Miércoles 8 de noviembre


Ante petición de jesuitas
¿Qué diría Tono?
Ana María de Rodríguez Porth

Justicia: Una de las cuatro virtudes cardinales que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece.

Venganza: Satisfacción que se toma del agravio o daño recibidos. Castigo o pena.

(Definiciones del Diccionario de la Lengua Española, edición 1992, Real Academia Española).

¿Por qué, a once años de muertos los padres jesuitas, se intenta reabrir el tema? ¿Qué aviesos propósitos se esconden tras esta petición? Se nos dice que "para que las instituciones encargadas de impartir justicia funcionen", o para "darle a las personas señaladas en los informes de la Comisión de la Verdad una oportunidad de pedir perdón social". Verdaderamente asombran las declaraciones vertidas alrededor del tema, especialmente al recordar que el caso fue juzgado en los tribunales, y los culpables fueron condenados y posteriormente amnistiados.

José Antonio Rodríguez Porth, mi amado esposo, fue asesinado de la manera más cobarde el 9 de junio de 1989, y nunca se llevó a sus asesinos a juicio. Dicen que los autores intelectuales están ahora en curules en la Asamblea Legislativa, pero no lo sé a ciencia cierta. Nadie ha pedido perdón. Nadie está clamando ahora que se abra el caso.

¿Qué diría Tono de esto? ¿Quisiera él que se reabriera el caso, que su memoria fuera instrumentalizada en un acto de venganza política, que se desatara una tormenta de denuncias por todos los crímenes que se cometieron en nombre de altos ideales, que bien sabemos que no podemos sobrellevar? ¿O sería en cambio su deseo que, en aras de la paz, pudiésemos todos continuar con nuestras vidas construyendo una mejor patria, y que su asesinato quedara atrás, como una amarga memoria, pero no como motivo de enfrentamiento en la actualidad?

Tono amaba profundamente a nuestra Patria, y dio su vida por ella. El no hubiese querido que once años después de su muerte nos empezásemos a desgarrar nuevamente por temas que, si bien no han sido olvidados, han quedado atrás. El hubiese sabido perdonar, por el bien de su familia, por el bien de la Patria.

Las circunstancias de su muerte me causarán siempre inmenso sufrimiento y dolor, y sé que no enjuiciar a los culpables de su muerte es, en cierto sentido, una injusticia. Pero también sé que es así por un concepto más elevado de justicia, para que mis hijos y yo, y nuestro pueblo, podamos ver hacia el futuro, sin olvidar el pasado. Por eso ruego a Dios Todopoderoso que nos dé la sabiduría para comprender que en este momento lo importante no es la "satisfacción" de conceptos tergiversados de justicia, sino elevar el espíritu de un pueblo para que pueda tener una vida mejor. Yo ya aprendí a vivir con mi dolor. No quiero que me pidan perdón, ni me corresponde a mí perdonar.


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