¿Y bien?
- ¿Y bien qué?
Tú sabes ¿Cómo fue tu
día?
Por Enrique
Contreras
-
Tú sabes.
Pero quiero oírlo de tu voz, para ver
si eres consecuente.
- No lo soy. Mi voz miente, me esconde bajo
su textura, es una sombra sonora y sus
artilugios alejan mis verdades.
Lo sé. Sólo tentaba.
- ¿Qué te parece si mejor
escuchas las voces de mi silencio mientras
duermo?
No. De hecho, sueño lo que ellas.
Retumban en mí todo el tiempo. Para ti,
son voces sordas, voces estomacales a lo sumo;
pero, para mí, aquí, en ti, es
como ser el huésped de una mansión
vacía donde vagan ecos desconsolados que
rebotan sin parar.
- Lo sé. Sólo tentaba.
¿Acaso las oyes?
- Siento el latir de esa pandilla de memorias
bulliciosas.
Deberías callar a tu silencio, mira
que tengo la piel triste y marchita por el
desvelo, ya casi pierde el tacto.
- Es imposible.
Es posible, entonces, que muramos antes a
falta de descanso.
- Es posible.
Ojalá volvieras a tener siete,
¿Te recuerdas? Tus voces eran alegres y no
asustaban.
- Eran las voces de mis deseos de
pequeño. Si no me equivoco, hasta te-
nían color.
Aunque las voces de ahora también
tienen su ventaja.
- ¿Cómo cuál?
Me encanta su realismo, su capacidad de
recrear el cuerpo de lo perdido.
- ¿Ahora entiendes por qué me
invade esa jauría de voces
escondidas?
Y con ellas me doy cuenta de que no eres ni
consecuente de conciencia y
que...hmm...¿Qué es eso que viene a
la velocidad de un suspenso?
- ¿El qué?
Esa ansia que va hacia tu mano. ¿Acaso
planeas escribir también esto?
- Sí. Pensarán que estoy
demente.
Todos lo están. Todos platican como
tú lo haces conmigo.
- Pero volviendo a lo de mi día,
¿La viste?
No ha cambiado y su olor es el mismo que
llena al pulmón de tu memoria y
además ¡Sus voces te llamaban!
- ¿Acaso deletreaban el menú de
mis caricias?
Vi cómo sus hormonas transpiraron al
mirarte y te mandé una descarga de rubor.
Fue cuando reíste y cuando ella
también rió.
- Ahh, fue ese el escalofrío.
Sí. Es que su cuerpo me sopló
que ella extraña tus manos, y yo le dije
que yo, digo, que tú extrañas sus
ojos cerrados y su eterna piel de doce
años.
- ¿Quiere decir que sus voces me recrean
como la silueta con la que se roza en la
distancia?
Eso parece.
- ¿Qué hora es?
Amanece.