Viernes 24 de noviembre 2000


Opinando
Construyamos en vez de destruir
Carlos E. Mena Guerra*

Cuando, en 1978, inicié estudios de ingeniería en la UCA y recibí los cursos de Física, me apasionaron tanto que llegué a creer que no había nada en este mundo que no se pudiera medir, y que toda actividad humana estaba vinculada, en una u otra forma, con esta ciencia. Ahora, con un grado en Economía, estoy convencido que toda actividad que el ser humano realiza, tiene serias implicaciones económicas y que cada vez es más importante que estemos conscientes de ello.

Comparto la opinión de la Sra. María de López Andreu, en su artículo del 29 de septiembre, en este mismo periódico, en el que expresa: "La UCA cuenta en sus filas con personas sumamente capaces, especialistas en diversos temas..., constituyen un coloso, tienen un alto nivel académico y preparan bien a sus estudiantes".

Comento lo anterior, a manera de introducción, para expresar mi opinión sobre la polémica que han generado últimamente los jesuitas -directores de la UCA- en sus alegatos sobre el tema de la amnistía, pues aún no logro comprender qué beneficios pretenden obtener para el país con este alboroto. Me detengo a pensar qué les diría Jesús, ya que dicen ser su Compañía, al observarles sostener esta pugna en contra de quienes, según ellos, les han ofendido tan gravemente. Supongo que les diría: "¿Qué sería de ustedes si mi Padre Celestial no hubiera perdonado a aquellos romanos y judíos que violaron mis derechos, irrespetaron a mi madre y me dieron muerte de cruz…?", por no imaginarme un sermón más categórico, amplio y sabio.

Espero no pecar de ingenuo, pero creo que además de ser intelectuales y educadores, lo que deberían hacer los jesuitas es profesar la fe cristiana, que se fundamenta en el amor y el perdón, en lugar de pregonar tanto rencor y odio.

Cuánto bien harían si utilizaran su intelecto, recursos, su poder de convocatoria y espacio en los medios de comunicación, para aportar ideas viables, que contribuyan a paliar problemas económicos como el desempleo, analfabetismo, salud, etc…, que nos tienen tan preocupados a todos; que planteen ideas basadas en la libertad, en el derecho a la propiedad privada, productividad y laboriosidad..., no de las ideas que matan, más que las armas mismas. Dijo un tribuno romano de la época de Jesucristo: "Las ideas se combaten con ideas". Pero, reitero, hay ideas que matan porque incitan a la violencia y el odio.

Cuando mi hijo me explicó que deseaba realizar sus estudios superiores en la UCA, por considerarla la mejor opción para su carrera en este país, tuvimos que sostener una conversación al respecto, no para oponerme a su elección, sino para orientarle del ambiente, no académico, sino del ideológico al cual se expondría.

Es una lástima que entre las personas y amigos que conozco, de origen español, y por quienes siento estima y respeto, este pequeño grupo, que no sé si ya son salvadoreños, al menos no lo parecen, desdiga del aporte económico y cultural que empresarios y la colonia española están aportando a nuestro país. No sé por qué razón somos tan tolerantes, aparte del respeto a la libre expresión -de la cual también estoy haciendo uso en esta oportunidad-, al permitir que con sus rabietas causen inestabilidad social en un país que apenas está sanando sus heridas.

Invito nuevamente a la congregación jesuita que haga uso de toda su capacidad para plantear ideas positivas y constructivas, con buenas intenciones, que les ayuden a ganarse nuevamente el respeto de este pueblo; respeto que se les demostró cuando se constituyeron en la alternativa a la convulsionada Universidad Nacional, en la época de los 70.

*Lic. en Economía.


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