Jueves 30 de noviembre 2000


El canto del grillo

Te he de contar, princesa, que cuando la luna se encarga de hacerme sufrir el calvario del insomnio, hay un grillo-ángel que resguarda mis noches bohemias. No vayas a creer que la ausencia de párpados cerrados me embrutece de olvido y pereza.

Por Ciro Granados

No, es más bien un momento para dedicar mis horas al embrujo del pensamiento, sí, de ese mismo que envuelve la nostalgia perfumándola con esencias de pasado y aromas de posibilidades eternas.

El mismo grillo, entre hipos, me contó, hace unas noches, que cuida nuestros sueños de los malos fantasmas. Y que tras la pared que envuelve nuestros suspiros hay una dimensión a la cual sólo se puede acceder si te desvistes.

Mas no creerás, princesa, que se refería a las mudas normales que usamos cuando nos volvemos "humanosfrenteafrente"; el grillo trataba de explicarme (mientras tú te revolvías entre las sábanas) que las vestiduras innecesarias tenían que ver con los deseos y sapiencias terrenales. Fue entonces cuando, hace ya varias lunas, decidimos &endash;el grillo y yo- traspasar esa barrera emocional que no me permitía entrar a la susodicha dimensión.

Debo confesarte que los primeros segundos resultaron agónicos. El dilema de marcharme o no de entre mi almohada me tomó por sorpresa. Y más duro aún fue desprenderme de la conciencia nocturna que me envolvía.

Pero ayudado por los demás grillos que me animaban a acompañarles (porque ya no era sólo el grillo-ángel) pude trascender y botar mi manto sagrado. Y sucedió que, si el alma no me miente, comenzamos a cavar un túnel chiquitito y muy angosto, por el cual pasamos como hilito de agua, empecinados en llegar a la otra orilla.

Pasamos, aunque no lo creas, por muchos lugares que no pude ver. Porque los grillos se habían encargado de vendarme los ojos con sueños prohibidos. Ahora comprendo que, tal vez, fue una trampa la que me tendieron para que no me percatara de lo que acontecía durante el viaje. Pero aún así yo ayudaba a cavar nuestra senda.

No recuerdo si fueron segundos, horas, o hasta siglos los que transcurrieron. Pero al cabo de cierto tiempo (si es que cabe esa palabra) mis vendas desaparecieron y cayeron por cuestiones de magia que aún no descifro.

Y pude ver la otra orilla. Y se presentaron ante mí escenas extrañas que por motivos de espacio no puedo contarte hoy, pero que prometo develarte pronto... tal vez cuando tengamos una cita entre sueños.


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