- Verdadero
liderazgo
- Tomar
decisiones
- Teresa
Guevara de López
Una
de las tareas más difíciles en la
labor de formar alumnos, y de educar hijos, es
desarrollar virtudes y valores que les permitan
tener criterios rectos, generar opiniones y, en
especial, tomar decisiones, porque de ello
dependerá el éxito o el fracaso
del educando en su desempeño profesional.
No es tan sencillo como parece, porque tomar una
decisión es casi la parte final de un
proceso que ha comenzado por recabar
información, asegurarse de su veracidad,
analizar los diferentes elementos de juicio para
llegar a tener una visión clara del
asunto, y con esta base, decidir. Pero no es
éste el final de la historia, porque una
vez tomada la decisión, es mantenerse
firme, verificar si se ha cumplido y si las
consecuencias o resultados obtenidos han sido
los esperados.
¡Qué necesidad tiene El Salvador
en esta época de cambios, de verdaderos
líderes que tengan la valentía de
tomar decisiones y de hacerlas cumplir! Y
qué cómodo resulta detectar un
problema, conocer sus causas, sufrir sus
consecuencias, tomar una decisión, y
luego tranquilamente pasar a otra cosa, o no
hacer nada, ya que el empeño en echarla a
andar puede tener un costo político o el
riesgo de que no le caiga bien a todo el mundo.
Como ejemplos lamentables, que están
causando dolor, pérdidas
económicas, daños morales a la
mayoría de la población,
podríamos mencionar, en primer lugar, los
buses. Todos sabemos que hay maltrato para el
pobre y sufrido usuario. Unidades en
pésimo estado que han causado cientos de
muertes, por irresponsabilidad. Mala
educación de parte de los motoristas,
causantes de accidentes y de caos vehicular. Que
hay un subsidio para el diesel, gracias al cual
todos pagamos más por la gasolina, y
denuncias de que esto genera pingües
ganancias para los propietarios de unidades
fantasmas, que no circulan, pero cobran.
¿Suficiente? No, porque además
cuando se les ocurre, inventan un paro como el
último que dañó no
sólo a la población que utiliza el
sistema de transporte colectivo, sino
además se hizo sentir en toda la
población porque se permitieron el lujo
de cerrar todas las calles de acceso con sus
unidades. Ante la indignación de la
población se habló de tomar
medidas: de quitar el subsidio, de poner multas
y no sé cuantas cosas más, que por
supuesto no se cumplieron. ¿Por qué
no se mantienen esas decisiones en este momento
en que el MOP está hablando del Fondo
Vial?
Estamos iniciándonos en el camino de
la democracia, y es reconfortante observar la
seguridad con que las personas se pronuncian, se
quejan y exigen. Pero resulta inconcebible que
cualquier grupo se considere con el derecho de
tomarse una calle, detener el tráfico,
impedir a los ciudadanos realizar sus
obligaciones diarias, sólo porque a
alguien se le ocurrió que la mejor manera
de expresar su inconformidad es a expensas de
sus ciudadanos. ¡Todavía está
fresca en la memoria de los salvadoreños,
la figura lamentable de miembros del gremio
médico (antes tan respetado y venerado)
sentados en plena calle, indiferentes al dolor,
que un día juraron mitigar, realizando su
protesta, que resulta legítima si se
considera que el sueldo mensual de muchos
médicos en los hospitales nacionales es
menor que la cuota de gasolina de un
diputado.
Creo que cada uno de los salvadoreños
guardamos en nuestra memoria una cadena de
hechos que podríamos agregar a los dos
enumerados: Los casinos ilegales, pero que
allí siguen. Un diputado que
irrespetó a su calidad de representante
de un pueblo crédulo que lo
eligió, y cuyo bochornoso comportamiento
no ha podido ser sancionado. Las carreras de
carros suicidas, en las madrugadas, que han
cobrado ya tantas vidas inocentes; la venta
indiscriminada de licor a menores de edad. Se
sugirió, y mereció el aplauso de
la mayoría de la población, el que
se controlara la hora de cierre o de venta de
licor en los bares, pero nadie tuvo el valor de
hacerlo. El caso del robo de furgones, la
corrupción en la FEDEFUT, los
narcotraficantes, el caso de Katya, el de la
Zona Rosa, los diputados faltistas, los viajeros
que cobran jugosos viáticos, y tantos
otros en que se antepone el procedimiento a la
justicia. Nuestras leyes, a veces tan
inoperantes, son la delicia de abogados sin
ningún sentido de la ética, que
encuentran así la oportunidad de medrar,
aduciendo "vacíos legales" que la
mayoría de las veces constituyen la
manera ideal de escapar impunemente de la
justicia.
Es imperativo que las personas investidas de
autoridad comprendan que tienen la
obligación moral de tomar decisiones,
mantenerlas y asumir responsablemente sus
consecuencias, ya que sólo así
nuestro pueblo se educará haciendo suyo
el principio de que el bien común priva
sobre el bien particular, que la libertad de
cada uno termina, donde comienza la de los
demás, y que el respeto al derecho ajeno,
es la paz.