Martes 14 de noviembre


El voto de castigo
Revive el Frente
Ricardo Rivas

Por estar en que si Bush o en que si Gore, a muchos se les pasó el retorno de los sandinistas al poder; interesante lección para todos. "Los muchachos", como les decía doña Violeta, no veían una que valiera la pena desde 1990. Ahora, además de haber ganado la mayoría de cabeceras departamentales -incluyendo Managua-, el voto popular les puso en buena posición de salida para las elecciones presidenciales de 2001. Para los rojinegros del Frente Sandinista de Liberación Nacional, una buena forma de celebrar el triunfo podría ser erigiendo un altar al presidente Alemán; esto les permitiría rendir agradecido tributo al figurón presidencial por su contribución a la causa de Sandino. Fue pura cuestión de "dedo" e imagen.

Hablando del inefable índice presidencial con el que "dedocráticamente" escogió, no a los mejores candidatos, sino a los que él quiso, salta a la vista el ejemplo del que "iba" a ser el candidato del partido de Alemán por el municipio de Managua: Pedro Solórzano, el popular Pedro "Carretón", quien, según dicen los managuas, de haber quedado bajo la sombra del inextricable dedo, hubiera dejado a los sandinistas con las boinas municipales puestas -al menos en la capital nicaragüense-.

De ahí, la imagen.... ¡Ayyy, la imagen de don Arnoldo!, la de él y la de su gobierno son un desastre. El hombre ha hecho y desecho como ha querido; los nicas le acusan de corrupción, nepotismo, autoritarismo y todos lo "ismos" imaginables. De remate, su "estrategia" de imagen, comunicaciones y asuntos conexos se la llevan, según dicen, la mismísima eminencia argentina y su "troupé" de colaboradores a los que hacía referencia el director de "El Diario de Hoy" en su editorial "De argentinos y empiscuchadas" en marzo de este año, el mismo grupito itinerante que se deslumbró por el verdor centroamericano y que últimamente viaja de fiasco en fiasco por nuestros países.

La derrota del partido en el gobierno ya se veía venir, el PLC y su presidente la amarraron el año pasado cuando firmaron el pacto liberal-sandinista que, a la postre, resultó ser como la repartida de bolsitas al final de la piñata. Por más que otros interesados en el tema traten de sacarle la raíz cuadrada o la hipotenusa al asunto, la percepción de los nicaragüenses es que a la tal repartición nadie los invitó, fue más bien una piñatita privada, entre dos. No en balde se refieren al amarre bipartidista como "el kupia kumi" (un solo corazón, en dialecto miskito) o "un gran together" (en caliche nuestro).

No se puede jugar con la inteligencia y el hambre de la gente. El voto de castigo, consecuencia de la desesperanza y la frustración generadas por el gobierno de Alemán, pudo más que el recuerdo de un pésimo ensayo marxista impulsado desde Cuba y llevado a la práctica por los sandinistas, durante la administración del ex presidente Daniel Ortega Saavedra. Los nicaragüenses están demostrando con su voto, abstención o ausentismo, que la alternancia en el poder es el recurso democrático que tienen los pueblos para castigar a los malos gobiernos. ¿Que la medicina salga peor que la enfermedad? Esos ya son otros cinco pesos.

Así es la democracia. Algunas veces, los electores nos fijamos en quién nos gobierna para decidir quién nos gobernará; otras, nos fijamos en quién nos gobernará, importándonos medio rábano quién nos gobierne.

En las elecciones nicaragüenses del domingo 5 no ganaron los sandinistas, perdió Alemán.


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