Viernes 3 de noviembre 2000


¡Noche de guacharaca y acordeón!

El concierto de Carlos Vives se convirtió en uno de los más exitosos de este año, no solo por la gran cantidad de público que asistió sino también por la increíble respuesta por parte del mismo hacia los músicos colombianos

Janet Cienfuegos O.
El Diario de Hoy

De cientos de grupos vallenatos existentes en Colombia, solo uno ha logrado la internacionalización: el de Carlos Vives, consiguiendo con ello dar a conocer un género que hasta la aparición de Vives y La Provincia, era un ritmo regional colombiano.

Para lograrlo, Vives afianzó a uno de los mejores acordeoneros de Colombia: el maestro Egidio Cuadrado, quien ha sido no una sino varias veces coronado como Rey de ese instrumento en su país.

El resto es historia. Carlos comenzó con conocidos temas que ya forman parte del folclor de su país, poniéndole su propio condimento a fin de "modernizar" el ritmo, hasta crear sus propios temas, con los que se ha dado a conocer por América y algunos sitios de Europa.

Lejos ha quedado la figura de "Gallito Ramírez", uno de los primeros protagónicos de Carlos para la televisión colombiana. Porque a diferencia de otros actores que se lanzan al canto, Carlos ha sido siempre un cantante que optó por la actuación para poder realizar su sueño de darse a conocer y formar su propia agrupación.

El que haya escogido el vallenato entre tantos géneros que suenan en su Colombia no es casual. Carlos es originario de Santa Marta, tierra costeña donde las olas del mar suenan a vallenato.

Para Carlos ha sido mucho más difícil hallarle cabida a su ritmo que no se llama pop ni rock, sin embargo, y armándose de toda la paciencia del mundo, Carlos lo ha logrado.

¡Tremendo concierto!

El espectáculo fue abierto por los muchachos de Prueba de Sonido, quienes interpretaron sus más conocidas canciones. El público les aplaude lo necesario e impaciente, sigue esperando a su ídolo vallenato.

Carlos y La Provincia aparecen en escena a eso de las 9:40, interpretando uno de sus más conocidos temas, "Mayté", dedicado a Mayté Montero, la mujer de la gaita, maracas, flautas y otros efectos. Vives sale ataviado con pantalón beige, camisa blanca, sus largos colochos sueltos y las inconfundibles e infaltables chanclas, como recuerdo de la costa, del mar, de su tierra.

Su compadre Egidio Cuadrado, como siempre, se hace coronar con el tradicional sombrero costeño y la matata típica de esas tierras. El público, entre el cual abundan los colombianos que se identifican portando los colores de su tierra, se desgarra la garganta a gritos. Carlos sabe que están allí y canta, de corrido, varias piezas musicales de tradición colombiana.

Mientras la música suena, el paisano del Pibe Valderrama salta a su propio ritmo, otra de las novedades que Carlos imprimió al vallenato, el cual baila no de manera tradicional sino tal como siente según las vibraciones que logra la música en su espigado y bien formado cuerpo. El público en repleto anfiteatro baila a su propio ritmo, para unos los pasos de salsa se adecuan mejor, para otros esto les suena a reggae y así lo danzan, a la hora de la verdad eso es lo menos importante para una masa que vibra al ritmo del acordeón y la guacharaca.

Carlos se retira del escenario y el maestro del acordeón aprovecha el momento para hacer gala de su arte por medio de una "puya", un ritmo costeño difícil de interpretar en el acordeón, fácil para alguien como él.

El colombiano regresa ahora vestido de blanco y con un pañuelo amarillo en su cabeza, y con el cambio de vestuario llega también el de música, porque de ahora en adelante "El amor de mi tierra" es el rey. Antes de sumergirse en los temas de su nuevo disco, Carlos y La Provincia interpreta "La Piragua", del colombiano José Barros, una de las piezas musicales colombianas más conocidas en América Latina. Y aprovecha el momento para dar una demostración de baile, cumbia pura, acompañado de Mayté.

Luego de eso, Carlos agarra su guitarra y comienza a sonar los primeros acordes de "La gota fría", pero no es sino hasta cuando Mayté toca la flauta cuando el público reconoce el tema y explota en emoción. Carlos aprovecha el momento para presentar, uno a uno, a sus músicos; para continuar con "Fruta fresca", en el cual es acompañado por una garganta inmensa formada por el público, pasando por "La tierra del olvido", al cual por momentos le imprimió ritmos salseros, hasta terminar con algunas piezas del folclor de su país. La despedida estaba programada para al menos 15 minutos antes, sin embargo, la gente quería más... Con saludo que más pareció reverencia, Carlos y sus músicos se despidieron dejando tras de sí el sabor de un concierto alegre, sazonado con mucho ritmo y, sobre todo, una excelente comunicación con el público.

Noche de anfiteatro lleno

-El escenario de Carlos Vives no está lleno de efectos y lujos, aquí lo que manda es la música.

-En sus palabras hacia el público, Carlos aprovechó para aclarar que no tiene sangre salvadoreña como se rumoraba, es su manager quien la tiene.

-Casi al final del concierto, Vives tiró sus chanclas y se quedó en el escenario descalzo.

-La comunidad colombiana residente en El Salvador, llegó al lugar portando los colores de su país y grandes banderas que no dejaron de ondear.

-El Diario de Hoy, acertadamente, regaló pañuelos para la cabeza, uno de los cuales fue usado por Vives en la última parte de su concierto.


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