Sábado 25 de noviembre 2000

























Evangelio para domingo

Juan 18, 33-37

Reinado celestial

Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó: "¿Eres Tú el rey de los judíos?".

Jesús le contestó: "¿Viene de ti esa pregunta o repites lo que te han dicho otros de Mí?".

Pilato respondió: "¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los jefes de los sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?".

Jesús contestó: "Mi realeza no procede de este mundo. Si fuera rey como los de este mundo, mis guardias habrían luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reinado no es de acá".

Pilato le preguntó: "Entonces, ¿Tú eres Rey?".

Jesús respondió: "Tú lo has dicho: Yo soy Rey. Yo doy testimonio de la verdad, y para esto he nacido y he venido al mundo. Todo el que está del lado de la verdad escucha mi voz".

Jesús, soberano de la humanidad

"¿... Tú eres Rey?"

Haciéndose eco de la acusación de los Judíos, Pilato le hace esa pregunta a Jesús y Él le responde de forma categórica: "Mi reino no es de este mundo", no usa la fuerza, no se impone.

Entre el cuestionamiento de Pilato y la respuesta de Jesús hay una distancia, e incluso una ruptura y Jesús la quiere hacer notar; pero ella no está entre lo religioso y lo temporal, sino entre la dominación y el servicio.

Si en una realeza normal los partidarios del rey luchan y lo defienden de los posibles enemigos, en el caso de Jesús es Él quien "da la vida por los suyos"...

"Mi Reino no es de aquí..."

El reino de Jesús no es como el que Pilato conoce, un reino de arbitrariedad, privilegios y dominación; su reino es de amor, justicia y servicio: su reinado es de otra índole, apunta al futuro, es un proceso dinámico en marcha, más que una realidad verificable, pero que se forja en el quehacer diario, volviéndose un estado de vida para aquel que se decide a seguir al Maestro.

"... Dar testimonio de la verdad"

Esta es la esencia de la fe: "Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad...". Jesús realmente vino para instaurar un mundo de paz y de fraternidad, de justicia y de respeto por los derechos de todos, de amistad con Dios y entre los hermanos.

Ese es su reino que llega a la historia humana, la impulsa y la lleva más allá de ella misma ¡Reinado que "no tendrá fin"!

"Y nosotros..."

Este pasaje del Evangelio nos ayuda a situarnos en una actitud de mirada profética hacia el futuro, al final de los tiempos, con el reinado universal y definitivo de Jesús, el transformador de la muerte. Pero, al mismo tiempo debe ser una mirada llena de fe y de esperanza, que da sentido a nuestro camino por la vida. El Rey a quien seguimos no es tanto un Rey que manda y que tiene poder, sino un Rey que ama y que se entrega totalmente por los suyos y tiene como meta constituirnos como pueblo de salvados.

Por eso nuestra actitud ante la propuesta de Jesús debe estar llena de alegría y mostrar aire de victoria.

¡Jesús y el reino que proclama son el sentido último de nuestras vidas!

Sixto Alfonso Flores, Sdb




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