El canto del grillo
Te he de contar, princesa, que cuando la
luna se encarga de hacerme sufrir el calvario
del insomnio, hay un grillo-ángel que
resguarda mis noches bohemias. No vayas a creer
que la ausencia de párpados cerrados me
embrutece de olvido y pereza.
Por Ciro
Granados
No, es más bien un momento para
dedicar mis horas al embrujo del pensamiento,
sí, de ese mismo que envuelve la
nostalgia perfumándola con esencias de
pasado y aromas de posibilidades eternas.
El mismo grillo, entre hipos, me
contó, hace unas noches, que cuida
nuestros sueños de los malos fantasmas. Y
que tras la pared que envuelve nuestros suspiros
hay una dimensión a la cual sólo
se puede acceder si te desvistes.
Mas no creerás, princesa, que se
refería a las mudas normales que usamos
cuando nos volvemos "humanosfrenteafrente"; el
grillo trataba de explicarme (mientras tú
te revolvías entre las sábanas)
que las vestiduras innecesarias tenían
que ver con los deseos y sapiencias terrenales.
Fue entonces cuando, hace ya varias lunas,
decidimos &endash;el grillo y yo- traspasar esa
barrera emocional que no me permitía
entrar a la susodicha dimensión.
Debo confesarte que los primeros segundos
resultaron agónicos. El dilema de
marcharme o no de entre mi almohada me
tomó por sorpresa. Y más duro
aún fue desprenderme de la conciencia
nocturna que me envolvía.
Pero ayudado por los demás grillos que
me animaban a acompañarles (porque ya no
era sólo el grillo-ángel) pude
trascender y botar mi manto sagrado. Y
sucedió que, si el alma no me miente,
comenzamos a cavar un túnel chiquitito y
muy angosto, por el cual pasamos como hilito de
agua, empecinados en llegar a la otra
orilla.
Pasamos, aunque no lo creas, por muchos
lugares que no pude ver. Porque los grillos se
habían encargado de vendarme los ojos con
sueños prohibidos. Ahora comprendo que,
tal vez, fue una trampa la que me tendieron para
que no me percatara de lo que acontecía
durante el viaje. Pero aún así yo
ayudaba a cavar nuestra senda.
No recuerdo si fueron segundos, horas, o
hasta siglos los que transcurrieron. Pero al
cabo de cierto tiempo (si es que cabe esa
palabra) mis vendas desaparecieron y cayeron por
cuestiones de magia que aún no
descifro.
Y pude ver la otra orilla. Y se presentaron
ante mí escenas extrañas que por
motivos de espacio no puedo contarte hoy, pero
que prometo develarte pronto... tal vez cuando
tengamos una cita entre sueños.