Miércoles 8 de noviembre


La Nota del Día
 

05 de Noviembre de 2000
Internacionalizando linchamientos

No se trata de una "internacionalización de la justicia", concepto absurdo, cuanto de una "internacionalización" de los linchamientos, en la que jueces politizados escogen a sus víctimas, las persiguen, las arruinan y luego sueltan los despojos. La parcialidad con que actuó el juez Garzón en el caso Pinochet, y del juez Harly con los dos generales salvadoreños, contrasta con la impunidad que protege a los ex dictadores del desplomado "bloque socialista de naciones", a Fidel Castro y a los sandinistas, a Milosevic y a Idi Amín.

La tesis en que se apoyan estos linchamientos es que un comandante, o la cabeza titular de un gobierno, es responsable de los actos y delitos cometidos por sus subalternos, indistintamente del espacio que los separe en la cadena de mando. Un jefe policial sería entonces culpable de los secuestros perpetrados por agentes de línea, y en última instancia, también el ministro y el propio presidente de una nación.

Existe, sin embargo, un precedente respecto a las atrocidades cometidas por oficiales y soldados de bajo rango, y la total responsabilidad de sus más altos jefes: el del holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial. "Resolver la cuestión judía" fue una explícita y monstruosa política de Hitler y la dirigencia suprema del nacional socialismo alemán. La cadena de mando en su totalidad, desde los mariscales hasta la tropa, tenían como una de sus misiones, exterminar judíos y miembros de "razas inferiores" como los gitanos. Hubo comandantes, como Rommel y von Rundstedt, que pudieron desobedecer sin hundirse en la desgracia; otros, como el jefe militar de Polonia, no sólo se ocupó de cumplir con el genocidio, sino que personalmente colocó las cargas que dinamitaron la Sinagoga de Varsovia. El arrasamiento del gueto judío de esa ciudad fue un regalo de cumpleaños para el Füehrer.

Mientras no haya pruebas inequívocas y suficientes de que los crímenes se cometen para cumplir con una política general, no puede tomarse como responsable a un comandante, por los excesos de sus subalternos. Son muchos los generales que ajustician a soldados bajo su mando por violaciones y asesinatos; otros los entregan a la justicia civil, actuación que difiere de las leyes de las pandillas. Las bandas protegen a sus miembros hagan lo que hagan, como con los sandinistas, uno de cuyos lemas, aplicable a la infame piñata, es: "lo robado, robado queda".

La política fue respetar los derechos humanos

A lo largo de la guerra, el Ejército salvadoreño dio pruebas de estar sometido a las directrices y estrategias de los civiles a cargo del desgobierno duartista. Son innumerables los casos en que los comandantes tuvieron que levantar un cerco contra la guerrilla, por órdenes precisas del mandamás o de los asesores norteamericanos. A causa de ello, una guerra que pudo haberse resuelto en poco tiempo, perduró doce años, más que las dos guerras mundiales juntas. En ese largo lapso muchos oficiales se corrompieron y fueron culpables de excesos terribles, pero el Ejército como institución procuró cumplir con normativas civilizadas, incluyendo el respeto a los derechos humanos.

El fallo en Palm Beach sienta un precedente: en una situación casi caótica, un comandante no puede ser responsable de los crímenes perpetrados por su tropa. La contraparte, empero, sí adoptó una política de asesinatos, como los atentados dirigidos contra el gobierno de entonces.


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