Martes 21 de noviembre


Competencia, no
Pastor Roberto Bustamente

Las concentraciones multitudinarias convocadas por las diferentes organizaciones e iglesias evangélicas, no deberían ser interpretadas como manifestaciones de poder institucional, competencia o muestras de fuerza; tales actitudes, si las hubieran, son contrarias al Espíritu del Señor de la iglesia: Jesucristo, quien es manso y humilde, y no nos llama al protagonismo o a la contienda, sino a la unidad.

Evidencias del Poder

Toda persona que le ha abierto su corazón a Cristo, y cuya vida ha sido lavada por su sangre y transformada por el Espíritu Santo, es miembro de la iglesia universal de Cristo, la cual no tiene viñeta de protestante, católica, ortodoxa o de lo que se quiera.

Esta iglesia de Cristo, influencia al mundo por su estilo de vida y por sus obras; sus miembros viven apegados a su enseñanzas y llenos del Espíritu, evidencian frutos tales como el amor, la paz y la paciencia, son benignos y bondadosos.

El poder de la iglesia se manifiesta por jóvenes alejados de los vicios y violencia, matrimonios sólidos, familias unidas, niños amados y respetados por sus padres.

Este poder se luce cuando nos interesamos en ser luz y sal a los necesitados (ancianos desválidos, marginados, huérfanos, etc.), cuando se denuncia y se da solución a la injusticia social.

Calidad o Cantidad

Según algunas encuestas universitaria, la población evangélica de El Salvador, asciende a un millón 200 mil personas, pueda ser que estos números sean reales, pero mientras la sociedad no cambie, ellos no muestran nada; al contrario implican una gran responsabilidad pastoral.

Me parece hermoso que la gente acuda por miles a las marchas, festivales y demás concentraciones, eso demuestra la necesidad de Dios que hay en el país.

También me alegra que el Arzobispo declare a los medios, que los templos católicos están llenos y que prefieren servir a la comunidad en vez de llenar estadios. ¡Aleluya!.

Desafío pastoral

¿Si los catálicos y evangélicos somos millones, y como denominador común reconocemos que Jesús es Señor y Salvador?, entonces los líderes debemos cumplir el gran desafío dado por el apóstol Pedro:

"Cuiden como pastores el rebaño de Dios que está a su cargo, no por obligación, ni por ambición de dinero, sino con afán de servir como Dios quiere. No sean tiranos con los que están a su cuidado, sino sean ejemplos para el rebaño. Así, cuando aparezca el Pastor supremo, ustedes recibirán la eterna corona de gloria". (1 Pedro 5: 2-4)


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