Viernes 3 de noviembre 2000


Orientaciones familiares
PREPARANDOSE PARA LA RECONCILIACION
Por Pastor Mario Vega

Cuando se produce un hecho de infidelidad en un matrimonio normalmente la parte afectada tiende a imputar la culpabilidad de lo ocurrido a la parte infiel. Pronto se comienza a pensar que el infiel no tiene perdón, que ha hecho algo condenable, que hay que divorciarse de tal persona.

La indignación puede cegar a las personas haciéndoles incapaces de valorar objetivamente lo que está ocurriendo. Es muy difícil encontrar un caso de infidelidad donde toda la culpa se tenga que cargar sobre un miembro de la pareja en tanto que la otra sale completamente libre de cargos.

Generalmente, ambas partes han tenido algo o mucho que ver en que se haya llegado a tal situación. Pero, afortunadamente, en la mayor parte de casos, a pesar de las circunstancias, predomina un interés de ambas partes por conservar el hogar. Partiendo de este supuesto la pareja debe prepararse para la reconciliación. La parte que se ve víctima de la infidelidad debe comprender que en muchos casos no existe un auténtico amor hacia la tercera persona. Regularmente se trata de una pasión arrolladora que por sus mismas características terminará por extinguirse.

No obstante, la infidelidad de uno de los miembros de la pareja habla de que existen elementos que no han encontrado una satisfacción adecuada dentro del matrimonio. En este punto es donde debe dejar de ejercerse presión sobre el tema de la infedelidad para revisar la participación que la parte que se siente ofendida ha tenido dentro del matrimonio.

Cuando el ofendido hace esto, si lo hace con serenidad y honestidad, no le será difícil identificar aquellos elementos en que falló e inconscientemente abonó para que se produjera la infidelidad.

Como parte de un esfuerzo de salvación del hogar, el ofendido debe reconocer sus omisiones, sus faltas. Al establecerse una mesa de diálogo para procurar la reconciliación tanto el ofendido como el ofensor deben reconocer sus propios fallas y hacer propuestas concretas que hagan viable el continuar la relación.

El hecho de ser inocente no otorga al ofendido una posición de superioridad ante el infiel de manera que éste solamente tenga que humillarse pidiendo perdón. Se trata que ambos reconozcan los errores que llevaron a la pareja a tal situación. De esta manera se estarán dando los pasos necesarios para una reconciliación consistente.

Por supuesto, también existen los casos en que la infidelidad es el producto de la dureza del corazón humano y donde las conductas pecaminosas han malogrado la vida del infiel de manera que la responsabilidad esencial recae sobre él y nadie más. Pero estos son casos que ya hemos abordado en otras ocasiones.


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