Al
mantener el colón, El Salvador no
estará plenamente dolarizado
La vía de la
"semidolarización"
La política cambiaria para el 2001,
que anunció anoche Flores, va a encender
el debate sobre los beneficios de pegarse al
dólar. En América Latina prevalece
la libre flotación
- Antonio
Trujillo
- El Diario
de Hoy
El nuevo régimen cambiario que
tendrá El Salvador aparece como un
esquema intermedio entre la caja de
convertibilidad argentina y la
dolarización ecuatoriana.
Las medidas explicadas anoche por el
Presidente Flores, en lo que ya bautizó
como "Integración Monetaria", no
significan la salida del colón como
moneda de curso legal, por lo que no se puede
hablar de que se trate de una
dolarización.
En efecto, en los esquemas de
dolarización, la moneda estadounidense
pasa a ser la única aceptada para todo
tipo de transacciones, reemplazando a la moneda
nacional. Ese es el caso de Ecuador, donde el
sucre recibió ya su certificado de
defunción.
La caja de convertibilidad que aplica
Argentina tiene como primera connotación
el hecho de un cambio uno a uno. Y para
sostenerlo, el banco emisor debe mantener un
saldo en reservas tal, que compense cualquier
emisión de moneda local. Se supone que
toda emisión debe estar respaldada por su
equivalencia en dólares
estadounidenses.
Por lo que Flores explicó del Plan de
Integración, no queda claro si el Banco
Central va a aaumir una responsabilidad
similar.
El modelo salvadoreño tiende a
acercarse un poco más al panameño,
donde conviven el balboa y el dólar, pero
con una paridad uno a uno, inamovible desde hace
décadas.
En América Latina conviven
además de los modelos argentino,
ecuatoriano y panameño, los sistemas de
libre flotación del dólar, que con
el paso de los años han adoptado la
mayoría de los países.
Las bandas
Chile, Colombia y Brasil mantuvieron operando
los sistemas de bandas cambiarias, que
abandonaron en 1999, tras fuertes ataques
especulativos.
En síntesis, esas bandas tenían
un techo y un piso. Los bancos centrales
compraban o vendían dólares en los
mercados cambiarios, dependiendo de la tendencia
del cambio. Así, si la tasa marchaba por
el camino de la revaluación, compraban
dólares para aumentar su
cotización. Y, por el contrario, si se
venía una devaluación,
vendían dólares para calmar a los
demandantes.
Los especuladores terminaron demostrando la
fragilidad de las bandas y los tres
países las eliminaron en sucesivas
convulsiones de orden cambiario.
Pero los tres adoptaron el libre cambio, que
impera en la mayoría de los países
y es la política cambiaria de mayor
aplicación mundial.
Por la dolarización el único
país que ha optado es Ecuador, que se
decidió por tal mecanismo tras una
incontenible devaluación, que
volvió añicos la economía y
disparó la inflación a los
cielos.
Brasil, a pesar de la crisis de enero del 99,
mantiene la libre flotación y el real
sigue siendo la moneda local, a pesar de que en
muchas transacciones el dólar es
aceptado. México, ya lo dijo el
Presidente electo Vicente Fox, no va a
dolarizar.
En el caso de El Sslavador la medida de
anclar la tasa de cambio no es forzada para
contener la devaluación y por tanto, su
efectividad es incierta si se recuerda que no
hay otra nación con la cual comparar los
resultados.
Flores adujo búsqueda de
competitividad, estabilidad
macroeconómica y bajas de intereses, para
justificar el nuevo régimen. El debate
sobre su conveniencia apenas comienza y amenaza
ser candente