- Ante
petición de jesuitas
- ¿Qué
diría Tono?
- Ana
María de Rodríguez
Porth
Justicia: Una de las cuatro virtudes
cardinales que inclina a dar a cada uno lo que
le corresponde o pertenece.
Venganza: Satisfacción que se toma del
agravio o daño recibidos. Castigo o
pena.
(Definiciones del Diccionario de la Lengua
Española, edición 1992, Real
Academia Española).
¿Por qué, a once años de
muertos los padres jesuitas, se intenta reabrir
el tema? ¿Qué aviesos
propósitos se esconden tras esta
petición? Se nos dice que "para que las
instituciones encargadas de impartir justicia
funcionen", o para "darle a las personas
señaladas en los informes de la
Comisión de la Verdad una oportunidad de
pedir perdón social". Verdaderamente
asombran las declaraciones vertidas alrededor
del tema, especialmente al recordar que el caso
fue juzgado en los tribunales, y los culpables
fueron condenados y posteriormente
amnistiados.
José Antonio Rodríguez Porth,
mi amado esposo, fue asesinado de la manera
más cobarde el 9 de junio de 1989, y
nunca se llevó a sus asesinos a juicio.
Dicen que los autores intelectuales están
ahora en curules en la Asamblea Legislativa,
pero no lo sé a ciencia cierta. Nadie ha
pedido perdón. Nadie está clamando
ahora que se abra el caso.
¿Qué diría Tono de esto?
¿Quisiera él que se reabriera el
caso, que su memoria fuera instrumentalizada en
un acto de venganza política, que se
desatara una tormenta de denuncias por todos los
crímenes que se cometieron en nombre de
altos ideales, que bien sabemos que no podemos
sobrellevar? ¿O sería en cambio su
deseo que, en aras de la paz, pudiésemos
todos continuar con nuestras vidas construyendo
una mejor patria, y que su asesinato quedara
atrás, como una amarga memoria, pero no
como motivo de enfrentamiento en la
actualidad?
Tono amaba profundamente a nuestra Patria, y
dio su vida por ella. El no hubiese querido que
once años después de su muerte nos
empezásemos a desgarrar nuevamente por
temas que, si bien no han sido olvidados, han
quedado atrás. El hubiese sabido
perdonar, por el bien de su familia, por el bien
de la Patria.
Las circunstancias de su muerte me
causarán siempre inmenso sufrimiento y
dolor, y sé que no enjuiciar a los
culpables de su muerte es, en cierto sentido,
una injusticia. Pero también sé
que es así por un concepto más
elevado de justicia, para que mis hijos y yo, y
nuestro pueblo, podamos ver hacia el futuro, sin
olvidar el pasado. Por eso ruego a Dios
Todopoderoso que nos dé la
sabiduría para comprender que en este
momento lo importante no es la
"satisfacción" de conceptos tergiversados
de justicia, sino elevar el espíritu de
un pueblo para que pueda tener una vida mejor.
Yo ya aprendí a vivir con mi dolor. No
quiero que me pidan perdón, ni me
corresponde a mí perdonar.