Una confusión
de perros en 102 Dálmatas
El filme tiene a su favor a la grandiosa
Glen Close como una especie de malévola.
Ahora, la tremenda Cruela quiere vestirse
nuevamente con pieles costosas
- MIAMI
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CABLEGRAFICOS.-
Después de tres años de
presidio, el doctor Pavlov cree haber curado a
Cruella De Vil. Puesta en libertad condicional,
Cruella se hace llamar Ella y se declara
totalmente rehabilitada. Pero en la ladina
actuación de Glenn Close, pronto
experimenta una transformación a lo
Jekyll/ Hyde y revierte a su criminal deseo de
cubrirse con pieles costosas, con más
afán que María Félix en su
apogeo de "devoradora".
"l0l Dalmatians" recaudó $l60 millones
en la taquilla mundial y se impone la
continuación. Velozmente movida y
espectacularmente producida, complacerá a
los niños para quienes fue concebida,
pero ya la serie está cayendo
víctima de la ley de rendimientos
decrecientes. La primera con personajes vivos
fue inferior al cartón de dibujos
animados y en "l02 Dalmatians", con un perro de
más, el mejunje sabe a menos.
El director Kevin Lima es el primero en
admitir que cuenta demasiadas historias. En una
de ellas, tiene a Alice Evans y Ioan Guffrud
como pareja romántica algo zocata. En
otra, la deplorable aparición de Gerard
Depardieu, que hace cualquier cosa por colarse
en el cine norteamericano: payasea
inmisericordemente como un modisto afeminado y
acaba, con cierta justicia simbólica,
hundiendo la cabeza en la taza del inodoro.
Lima, famoso por la animación de
Tarzán, debuta con actores de carne y
hueso. Considerando el constante tropelaje, es
más bien un director de tráfico y
el mayor mérito le corresponde al
entrenador de animales, Gary Gero, que consigue
prodigios con el reparto canino y, sobre todo,
se luce con el guacamayo Waddlesworth.
El inteligente plumífero, ayudado por
asombrosos efectos especiales, habla con las
melifluas consonantes británicas de Eric
Idle y se roba todas sus escenas, con codiciosa
vocación de urraca ladrona.
A su grandísimo favor, y máxima
razón de existir, el filme tiene a Close
como una especie de malévola Auntie Mame,
extravagantemente vestida y peinada, destilando
cinofobia por los cuatro colmillos. Para esta
creación de virulenta villanía, la
actriz se ha sometido a incontables torturas,
hasta terminar convertida en un pastel de bodas.
Esta Cruella ha sido muy cruel con Glenn, pero,
sin duda alguna, es la que ríe
último y mejor.