Miércoles 29 de noviembre

























Un destino fatal

Desde hace dos años, Paula Mancía López, de 38 años, padece de una enfermedad que le está quitando la vida: el cáncer de mama.

Elena Bauer
El Diario de Hoy
FOTOS EDH/JULIO CÉSAR AVILÉS

Doña Paula es una mujer de rostro cansado y pálido, que reside en la comunidad El Tikal de Apopa. Padece de cáncer de seno desde que su último hijo cumplió nueve meses de edad.

Según la señora, desde que lactaba a su niño sentía un gran dolor en los pechos, además sufría de calenturas y vómitos constantes.

El año pasado asistió a la unidad de la salud de la colonia Chintuc, y los médicos le diagnosticaron que padecía cáncer de mama, por lo que la refirieron al hospital de Maternidad.

En enero de este año fue sometida a tratamiento de quimioterapia. "Ya me han operado para extirparme una parte del seno, pero todavía estoy aguantando el dolor y a veces me sangran los pechos", dice Paula llorando.

El calvario de la señora inició hace cuatro años cuando su esposo murió y la dejó con sus tres hijos, viviendo en una habitación con paredes de lámina, piso de tierra, sin agua y sin servicio sanitario.

Necesita ayuda

Todos los meses, doña Paula debe gastar unos 100 colones en medicinas, pero debido a su pobreza no puede conseguir dinero para comprarlas ni para comprar víveres o leche para su hijo de tres años.

Si quiere colaborar ayudarle llame al teléfono 203-9768, con la señora Paula Durán de Zaval, vecina de doña Paula. 

Una enfermedad sin cura

Xiomara Patricia Díaz es una niña de 13 años que no puede jugar ni divertirse, ya que desde que cumplió cuatro meses de edad padece de parálisis celebral.

En la urbanización El Tikal, Apopa, vive doña María Dominga Martinez, de 45 años, con su hija Xiomara, una niña que desde su infancia ha pasado postrada en una cama.

"Aunque mi hija nació normal, nunca pudo aprender a caminar, ya que desde que fue víctima de la parálisis", recuerda con tristeza María Dominga.

El calvario de la infante empezó con una fiebre fuerte y bronconeumonía, que dejó una secuela permanente en el cuerpo de la menor.

A pesar de tener 13 años, Xiomara necesita cuidado permanente como un recién nacido. Le cuesta comer sola, no puede bañarse, no se viste sola, ni sabe hablar y necesita pañales desechables.

Convulsiones y ataques histéricos la acompañan todos los días.

Doña María afirma que el estado de ánimo de Xiomara cambia a menudo. "Me muerde, me pega y me golpea. La quiero mucho, pero a veces estoy tan desesperada que ya no la soporto", cuenta María, mientras muestra algunos moretes.

Xiomara debe tomar pastillas todos los días para que no convulsione y asiste tres veces por semana al Centro de Educación Especial (CEE) del Instituto Salvadoreño de Rehabilitación de Inválidos (ISRI), siempre y cuando doña María tenga dinero para pagar el pasaje.

A pesar del tratamiento, su madre ya perdió la esperanza de que su hija se cure. "Pido al Señor que me dé paciencia y que me dé una vida larga para seguir adelante con ella, ya que nadie más la va cuidar", afirma la acongojada madre. Los otros tres hijos de la señora son niños saludables.

Si está interesado en ayudar a Xiomara puede hacerlo regalándole leche "Similac", vitaminas y pañales desechables.

Puede llamar al télefono 203-9898 o deposite su donación a la cuenta del Banco Salvadoreño 024-54-00455-60 a nombre de la señora María Dominga Martínez Rivera.

Postrada en el olvido

En medio de la pobreza en la comunidad Iberia, en San Salvador, vive Isolina Noemí Mendoza, de 73 años quien padece de diabetes desde hace 30 años. Pero aparte de esta enfermedad también sufre de artritis. 

Una casa abandonada y descuidada es el hogar de doña Isolina, quien todos los días pasa acostada en su cama, ya que debido a la artritis le cuesta levantarse.

"No solo es la diabetes que me hace sentir mal; también me duelen mucho las canillas", comenta Isolina, una anciana de piel trigueña, quien en su mirada refleja mucha tristeza.

Debido a un accidente casero, ocurrido en marzo pasado, se fracturó la cadera y desde entonces quedó con parálisis.

A través de una organización llamada "Fundación Diabética" obtuvo una silla de ruedas, con la que se traslada con dificultad por su casa.

Su esposo murió en mayo anterior y era el único sostén familiar. Ahora se encargan de ella dos nietos.

Una úlcera gástrica también le da problemas a diario, ya que no le permite pasar ni un momento tranquila, además de problemas visuales.

Si usted quiere ayudar a doña , puede donarle medicinas para tratar la artritis, la diabetes y víveres o dinero. Para ello comuníquese con la doctora Sara Lazo en los teléfonos 293-1504 y 293-1505, de la clínica del Polígono Don Bosco.


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