 de noviembre


Hombres al borde de un ataque

Los hombres suelen decir "nadie entiende a las mujeres", pero me pregunto si ellos saben que igual a las mujeres nos cuesta mucho entender a los hombres...

Janet Cienfuegos O.

Voltaire afirmó: "Se precisan veinte años para llevar al hombre, del estado de planta en que se encuentra en el vientre de su madre y del estado puro animal -que es la condición de su primera infancia- hasta el estado en que empieza a manifestarse la madurez de la razón. Ha sido preciso 30 siglos para conocer un poco su estructura. Sería precisa la eternidad misma para conocer algo de su alma".

Cosas que para nosotras son importantes, para un hombre son absolutamente irrelevantes, al grado de que cuando hablamos sobre esos temas que a nosotras nos interesan, solemos toparnos con algún "Ahhh!!", como respuesta del ser ese con cara de hombre a quien nos estamos dirigiendo.

"No nos casamos con una persona, sino con tres: la que uno cree que es, la que en realidad es y la persona en que se convertirá como resultado de haberse casado con uno".

Me pregunto, ¿es siempre cierto eso?... no soy la única, he escuchado a muchas amigas quejarse de lo mucho que cambian los hombres, no solo después de que se casan sino incluso cuando están de novios, mientras que nosotras tenemos la sensación de que seguimos siendo las mismas, tal vez un poco más entregadas que cuando comenzamos con la relación.

Me da la impresión de que los hombres se convierten en reyes cuando de buscar pretextos para criticar a la pareja se trata. Rara vez aceptan su parte de culpa cuando las cosas no funcionan, cuando la relación comienza a irse a pique, y por lo mismo poco o nada hacen por ayudar a salvarla. Solo cuando ya la cosa ha terminado mal y repiten la experiencia con otra persona (léase mujer) es como si compararan y entonces, demasiado tarde, llega el "por qué la dejé ir"...

Mientras ellos llegan a esa conclusión, las mujeres ya hemos librado nuestra lucha personal, intentando comprender el porqué de este fracaso, "si yo puse todo de mi parte"...

"Tú me quieres alba, me quieres de espuma, me quieres de nácar. Que sea azucena sobre todas casta, de perfume tenue, corola cerrada; ni un rayo de luna filtrado me haya, ni una margarita se diga mi hermana. Tú me quieres nívea, tú me quieres blanca, tú me quieres casta" (Alfonsina Storni).

Está bien, dicen algunas, seré eso y más, pero... ¿qué recibiré a cambio?. La vida nos enseña que dando es como recibimos, pero la experiencia nos dice que damos para recibir.

janet@elsalvador.com


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