- Palabras
- Las tres novias de
enero
- Carlos
Balaguer
Quedó entonces la canción para
la novia, escrita en la lira de la
mañana. Pero la novia de diez años
ya no está por ningún lado. Se fue
con diciembre y su alborada. Por tanto, de ella
sólo queda esa canción sonando en
la memoria de la niñez y sus papeles
amarillos.
Las tres novias blancas, con ramos de azahar
en su cabellera se habían ido. (El azahar
es la flor del naranjo; es blanca y su miel
tiene perfume de naranja. La flor de edelweiss
es también blanca como nieve, y se da en
las montañas más altas. Las novias
se coronan en la boda con flores de azahar en
América y con flores de edelweiss en
Europa).
Pues bien, se fueron las tres novias:
Margarita, Rosalía y Marielena. Se fue la
rosa de quince años. Pero la
canción y su cantor quedaron. Sin
embargo, desde hace días el novio
corazón no canta ni una palabra.
Está triste y sólo con un
vacío dentro. Está viudo como el
mismo enero. Su mirada sin rumbo, tal vez con
una lágrima, temblándole el nacer.
Si el amor se fue y su novia también,
¿por qué cantar, entonces? ¿A
quién decirle una canción?
¿Por quién luchar y pensar que la
vida, el tulipán y la roca tienen tan
sólo quince años, los mismos que
Marielena, Rosalía y Margarita?
Quince años tiene el sol, la luz y la
palabra.
La canción tiene quince años.
Pero el inventor de sueños de quince
años no tiene a quién
soñar. Se fueron las novias del poblado.
Se les fueron las novias al corazón.
Llegó correteando la locomotora color
verde perico, entre aquel ensueño de
calles, plazas y ventanas, por donde
habían dejado de pasar los trenes desde
el sur de hojalatas, de ronda y juventud. Los
niños del barrio de mi niñez
cantábamos rondas de hojalata como
aquella que como eco lejano dice: "Hojalata,
hojalata,/ carretón de la basura./ Cuando
yo tenía a mis padres/ me vestían
de oro y plata./ Y ahora que no tengo madre/ me
visten de pura lata".