Miércoles 29 de noviembre


Tomando la palabra
El Salvador, "país abierto".
Beatrice Alamanni de Carrillo*
beatricealamanni@sv.cciglobal.net

Después de la Segunda Guerra Mundial, se dio una película, considerada un clásico de la cinematografía mundial, titulada "Roma Città Aperta" (Roma, ciudad abierta), que describe la vivencia dramática de la capital de Italia, vencida y conquistada por las potencias ganadoras del conflicto y, por tanto, "ciudad abierta".

Seguramente, y no en sentido peyorativo, sino comparativo, El Salvador puede empezar a llamarse "país abierto", porque las acciones territoriales del Plan de Nación y el proceso de dolarización, presentados últimamente por el Presidente de la República, "abren" nuestra Patria al mundo, en todos los aspectos.

Si bien es cierto que esta "apertura" es inevitable ante la mundialización, y si bien es cierto que, ante el exceso de población y el escaso desarrollo, que afligen al país, se necesitan medidas contundentes para acelerar dicho desarrollo, sin embargo, puede inicialmente resultar impactante la fórmula de esta "entrega total", de parte de nuestro Pulgarcito de América, somnoliento, en algunas zonas geográficas y en ciertos aspectos sociales, pero peculiar por su gente y su forma de vivir.

Sin duda, la redistribución territorial propuesta, distinta de la división histórica tradicional, puede representar un importante estímulo para la reactivación económica, aunque su implementación podría, en cierta medida, enfrentar dificultades culturales y sociales.

A esta atrevida y fascinante nueva manera de "ver a El Salvador", se ha añadido una medida económica de impacto, como lo es la dolarización, que se está "echando a andar" con firmeza gubernamental y con la anuencia, por lo menos aparente, de las fuerzas políticas.

Siendo ajena a la economía, no me atrevo a evaluar medidas monetarias, como la decidida en esta circunstancia, pero me permito expresar la inquietud que, tal vez, ésta rebase los límites constitucionales de las atribuciones del Ejecutivo (lo cual merecería una cierta atención).

De todos modos, si la dolarización será provechosa para los salvadoreños, tal como lo afirmó el Presidente, que sea bienvenida, bajo el supuesto de sus beneficios, confiando que la evaluación del asunto está sustentada por un análisis serio del entorno nacional.

Cabe decir que, ciertamente, la dolarización responde, sobre todo, a la necesidad política de acoplarse a lo que los "grandes" del sistema económico mundial pueden haber sugerido o, tal vez, requerido de nuestro país, con el fin de lograr condiciones más confiables para las transacciones financieras.

Pero, vale preguntarnos, cuán contundente y eficaz podrá resultar este modelo de modernización territorial y económica, marcada en un contexto centroamericano, heterogéneo y, en ocasiones, conflictivo.

Si bien es cierto, que El Salvador goza de una posición geográfica estratégica, que le permitirá sustituirse a Panamá, en un futuro, en cuanto a movilización de productos, sin embargo, podrían parecer un poco inciertas las esperanzas de éxito si El Salvador queda "comprimido" entre los problemas limítrofes y las diferentes visiones de país de las demás repúblicas centroamericanas.

Ciertamente, si la entera región hubiera llegado a consensuar un plan común de desarrollo, sería distinta la situación.

Pero, estamos muy lejos de esta utopía y, ante las condiciones variadas y variables del Istmo, ¡quién sabe, si nuestro esfuerzo de apertura territorial y monetaria se queden sólo un fenómeno, por ahora, aislado y poco relevante!

Nadie puede asegurar, entonces, que esta costosa modernización será recompensada por un desarrollo realmente sostenible y sostenido, que logre la transformación del país y, al mismo tiempo, lo convierta en sujeto de deudas internacionales no sólo confiable, sino más bien suficientemente fuerte, como para no hipotecar demasiado el destino de las generaciones venideras.

Por otro lado, para sustentar el proyecto, se necesitará de la estabilidad política interna, sin lo cual, el fracaso del mismo sería tan grande, como el de un edificio construido a medias y abandonado posteriormente por sus edificadores.

Ojalá que dicha estabilidad exista, como parecería vislumbrarse a través de los comentarios de los políticos. Sin embargo, queda por ver si las intenciones de los partidos serán avaladas, en realidad, por el entorno nacional, en cuanto no siempre es necesariamente obvia la adhesión de los ciudadanos a los proyectos de los gobernantes.

Sería entonces recomendable no comprometer al país, más allá de lo que se pueda posteriormente sustentar, sobre todo, tomando en cuenta que el peso de dicho compromiso recaerá sobre la sociedad civil (aunque dicha sociedad civil parece haber participado en la elaboración del Plan de Nación).

Los diputados y el Gobierno no deberían entonces, embarcarse en una aventura más atrevida de lo que el pueblo pueda enfrentar, sobre todo, recordando el bajo número de votantes y el recelo y la desconfianza de la opinión pública hacia las actuaciones institucionales y de los partidos.

El reto para el Presidente es ciertamente histórico; en efecto, se ha dado inicio a algo que tiene raíces más lejanas y hondas, que las del terruño, sumergiéndose entre los planes y los proyectos de inversión de los "grandes del mundo".

Si este "país abierto", después de una guerra casera y en el marco de un atisbo de democracia, logra sostener el reto del desarrollo, cumpliendo con las obligaciones internacionales y acoplándose a las reglas del juego de las políticas económicas mundiales, tal vez funcione el Plan, siempre que el entorno centroamericano no resulte un obstáculo o una limitante, y siempre que la política nacional no asuma rumbos imprevisibles e incontenibles.

Tal vez, el tiempo no juegue en contra de la obra, porque parecería que la situación nacional es apremiante y ¡quién sabe, si quede suficiente espacio para contener la contingencia del presente y trabajar, al mismo tiempo, para un futuro tan lejano como puede serlo la realización completa de obras, que costarán miles de millones de dólares!


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