Un destino
fatal
Desde hace dos años, Paula
Mancía López, de 38 años,
padece de una enfermedad que le está
quitando la vida: el cáncer de
mama.
- Elena
Bauer
- El Diario
de Hoy
- FOTOS
EDH/JULIO CÉSAR
AVILÉS
Doña Paula es una mujer de rostro
cansado y pálido, que reside en la
comunidad El Tikal de Apopa. Padece de
cáncer de seno desde que su último
hijo cumplió nueve meses de edad.
Según la señora, desde que
lactaba a su niño sentía un gran
dolor en los pechos, además sufría
de calenturas y vómitos constantes.
El año pasado asistió a la
unidad de la salud de la colonia Chintuc, y los
médicos le diagnosticaron que
padecía cáncer de mama, por lo que
la refirieron al hospital de Maternidad.
En enero de este año fue sometida a
tratamiento de quimioterapia. "Ya me han operado
para extirparme una parte del seno, pero
todavía estoy aguantando el dolor y a
veces me sangran los pechos", dice Paula
llorando.
El calvario de la señora inició
hace cuatro años cuando su esposo
murió y la dejó con sus tres
hijos, viviendo en una habitación con
paredes de lámina, piso de tierra, sin
agua y sin servicio sanitario.
Necesita ayuda
Todos los meses, doña Paula debe
gastar unos 100 colones en medicinas, pero
debido a su pobreza no puede conseguir dinero
para comprarlas ni para comprar víveres o
leche para su hijo de tres años.
Si quiere colaborar ayudarle llame al
teléfono 203-9768, con la señora
Paula Durán de Zaval, vecina de
doña Paula.
Una enfermedad sin cura
Xiomara Patricia Díaz es una
niña de 13 años que no puede jugar
ni divertirse, ya que desde que cumplió
cuatro meses de edad padece de parálisis
celebral.
En la urbanización El Tikal, Apopa,
vive doña María Dominga Martinez,
de 45 años, con su hija Xiomara, una
niña que desde su infancia ha pasado
postrada en una cama.
"Aunque mi hija nació normal, nunca
pudo aprender a caminar, ya que desde que fue
víctima de la parálisis", recuerda
con tristeza María Dominga.
El calvario de la infante empezó con
una fiebre fuerte y bronconeumonía, que
dejó una secuela permanente en el cuerpo
de la menor.
A pesar de tener 13 años, Xiomara
necesita cuidado permanente como un
recién nacido. Le cuesta comer sola, no
puede bañarse, no se viste sola, ni sabe
hablar y necesita pañales
desechables.
Convulsiones y ataques histéricos la
acompañan todos los días.
Doña María afirma que el estado
de ánimo de Xiomara cambia a menudo. "Me
muerde, me pega y me golpea. La quiero mucho,
pero a veces estoy tan desesperada que ya no la
soporto", cuenta María, mientras muestra
algunos moretes.
Xiomara debe tomar pastillas todos los
días para que no convulsione y asiste
tres veces por semana al Centro de
Educación Especial (CEE) del Instituto
Salvadoreño de Rehabilitación de
Inválidos (ISRI), siempre y cuando
doña María tenga dinero para pagar
el pasaje.
A pesar del tratamiento, su madre ya
perdió la esperanza de que su hija se
cure. "Pido al Señor que me dé
paciencia y que me dé una vida larga para
seguir adelante con ella, ya que nadie
más la va cuidar", afirma la acongojada
madre. Los otros tres hijos de la señora
son niños saludables.
Si está interesado en ayudar a Xiomara
puede hacerlo regalándole leche
"Similac", vitaminas y pañales
desechables.
Puede llamar al télefono 203-9898 o
deposite su donación a la cuenta del
Banco Salvadoreño 024-54-00455-60 a
nombre de la señora María Dominga
Martínez Rivera.
Postrada en el olvido
En medio de la pobreza en la comunidad
Iberia, en San Salvador, vive Isolina
Noemí Mendoza, de 73 años quien
padece de diabetes desde hace 30 años.
Pero aparte de esta enfermedad también
sufre de artritis.
Una casa abandonada y descuidada es el hogar
de doña Isolina, quien todos los
días pasa acostada en su cama, ya que
debido a la artritis le cuesta levantarse.
"No solo es la diabetes que me hace sentir
mal; también me duelen mucho las
canillas", comenta Isolina, una anciana de piel
trigueña, quien en su mirada refleja
mucha tristeza.
Debido a un accidente casero, ocurrido en
marzo pasado, se fracturó la cadera y
desde entonces quedó con
parálisis.
A través de una organización
llamada "Fundación Diabética"
obtuvo una silla de ruedas, con la que se
traslada con dificultad por su casa.
Su esposo murió en mayo anterior y era
el único sostén familiar. Ahora se
encargan de ella dos nietos.
Una úlcera gástrica
también le da problemas a diario, ya que
no le permite pasar ni un momento tranquila,
además de problemas visuales.
Si usted quiere ayudar a doña , puede
donarle medicinas para tratar la artritis, la
diabetes y víveres o dinero. Para ello
comuníquese con la doctora Sara Lazo en
los teléfonos 293-1504 y 293-1505, de la
clínica del Polígono Don
Bosco.