Reunidos en la
vejez
Desde ocho años se reúne en
la urbanización El Tikal, de Apopa, en
San Salvador, un grupo de personas de la tercera
edad, quienes se entretienen elaborando
manualidades.
- Elena
Bauer
- El Diario
de Hoy
- Fotos
EDH/Alex Sanabria/Julio César
Avilés
El
grupo de la tercera edad, que tiene unos 60
miembros, fue fundado el 28 de octubre de 1992
por doña Patricia Caballero.
Desde entonces se reúnen para realizar
actividades recreativas para sus miembros.
María Recinos Peña, de 63
años, una señora de cabello
plateado y de piel morena, forma parte del grupo
y asegura que en su juventud sufrió
mucho, ya que tuvo un esposo alcohólico,
que no le daba dinero para los gastos de la
casa.
Ella dice que tuvo a su primer hijo cuando
tenía apenas 15 años, y dio a luz
a otros 14 más.
En la actualidad, doña María
padece de diabetes y de artritis y vive con una
de sus hijas. A causa de sus enfermedades no
puede trabajar y no tiene con qué cubrir
los gastos médicos que necesita.
De los hijos que doña María
procreó, sólo una nieta le ayuda
económicamente.
Sin embargo, las reuniones con personas de su
misma edad han dado nueva energía a esta
señora, porque ahí siempre cuenta
con alguien que escuche sus problemas.
Una de sus compañeras, Consuelo
Santos, de unos 70 años, afirma que al
reunirse con sus amigos olvida las penas y sus
enfermedades, a pesar de haber perdido su
memoria hace unos 50 años.
Casi todas mujeres
Los edades de los miembros del grupo oscilan
entre los 60 y los 90 años. De ellos
cinco son hombres.
El local tiene paredes blancas y piso de
cemento. El interior está decorado con
mesas y bancas de madera.
En cada sesión se elaboran
manualidades, como vestidos para muñecas,
mantas bordadas, cestas de papel
periódico, adornos para espejos y
tarjetas navideñas.
Estos productos se venden durante todo el
año, así como para las fiestas
patronales y la coronación de la reina de
la comunidad, que se celebran en diciembre de
cada año.
Con
los fondos recaudados se ha creado un ahorro
común que se reparte entre los miembros
que necesitan ayuda o que están
enfermos.
Algunas de las instituciones que colaboran
con los ancianos son la Unidad de Salud de ese
municipio y la Fundación
Salvadoreña de la Tercera Edad (FUSATE),
dice doña Teresa de Flores, encargada del
grupo.
La Unidad de Salud les paga los gastos de los
materiales que se utilizan para las
manualidades. FUSATE dio apoyo al registrar el
grupo como una institución oficial,
repartiendo carnés a cada miembro;
además organiza excursiones.
A pesar de la cooperación que reciben,
tienen muchas necesidades, por lo que hacen un
llamado a la primera dama de la
República, señora Lourdes de
Flores, para que les ayude a legalizar la
propiedad pública en la que se
reúnen para continuar el sueño de
superación de los ancianos.
Fábrica de sueños
En 1989, el Instituto Nacional de Pensiones
de los Empleados Públicos (INPEP)
fundó el "Punto de Encuentro", un
programa de atención integral para
más de cuatro mil jubilados con edades
entre 50 y 80 años.
Durante todo el año se imparten
talleres vocacionales en las instituciones de
INPEP a nivel nacional. En las actividades, los
pensionados pueden participar en cursos de danza
moderna o folclórica, aeróbicos y
en talleres de manualidades, como
fabricación de muñecas, tarjetas
en papel vegetal, piñatas y espejos
decorados, los que posteriormente se
comercializan.
También cuentan con cursos de
inglés y de cerámica, con el coro
"Rondalla" y con un cuarteto. Además
realizan seis excursiones anuales a nivel
nacional, donde viajan a playas, parques,
así como a Guatemala, Honduras y Costa
Rica. Todos los gastos son costeados por el
INPEP.
El
objetivo es brindar a los jubilados un espacio
en el que puedan desarrollar distintas
destrezas, capacitarse y sentirse útiles
a la sociedad.
"Soy miembro del coro y también asisto
a las clases de danza, que es lo que más
me gusta", comenta Margot Avelar Bonilla, de 78
años, quien tiene nueve años de
pertenecer a los talleres de INPEP.
Profesora jubilada
Aparte de la pensión, INPEP
también apoya a sus jubilados para tener
otros ingresos. Tal es el caso de Marta Guevara
de Ávalos, de 72 años, quien a
pesar de ser pensionada desde 1983 y de asistir
a los programas vocacionales desde hace 16
años, trabaja como profesora de
inglés.
"Enseño inglés a las personas
mayores que quieren aprender aún en la
edad avanzada. Pienso que la vejez no es estorbo
para estudiar porque la gente viene a recibir
mis clases con entusiasmo", explica la maestra
de 30 alumnos.
"Los abuelos comparten la idea del INPEP de
que la edad no tiene por qué ser
sinónimo de enfermedades y de tristeza,
sino que es un periodo en el cual se puede
disfrutar junto a la familia y los amigos. Por
ello se creó el proyecto Punto de
Encuentro", afirma el licenciado Luis Cortez,
jefe de unidad de comunicaciones de dicha
institución.