Jueves 23 de noviembre 2000


Al mantener el colón, El Salvador no estará plenamente dolarizado
La vía de la "semidolarización"

La política cambiaria para el 2001, que anunció anoche Flores, va a encender el debate sobre los beneficios de pegarse al dólar. En América Latina prevalece la libre flotación

Antonio Trujillo
El Diario de Hoy

El nuevo régimen cambiario que tendrá El Salvador aparece como un esquema intermedio entre la caja de convertibilidad argentina y la dolarización ecuatoriana.

Las medidas explicadas anoche por el Presidente Flores, en lo que ya bautizó como "Integración Monetaria", no significan la salida del colón como moneda de curso legal, por lo que no se puede hablar de que se trate de una dolarización.

En efecto, en los esquemas de dolarización, la moneda estadounidense pasa a ser la única aceptada para todo tipo de transacciones, reemplazando a la moneda nacional. Ese es el caso de Ecuador, donde el sucre recibió ya su certificado de defunción.

La caja de convertibilidad que aplica Argentina tiene como primera connotación el hecho de un cambio uno a uno. Y para sostenerlo, el banco emisor debe mantener un saldo en reservas tal, que compense cualquier emisión de moneda local. Se supone que toda emisión debe estar respaldada por su equivalencia en dólares estadounidenses.

Por lo que Flores explicó del Plan de Integración, no queda claro si el Banco Central va a aaumir una responsabilidad similar.

El modelo salvadoreño tiende a acercarse un poco más al panameño, donde conviven el balboa y el dólar, pero con una paridad uno a uno, inamovible desde hace décadas.

En América Latina conviven además de los modelos argentino, ecuatoriano y panameño, los sistemas de libre flotación del dólar, que con el paso de los años han adoptado la mayoría de los países.

Las bandas

Chile, Colombia y Brasil mantuvieron operando los sistemas de bandas cambiarias, que abandonaron en 1999, tras fuertes ataques especulativos.

En síntesis, esas bandas tenían un techo y un piso. Los bancos centrales compraban o vendían dólares en los mercados cambiarios, dependiendo de la tendencia del cambio. Así, si la tasa marchaba por el camino de la revaluación, compraban dólares para aumentar su cotización. Y, por el contrario, si se venía una devaluación, vendían dólares para calmar a los demandantes.

Los especuladores terminaron demostrando la fragilidad de las bandas y los tres países las eliminaron en sucesivas convulsiones de orden cambiario.

Pero los tres adoptaron el libre cambio, que impera en la mayoría de los países y es la política cambiaria de mayor aplicación mundial.

Por la dolarización el único país que ha optado es Ecuador, que se decidió por tal mecanismo tras una incontenible devaluación, que volvió añicos la economía y disparó la inflación a los cielos.

Brasil, a pesar de la crisis de enero del 99, mantiene la libre flotación y el real sigue siendo la moneda local, a pesar de que en muchas transacciones el dólar es aceptado. México, ya lo dijo el Presidente electo Vicente Fox, no va a dolarizar.

En el caso de El Sslavador la medida de anclar la tasa de cambio no es forzada para contener la devaluación y por tanto, su efectividad es incierta si se recuerda que no hay otra nación con la cual comparar los resultados.

Flores adujo búsqueda de competitividad, estabilidad macroeconómica y bajas de intereses, para justificar el nuevo régimen. El debate sobre su conveniencia apenas comienza y amenaza ser candente


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