La
Nota del Día
16 de Noviembre de 2000
Casi un siglo de
estabilidad
Es un honor para nuestro país ser la
sede de la Trigésima Cuarta Asamblea de
la Federación Latinoamericana de Bancos
(FELABAN), que reúne a las más
prestigiosas entidades de su género en el
Continente. Pero hay en esto, cabe decir, un
válido simbolismo: Iberoamérica
está dejando atrás la era de las
ruinosas inflaciones, y entra a una época
de sensatez y correcto manejo monetario, lo que
precisamente ha caracterizado a El Salvador en
los últimos setenta años.
Hagamos un poco de historia. En 1932, a
raíz del colapso de los precios
internacionales del café y la Gran
Depresión Mundial, El Salvador no pudo
seguir sosteniendo el tipo de cambio de dos
colones por dólar. Era necesario,
además, crear una sola entidad con la
potestad para emitir moneda. Con tal motivo se
celebró un convenio con el Banco de
Inglaterra para la llegada de un grupo de
expertos, que organizarían el Banco
Central de El Salvador. El gobierno
adquirió uno de los bancos emisores,
existentes entonces, para que sirviera como
fundamento.
El grupo de expertos, encabezados por el
señor W. Powell, no sólo se
encargó de fijar las atribuciones legales
de la naciente entidad, sino que hizo escuela y
sentó los principios que deberían
regir en adelante, el manejo monetario
salvadoreño. Al finalizar sus tareas este
equipo asesor, quedó como presidente del
Banco Central, don Luis Alfaro Durán,
quien fungió en tal cargo hasta 1954. La
tradición continuó pese a su
estatización por presiones de la Alianza
para el Progreso.
¿Estatización? El Banco Central
fue, en sus primeros treinta años de
vida, una entidad semi pública, con una
directiva formada por delegados oficiales y
representantes de los accionistas privados. Con
ello se conjugaba lo mejor de dos mundos: el
objetivo general, con la vigilancia
independiente. Los funcionarios "sin rostro"
histórico, actuaban al lado de gente con
interés permanente en la buena marcha.
Fue tan fuerte la política establecida,
que hasta hace poco, un número de
directores era escogido por su trayectoria y
prestigio personal.
Hay que salvar los dos
peligrosos escollos
Con excepción de los años de
desgobierno demócrata cristiano, el Banco
Central pudo mantenerse al margen de la
política. Y aun en esa década de
vergüenza, pese a que la llamada Junta
Monetaria asumió las funciones del
Central desde la Casa Presidencial, la tarea
básica de proteger la estabilidad de la
moneda se logró en cierta medida. Pasamos
de una paridad de dos y medio por dólar,
en 1979, a 8.75, en 1989.
La experiencia salvadoreña debe ser
tomada en cuenta por los países que se
encuentran entre la Escila de la
dolarización y el Caribdis de las tasas
variables de cambio. Un esquema en el cual
participen accionistas privados y cuente con la
asesoría de un Banco Central europeo o
miembro de la Reserva Federal, tiene permanencia
y la suficiente flexibilidad, para navegar en
todos los mares. En tal forma es que han venido
actuando los bancos centrales europeos bajo la
decisiva influencia del Bundesbank y su
principio rector de mantener precios
estables.
La banca salvadoreña ha logrado
extraordinarios avances después de la
catástrofe de la
"nacionalización", que dejó a
todas las entidades financieras
técnicamente en bancarrota. Las
discusiones, experiencias y enseñanzas
que emanarán de esta Asamblea, han de
contribuir en gran medida a consolidar lo
realizado.