Competencia,
no
Pastor Roberto Bustamente
Las
concentraciones multitudinarias convocadas por
las diferentes organizaciones e iglesias
evangélicas, no deberían ser
interpretadas como manifestaciones de poder
institucional, competencia o muestras de fuerza;
tales actitudes, si las hubieran, son contrarias
al Espíritu del Señor de la
iglesia: Jesucristo, quien es manso y humilde, y
no nos llama al protagonismo o a la contienda,
sino a la unidad.
Evidencias del Poder
Toda persona que le ha abierto su
corazón a Cristo, y cuya vida ha sido
lavada por su sangre y transformada por el
Espíritu Santo, es miembro de la iglesia
universal de Cristo, la cual no tiene
viñeta de protestante, católica,
ortodoxa o de lo que se quiera.
Esta iglesia de Cristo, influencia al mundo
por su estilo de vida y por sus obras; sus
miembros viven apegados a su enseñanzas y
llenos del Espíritu, evidencian frutos
tales como el amor, la paz y la paciencia, son
benignos y bondadosos.
El poder de la iglesia se manifiesta por
jóvenes alejados de los vicios y
violencia, matrimonios sólidos, familias
unidas, niños amados y respetados por sus
padres.
Este poder se luce cuando nos interesamos en
ser luz y sal a los necesitados (ancianos
desválidos, marginados, huérfanos,
etc.), cuando se denuncia y se da
solución a la injusticia social.
Calidad o Cantidad
Según algunas encuestas universitaria,
la población evangélica de El
Salvador, asciende a un millón 200 mil
personas, pueda ser que estos números
sean reales, pero mientras la sociedad no
cambie, ellos no muestran nada; al contrario
implican una gran responsabilidad pastoral.
Me parece hermoso que la gente acuda por
miles a las marchas, festivales y demás
concentraciones, eso demuestra la necesidad de
Dios que hay en el país.
También me alegra que el Arzobispo
declare a los medios, que los templos
católicos están llenos y que
prefieren servir a la comunidad en vez de llenar
estadios. ¡Aleluya!.
Desafío pastoral
¿Si los catálicos y
evangélicos somos millones, y como
denominador común reconocemos que
Jesús es Señor y Salvador?,
entonces los líderes debemos cumplir el
gran desafío dado por el apóstol
Pedro:
"Cuiden como pastores el rebaño de
Dios que está a su cargo, no por
obligación, ni por ambición de
dinero, sino con afán de servir como Dios
quiere. No sean tiranos con los que están
a su cuidado, sino sean ejemplos para el
rebaño. Así, cuando aparezca el
Pastor supremo, ustedes recibirán la
eterna corona de gloria". (1 Pedro 5: 2-4)