Emplumado de
corazón
Cuando asista a un partido del Club
Deportivo Águila dirija la mirada hacia
el costado de la barra naranja. En medio de ella
seguro llamará su atención un
aficionado que a fuerza de gritos y ademanes se
hace notar. Es "El Mudo", el hincha
número uno de la escuadra
emplumada.
Óscar
Girón
En las graderías de los estadios,
Rodolfo no pasa inadvertido. Su tez blanca,
cuerpo robusto, 58 abriles encima y la
energía de un adolescente lo han
convertido, desde hace más de cuatro
décadas, en el seguidor principal del
equipo migueleño.
"El Mudo", como lo reconocen por su
deficiencia de nacimiento, se hace notar desde
principio a fin de todo partido; sus gritos y la
algarabía contagian al resto de
aficionados que explotan de alegría junto
a él cuando llega el ansiado gol.
Los saltos, los gritos, los abrazos, los
insultos, las bolsas de agua para arriba y para
abajo; el ir y venir de vendedores de panes y
cervezas, él los vive y disfruta al por
mayor desde el sol preferente.
Su pasión por el fútbol le
llegó desde niño. Curiosamente no
se atreve a jugarlo ni como pasatiempo y solo
disfruta verlo, tanto que para el Mundial
México 70 se las arregló para
viajar junto a uno de sus cuatro hermanos a
presenciar algunos encuentros.
Aficionado hasta en casa
"Él es un hombre normal; siempre ha
sido un buen muchacho", asegura con
expresión de tristeza Gloria Margarita
Alvarado, hermana mayor de Rodolfo, quien
comparte el mismo techo con él.
Su melancolía es comprensible, y es
que al hablar de Rodolfo le resulta imposible
dejar de mencionar a Rigoberto, otro hermano
también sordomudo, fallecido durante la
época de la guerra.
"No había día de Dios que no
pelearan; Rigoberto era Alianza y Rodolfo puro
Águila. Había ocasiones que hasta
roncos se ponían cuando venían de
cada partido de echarle porras a sus equipos. Lo
divertido era cuando jugaba el Águila y
perdía, el otro lo chuleaba y se
agarraban a la lucha. Nadie los podía
separar, todo por los equipos", explica la
señora con más de 60 años
de vida.
En sus relatos, recuerda cuando Rodolfo se
desempeñó como auxiliar de segunda
clase del subprograma Administración
General de la Presidencia de la República
de El Salvador, en el período del
presidente Julio Adalberto Rivera (1966).
Entre gestos y sollozos y apoyado por su
hermana como intérprete, "El Mudo"
rememora que en esa época él
estaba obligado a probar la comida del
presidente para desvirtuar cualquier intento de
homicidio a través de los alimentos.
Su trabajo en Casa Presidencial lo
desempeñó por casi 20 años,
tiempo que bastó para ser reconocido por
el presidente Napoleón Duarte en 1987 con
diploma al mérito por su laboriosidad y
buen desempeño.
Así sobrevive
"El Mudo" es un aficionado de lujo, de
primera clase. Con lo poco que ahorra y con la
ayuda que le brindan sus amigos, él viaja
a donde sea, siempre y cuando juegue el equipo
migueleño.
Su apego a la oncena naranja ha sido tal que
en 1985 recibió una placa de
reconocimiento de parte del Club Deportivo
Águila por considerarlo su aficionado
ejemplar y el número uno.
Sus amigos, familiares en el extranjero y una
casa que tiene en alquiler en Mejicanos son
suficientes para sostenerse y seguir dando de
qué hablar desde las graderías de
sol preferente en los diferentes estadios del
país.
Quizás su nombre no sea tan mencionado
dentro algunos años, cuando se asome la
vejez a su vida y tenga que conformarse con ver
los encuentros deportivos por la
televisión. Por ahora hay que disfrutar
de este personaje. cuyo entusiasmo ya imitan las
futuras generaciones.
Más de su vida
Estudió hasta cuarto grado en la
Escuela de Sordomudos en San Salvador, gracias a
la ayuda de doña Aracely de Paz.
Es soltero con pasajero a bordo. Ana Isabel
es su única hija de cuatro
años.
Asistió a varios partidos del mundial
de Estados Unidos 94.