Hombres al borde de
un ataque
Los hombres suelen decir "nadie entiende a
las mujeres", pero me pregunto si ellos saben
que igual a las mujeres nos cuesta mucho
entender a los hombres...
Janet
Cienfuegos O.
Voltaire
afirmó: "Se precisan veinte años
para llevar al hombre, del estado de planta en
que se encuentra en el vientre de su madre y del
estado puro animal -que es la condición
de su primera infancia- hasta el estado en que
empieza a manifestarse la madurez de la
razón. Ha sido preciso 30 siglos para
conocer un poco su estructura. Sería
precisa la eternidad misma para conocer algo de
su alma".
Cosas que para nosotras son importantes, para
un hombre son absolutamente irrelevantes, al
grado de que cuando hablamos sobre esos temas
que a nosotras nos interesan, solemos toparnos
con algún "Ahhh!!", como respuesta del
ser ese con cara de hombre a quien nos estamos
dirigiendo.
"No nos casamos con una persona, sino con
tres: la que uno cree que es, la que en realidad
es y la persona en que se convertirá como
resultado de haberse casado con uno".
Me pregunto, ¿es siempre cierto eso?...
no soy la única, he escuchado a muchas
amigas quejarse de lo mucho que cambian los
hombres, no solo después de que se casan
sino incluso cuando están de novios,
mientras que nosotras tenemos la
sensación de que seguimos siendo las
mismas, tal vez un poco más entregadas
que cuando comenzamos con la
relación.
Me da la impresión de que los hombres
se convierten en reyes cuando de buscar
pretextos para criticar a la pareja se trata.
Rara vez aceptan su parte de culpa cuando las
cosas no funcionan, cuando la relación
comienza a irse a pique, y por lo mismo poco o
nada hacen por ayudar a salvarla. Solo cuando ya
la cosa ha terminado mal y repiten la
experiencia con otra persona (léase
mujer) es como si compararan y entonces,
demasiado tarde, llega el "por qué la
dejé ir"...
Mientras ellos llegan a esa
conclusión, las mujeres ya hemos librado
nuestra lucha personal, intentando comprender el
porqué de este fracaso, "si yo puse todo
de mi parte"...
"Tú me quieres alba, me quieres de
espuma, me quieres de nácar. Que sea
azucena sobre todas casta, de perfume tenue,
corola cerrada; ni un rayo de luna filtrado me
haya, ni una margarita se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea, tú me
quieres blanca, tú me quieres casta"
(Alfonsina Storni).
Está bien, dicen algunas, seré
eso y más, pero... ¿qué
recibiré a cambio?. La vida nos
enseña que dando es como recibimos, pero
la experiencia nos dice que damos para
recibir.
janet@elsalvador.com