¡Noche de
guacharaca y acordeón!
El concierto de Carlos Vives se
convirtió en uno de los más
exitosos de este año, no solo por la gran
cantidad de público que asistió
sino también por la increíble
respuesta por parte del mismo hacia los
músicos colombianos
- Janet
Cienfuegos O.
- El Diario
de Hoy
De
cientos de grupos vallenatos existentes en
Colombia, solo uno ha logrado la
internacionalización: el de Carlos Vives,
consiguiendo con ello dar a conocer un
género que hasta la aparición de
Vives y La Provincia, era un ritmo regional
colombiano.
Para lograrlo, Vives afianzó a uno de
los mejores acordeoneros de Colombia: el maestro
Egidio Cuadrado, quien ha sido no una sino
varias veces coronado como Rey de ese
instrumento en su país.
El resto es historia. Carlos comenzó
con conocidos temas que ya forman parte del
folclor de su país, poniéndole su
propio condimento a fin de "modernizar" el
ritmo, hasta crear sus propios temas, con los
que se ha dado a conocer por América y
algunos sitios de Europa.
Lejos ha quedado la figura de "Gallito
Ramírez", uno de los primeros
protagónicos de Carlos para la
televisión colombiana. Porque a
diferencia de otros actores que se lanzan al
canto, Carlos ha sido siempre un cantante que
optó por la actuación para poder
realizar su sueño de darse a conocer y
formar su propia agrupación.
El que haya escogido el vallenato entre
tantos géneros que suenan en su Colombia
no es casual. Carlos es originario de Santa
Marta, tierra costeña donde las olas del
mar suenan a vallenato.
Para Carlos ha sido mucho más
difícil hallarle cabida a su ritmo que no
se llama pop ni rock, sin embargo, y
armándose de toda la paciencia del mundo,
Carlos lo ha logrado.
¡Tremendo concierto!
El espectáculo fue abierto por los
muchachos de Prueba de Sonido, quienes
interpretaron sus más conocidas
canciones. El público les aplaude lo
necesario e impaciente, sigue esperando a su
ídolo vallenato.
Carlos y La Provincia aparecen en escena a
eso de las 9:40, interpretando uno de sus
más conocidos temas, "Mayté",
dedicado a Mayté Montero, la mujer de la
gaita, maracas, flautas y otros efectos. Vives
sale ataviado con pantalón beige, camisa
blanca, sus largos colochos sueltos y las
inconfundibles e infaltables chanclas, como
recuerdo de la costa, del mar, de su tierra.
Su compadre Egidio Cuadrado, como siempre, se
hace coronar con el tradicional sombrero
costeño y la matata típica de esas
tierras. El público, entre el cual
abundan los colombianos que se identifican
portando los colores de su tierra, se desgarra
la garganta a gritos. Carlos sabe que
están allí y canta, de corrido,
varias piezas musicales de tradición
colombiana.
Mientras la música suena, el paisano
del Pibe Valderrama salta a su propio ritmo,
otra de las novedades que Carlos imprimió
al vallenato, el cual baila no de manera
tradicional sino tal como siente según
las vibraciones que logra la música en su
espigado y bien formado cuerpo. El
público en repleto anfiteatro baila a su
propio ritmo, para unos los pasos de salsa se
adecuan mejor, para otros esto les suena a
reggae y así lo danzan, a la hora de la
verdad eso es lo menos importante para una masa
que vibra al ritmo del acordeón y la
guacharaca.
Carlos
se retira del escenario y el maestro del
acordeón aprovecha el momento para hacer
gala de su arte por medio de una "puya", un
ritmo costeño difícil de
interpretar en el acordeón, fácil
para alguien como él.
El colombiano regresa ahora vestido de blanco
y con un pañuelo amarillo en su cabeza, y
con el cambio de vestuario llega también
el de música, porque de ahora en adelante
"El amor de mi tierra" es el rey. Antes de
sumergirse en los temas de su nuevo disco,
Carlos y La Provincia interpreta "La Piragua",
del colombiano José Barros, una de las
piezas musicales colombianas más
conocidas en América Latina. Y aprovecha
el momento para dar una demostración de
baile, cumbia pura, acompañado de
Mayté.
Luego de eso, Carlos agarra su guitarra y
comienza a sonar los primeros acordes de "La
gota fría", pero no es sino hasta cuando
Mayté toca la flauta cuando el
público reconoce el tema y explota en
emoción. Carlos aprovecha el momento para
presentar, uno a uno, a sus músicos; para
continuar con "Fruta fresca", en el cual es
acompañado por una garganta inmensa
formada por el público, pasando por "La
tierra del olvido", al cual por momentos le
imprimió ritmos salseros, hasta terminar
con algunas piezas del folclor de su
país. La despedida estaba programada para
al menos 15 minutos antes, sin embargo, la gente
quería más... Con saludo que
más pareció reverencia, Carlos y
sus músicos se despidieron dejando tras
de sí el sabor de un concierto alegre,
sazonado con mucho ritmo y, sobre todo, una
excelente comunicación con el
público.
Noche de anfiteatro lleno
-El escenario de Carlos Vives no está
lleno de efectos y lujos, aquí lo que
manda es la música.
-En sus palabras hacia el público,
Carlos aprovechó para aclarar que no
tiene sangre salvadoreña como se
rumoraba, es su manager quien la tiene.
-Casi al final del concierto, Vives
tiró sus chanclas y se quedó en el
escenario descalzo.
-La comunidad colombiana residente en El
Salvador, llegó al lugar portando los
colores de su país y grandes banderas que
no dejaron de ondear.
-El Diario de Hoy, acertadamente,
regaló pañuelos para la cabeza,
uno de los cuales fue usado por Vives en la
última parte de su concierto.