- Dos
conceptos mal entendidos
- Disciplina y
participación
- Pedro
Roque*
Un
primer concepto a desmitificar es el de la
disciplina para distanciarlo de la creencia, que
la disciplina es restricción de la
libertad personal de cada uno. Por toda nuestra
geografía, en la ciudad y en el campo y,
en casi toda la pirámide social, desde
los que viven mejor hasta los que viven menos
bien, observamos conductas contaminadas con
pequeñas y grandes indisciplinas.
Las llegadas tarde a convocatorias, saltarse
los semáforos, no ceder el paso a otros
vehículos, no ceder el paso a los
peatones, no cumplir con los plazos previstos
para los pequeños y los grandes trabajos,
es más bien normal que excepcional.
La raíz de esta conducta la podemos
encontrar en que todavía no hemos
ejercitado la disciplina en serio y no hemos
visto, ni sentido sus grandes ventajas. Por otro
lado, existe la creencia que la disciplina
sólo es aplicable en organizaciones
militares. Es cierto, en los ejércitos de
todos los países existe una
organización que incluye la disciplina
como inherente y todos sus miembros la aplican
diaria y estrictamente. Pero en la casa debe
existir una disciplina hogareña, en las
iglesias una disciplina eclesiástica, en
la calle una disciplina urbana, en las empresas
una disciplina empresarial y en las
instituciones una disciplina institucional.
Cuando escucho la proyección de El
Salvador del futuro en términos de
competitividad, democracia, cultura y
globalización echo en falta, que nunca
hablan de un pueblo disciplinado tanto en los
pequeños compromisos como en las grandes
decisiones. Parece como que la
conceptualización y el ejercicio de la
disciplina no fueran necesarias para conseguir
esa condición. Observando y analizando
las conductas de las personas que viven en los
países desarrollados, fácilmente y
después de sólo algunas horas de
haber llegado, uno se da cuenta del cumplimiento
voluntario de las disciplinas sencillas y de los
sistemas punitivos que existen para el no
cumplimiento.
Aquí es bastante frecuente que una
persona incumpla un compromiso y que se moleste
mucho en lo personal porque se le llama la
atención. Es normal que concientemente y
a pesar del peligro que representa saltarse un
semáforo, mucha gente decida correr el
riesgo, es decir, irrespetar la disciplina de
parar, luego negarlo y además no querer
pagar la multa correspondiente.
En las empresas, a pesar de haber
procedimientos para hacer las cosas e incluso
haber reglamentos internos, muchas de sus
cláusulas sencillas la gente no las
cumple y además, sabiéndolo, los
responsables de corregirlas no las corrigen.
Esta conducta de los supervisores, además
de ser en si una indisciplina, es la fuente de
indisciplinas cada vez más
significativas.
Desde mi punto de vista, la disciplina
debemos entenderla como "la voluntad de hacer
las cosas tal y como está previsto, tal y
como los que diseñaron los procesos
pensaron que hay que hacerlo, porque así
es la mejor forma de hacerlo y seguramente, la
más fácil, la más segura y
la más económica."
No es cierto que la disciplina restringe la
libertad y que a uno le obligan a hacer las
cosas como otros quieren. Para mí, ser
disciplinado y respetar los reglamentos y leyes
establecidas no es una restricción de la
libertad, sino el ordenamiento de nuestras
libertades y la regulación de cómo
hacer las cosas de forma organizada sin hacernos
mal unos a los otros. Por ejemplo, en cosas tan
sencillas como parar frente a una señal
de "alto". Al cumplir yo la pequeña
disciplina de parar y asegurarme que puedo
entrar en la calle sin ningún tipo de
riesgo, lo que en realidad sucede, es que
cumpliendo con la disciplina me garantizo
personalmente y a otros la eliminación de
un riesgo, que de no hacerlo y con un poco de
mala suerte, hasta me puede costar la vida.
¿Es tan difícil de entender esto?
Parece que sí, por las continuas
indisciplinas que observamos.
Concluyendo, la disciplina y el
comportamiento disciplinado de todas las
personas, en todas las disciplinas sencillas, es
un factor muy importante y diferencial para que
el país progrese y con él
también nosotros y, por lo tanto, creo
que deben considerarlo los planificadores del
futuro del país y prever los recursos y
los programas para la reconversión de
hábitos.
Otro concepto que siento continuamente mal
entendido es el de la "participación".
Cuando uno abre un tema para que de forma
participativa se discuta e incluso para que
quienes participan aporten soluciones, resulta
que lo que entienden es que se les pide una
solución particular a cada uno.
Además, asumen que lo importante al final
es imponer la propia solución, la que a
uno más le conviene o es más
conveniente para quienes representa. Para
llevarse el gato al agua se vale de todo, alzar
la voz, advertir de lo que pasará si no
se hace como él dice, amenazar e incluso
ofender.
Resulta que si uno le pide una opinión
a una persona respecto de un tema o una
decisión que queremos tomar y el
contenido de su opinión ya existía
o sencillamente no es posible incluirla en la
decisión final, también se molesta
a nivel personal, como que si lo que se le
preguntó fue qué quiere él
que hagamos.
Otra versión que interesa comentar
sobre la participación, es que
frecuentemente la asumen como medio para dilatar
en el tiempo las decisiones y que de cada
estudio o análisis que se realiza de
forma participativa, lo que al final se concluye
es posponer y volver a posponer.
Para mí la participación es la
posibilidad que se nos brinda de tomar parte en
algo, o de incluirnos como parte importante en
la solución de un problema, pero se nos
invita siempre con la intencionalidad de que
nuestra aportación sea positiva y sirva
para agilizar las decisiones, no para frenarlas
o volver las situaciones más complicadas
y lentas...
Analice cómo entiende y asume usted
estos dos conceptos y si está de acuerdo
conmigo explíqueselos a otras personas,
para que seamos un poco más disciplinados
y participemos con positivismo en la
solución de situaciones a las que se nos
invita...
Si usted es empresario, gerente, supervisor,
padre o madre de familia, recuerde que estas
cosas como mejor se enseñan es con el
buen ejemplo.