Miércoles 8 de noviembre


Tema del momento
Patrulleros y diputados
Beatrice Alamanni de Carrillo
beatricealamanni@sv.cciglobal.net

Hace algunos días, entre desórdenes callejeros y marchas, se desarrolló una nueva protesta de los ex patrulleros, conjuntamente con elementos pertenecientes a otras entidades.

Estas protestas tienen, en parte, su origen y razón de ser en el descontento generalizado, en cuanto a la actual situación económica del país pero, en especial, los ex patrulleros sustentan reivindicaciones antiguas, que remontan al inicio de la postguerra, desde cuando los mismos comenzaron a manifestar su inconformidad por el trato recibido del Estado, no obstante sus "servicios" prestados en la década del conflicto.

Posiblemente haya sido un error político-militar "usar" civiles para acciones paramilitares durante la guerra. Aunque, tal vez, esta medida resultase "útil" para la Fuerza Armada en su momento. Pero era de esperarse que, posteriormente, se volviera álgida la problemática de dichos patrulleros, en el caso de no ser atendidas sus peticiones o de verse frustradas sus expectativas.

Por otro lado, las demandas de este sector fueron manejadas en forma desganada o tal vez imprudente por los gobiernos de turno, fomentando en cierta medida vanas esperanzas, y aparentando avalar compromisos, valederos o no, que sucesivamente se negaron. Este alternarse de situaciones favoreció el enardecimiento de las pretensiones abortadas y propició la violencia de los métodos para conseguirlas.

Con distintos matices, llegando al final de octubre de 2000, reaparecieron nuevos atisbos de protestas, que fueron apoyadas por Orlando Arévalo, agricultor ex afiliado a la Democracia Cristiana, actualmente arenero y diputado por el mismo partido. Con su acompañamiento se dio la última marcha de los ex patrulleros que desembocó en la "toma" del Centro de Gobierno, causando dificultades a los empleados públicos, que no lograron dejar su puesto de trabajo, por impedirlo la turba reunida y belicosa.

La PNC, después de horas de discusiones, con prudencia y tino, evitó males mayores, optando por retirarse del área. Quedó, al final, la imagen de un grupo patético de "extraños patrulleros", constituido por ancianos, mujeres y niños, desubicados y sin rumbo, que no hallaban la forma de retornar a sus lugares de origen, y sin el apoyo de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos ni para la negociación necesaria en momentos tan álgidos ni para el transporte de tanta gente, más despavorida que peligrosa, más engañada que amenazante.

Por cierto, un ex patrullero falleció por el ayuno y la fatiga, en las horas de esta tan inútil vigilia. Seguramente, estas pobres personas se vieron más instrumentalizadas que "guiadas a la victoria", y esta triste realidad añade desaliento al bochornoso incidente.

Pero las razones y las reivindicaciones de los ex patrulleros y de sus familias constituyen un tema demasiado extenso para estas líneas; sin embargo, vale decir que representan un hecho de "mala conciencia" para los que hicieron la guerra y la paz, y, tal vez, no quieran ahora "pagar servicios recibidos" en momentos extraordinarios, o reconocer compromisos adquiridos más allá de la prudencia y de la conveniencia política.

Vale la sugerencia para los órganos Ejecutivo y Legislativo, para que enfrenten dicha problemática de una vez por todas, con la intención sincera de resolver este asunto, con el fin no sólo de "favorecer" a los ex patrulleros, sino, sobre todo, para el bien común y la paz social, tan preciados por toda la ciudadanía.

Pero cabe resaltar, en esta circunstancia, la grave actuación del diputado Arévalo, que, olvidando ser representante de todo el pueblo y "guardián" (en teoría) de los principios constitucionales, tal como le correspondería por pertenecer al Organo Legislativo, encabezó un movimiento particular y reivindicativo, que, por el enardecimiento de los ánimos, desembocó en violaciones de los derechos de los demás, conformando ilícitos de tipo penal.

Este comportamiento es reprochable y, aunque fuera causado "solamente" por ligereza o por el desconocimiento de lo que significa ser diputado, sería, de todos modos, injustificable, en un Estado democrático que (teóricamente) intenta constituirse en un Estado de Derecho.

Si se comentó, con ironía y críticas, el reciente "desliz dominguero" de otro diputado, que puede ser objeto de serias consecuencias personales, cuanto más grave se debe considerarse el actuar del señor Arévalo, con relación a los desórdenes de los ex patrulleros.

Si un "Padre de la Patria" tiene vocación de líder y de caudillo, esto puede ser loable y, en determinadas circunstancias, puede ser también valiente y socialmente válido, pero sólo si él mismo, previamente, se despoja de sus privilegios de legislador, y torna a ser simple ciudadano, entregado a la política, siempre con la salvedad de no afectar, obviamente, alguna norma del Código Penal.

Pero, un miembro de la Asamblea Legislativa no puede escudarse tras su cargo oficial para lucir su liderazgo, influenciando las voluntades de muchas personas sencillas y provocando en éstas, expectativas inútiles, que no desembocan en la resolución de sus problemas. Tampoco puede ser aceptable que, en nombre de las reivindicaciones, aunque justificadas, de un sector particular, se fomenten atropellos, cometidos en contra de ciudadanos y ciudadanas indefensos y totalmente ajenos al problema. Ya no son tiempos estos para tales métodos, sobre todo, involucrando grupos sociales muy pobres y necesitados, que son presas fáciles de la demagogia y que terminan por perder siempre.

Por lo tanto, en cuanto a Arévalo, ahora le toca a la Asamblea Legislativa tomar las medidas pertinentes, con rigor y determinación. Esperamos que después de éste, no proliferen otros caudillismos similares, que irrespeten la institucionalidad del Estado, y las "reglas del juego" democrático, que nuestro sufrido país está intentando mantener de pie.


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