Domingo 19 de noviembre

























Evangelio para domingo

Marcos 13, 24-32

Mi palabra no pasará

Después de esa angustia llegarán otros días; entonces el sol dejará de alumbrar, la luna perderá su brillo, las estrellas caerán del cielo y el universo entero se conmoverá. Y verán venir al Hijo del Hombre en medio de las nubes con gran poder y gloria. Enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

Aprendan de este ejemplo de la higuera: cuando las ramas están tiernas y brotan las hojas, saben que el verano está cerca. Así también ustedes, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que todo se acerca, que ya está a las puertas. En verdad les digo que no pasará esta generación sin que ocurra todo eso. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Por lo que se refiere a ese día y cuándo vendrá no lo sabe nadie, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino solamente el Padre.

Jesús, fuente de esperanza

"Mas por esos días..."

El Evangelio de Marcos pone en boca de Jesús un discurso referido al final de los tiempos. Este texto es interpretado corrientemente así. Sin embargo, al tomarlo en su conjunto y teniendo en cuenta la exposición que el escritor ha venido desarrollando adquiere su verdadero sentido.

"Aprendan de la higuera..."

Se trata de descubrir los signos de los tiempos, reconocimiento que llega a ser presencia fructífera de la Palabra. No se llega a esto sino analizando los acontecimientos día a día. La atención a lo que sucede alrededor nuestro se inspira en la convicción de que la Palabra del Señor se encarna en una historia que parece contradecirla, pero a través de la cual Dios habla también...

"Nadie sabe nada..."

La pregunta es entonces ¿cuándo será todo eso y cuál será la señal? No se sabe, ni importa, lo que sí es válido siempre tener en cuenta es que el Señor vendrá con fuerza y majestad, un hecho que debe ser visto a la luz del Reino y juzgado desde la esperanza por el regreso del Señor. ¡El olvido no encubrirá su mensaje!

"Y nosotros..."

Nos viene bien que nos hagan dirigir la mirada hacia los acontecimientos últimos. No necesariamente a los del fin del mundo. También a nuestra muerte personal, y a esos momentos continuos de gracia que Dios nos concede a lo largo de los días y los años, y que sólo sabremos captar si estamos atentos, no dormidos.

Es una verdadera invitación celebrativa a descubrir la "bondad" y la "belleza" en un mundo que está perdiendo su encanto original. Nuestro futuro ya está aquí, en nosotros, en el camino que estamos llevando. No nos tendría que preocupar qué sucederá el último día, sino lo que está pasando hoy y aquí, que es cuando estamos construyendo o no un futuro de salvación y victoria unidos a Jesús.

La invitación es a la vigilancia y a la seriedad en nuestro camino para que estemos siempre preparados al encuentro con Él, sea cuando sea. Nuestro punto de vista no debe ser de terror, pues creemos en un Dios-amor y en la expresión máxima de ese amor en Jesús, el Señor.

"El amor expulsa el temor". Confianza, esperanza, salida al encuentro de Jesús deben ser nuestras mejores actitudes hoy.

P. Sixto Alfonso Flores, Sdb




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