Domingo 19 de noviembre


Verdadero liderazgo
Tomar decisiones
Teresa Guevara de López

Una de las tareas más difíciles en la labor de formar alumnos, y de educar hijos, es desarrollar virtudes y valores que les permitan tener criterios rectos, generar opiniones y, en especial, tomar decisiones, porque de ello dependerá el éxito o el fracaso del educando en su desempeño profesional. No es tan sencillo como parece, porque tomar una decisión es casi la parte final de un proceso que ha comenzado por recabar información, asegurarse de su veracidad, analizar los diferentes elementos de juicio para llegar a tener una visión clara del asunto, y con esta base, decidir. Pero no es éste el final de la historia, porque una vez tomada la decisión, es mantenerse firme, verificar si se ha cumplido y si las consecuencias o resultados obtenidos han sido los esperados.

¡Qué necesidad tiene El Salvador en esta época de cambios, de verdaderos líderes que tengan la valentía de tomar decisiones y de hacerlas cumplir! Y qué cómodo resulta detectar un problema, conocer sus causas, sufrir sus consecuencias, tomar una decisión, y luego tranquilamente pasar a otra cosa, o no hacer nada, ya que el empeño en echarla a andar puede tener un costo político o el riesgo de que no le caiga bien a todo el mundo. Como ejemplos lamentables, que están causando dolor, pérdidas económicas, daños morales a la mayoría de la población, podríamos mencionar, en primer lugar, los buses. Todos sabemos que hay maltrato para el pobre y sufrido usuario. Unidades en pésimo estado que han causado cientos de muertes, por irresponsabilidad. Mala educación de parte de los motoristas, causantes de accidentes y de caos vehicular. Que hay un subsidio para el diesel, gracias al cual todos pagamos más por la gasolina, y denuncias de que esto genera pingües ganancias para los propietarios de unidades fantasmas, que no circulan, pero cobran. ¿Suficiente? No, porque además cuando se les ocurre, inventan un paro como el último que dañó no sólo a la población que utiliza el sistema de transporte colectivo, sino además se hizo sentir en toda la población porque se permitieron el lujo de cerrar todas las calles de acceso con sus unidades. Ante la indignación de la población se habló de tomar medidas: de quitar el subsidio, de poner multas y no sé cuantas cosas más, que por supuesto no se cumplieron. ¿Por qué no se mantienen esas decisiones en este momento en que el MOP está hablando del Fondo Vial?

Estamos iniciándonos en el camino de la democracia, y es reconfortante observar la seguridad con que las personas se pronuncian, se quejan y exigen. Pero resulta inconcebible que cualquier grupo se considere con el derecho de tomarse una calle, detener el tráfico, impedir a los ciudadanos realizar sus obligaciones diarias, sólo porque a alguien se le ocurrió que la mejor manera de expresar su inconformidad es a expensas de sus ciudadanos. ¡Todavía está fresca en la memoria de los salvadoreños, la figura lamentable de miembros del gremio médico (antes tan respetado y venerado) sentados en plena calle, indiferentes al dolor, que un día juraron mitigar, realizando su protesta, que resulta legítima si se considera que el sueldo mensual de muchos médicos en los hospitales nacionales es menor que la cuota de gasolina de un diputado.

Creo que cada uno de los salvadoreños guardamos en nuestra memoria una cadena de hechos que podríamos agregar a los dos enumerados: Los casinos ilegales, pero que allí siguen. Un diputado que irrespetó a su calidad de representante de un pueblo crédulo que lo eligió, y cuyo bochornoso comportamiento no ha podido ser sancionado. Las carreras de carros suicidas, en las madrugadas, que han cobrado ya tantas vidas inocentes; la venta indiscriminada de licor a menores de edad. Se sugirió, y mereció el aplauso de la mayoría de la población, el que se controlara la hora de cierre o de venta de licor en los bares, pero nadie tuvo el valor de hacerlo. El caso del robo de furgones, la corrupción en la FEDEFUT, los narcotraficantes, el caso de Katya, el de la Zona Rosa, los diputados faltistas, los viajeros que cobran jugosos viáticos, y tantos otros en que se antepone el procedimiento a la justicia. Nuestras leyes, a veces tan inoperantes, son la delicia de abogados sin ningún sentido de la ética, que encuentran así la oportunidad de medrar, aduciendo "vacíos legales" que la mayoría de las veces constituyen la manera ideal de escapar impunemente de la justicia.

Es imperativo que las personas investidas de autoridad comprendan que tienen la obligación moral de tomar decisiones, mantenerlas y asumir responsablemente sus consecuencias, ya que sólo así nuestro pueblo se educará haciendo suyo el principio de que el bien común priva sobre el bien particular, que la libertad de cada uno termina, donde comienza la de los demás, y que el respeto al derecho ajeno, es la paz.


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