- El voto
de castigo
- Revive el Frente
- Ricardo
Rivas
Por
estar en que si Bush o en que si Gore, a muchos
se les pasó el retorno de los sandinistas
al poder; interesante lección para todos.
"Los muchachos", como les decía
doña Violeta, no veían una que
valiera la pena desde 1990. Ahora, además
de haber ganado la mayoría de cabeceras
departamentales -incluyendo Managua-, el voto
popular les puso en buena posición de
salida para las elecciones presidenciales de
2001. Para los rojinegros del Frente Sandinista
de Liberación Nacional, una buena forma
de celebrar el triunfo podría ser
erigiendo un altar al presidente Alemán;
esto les permitiría rendir agradecido
tributo al figurón presidencial por su
contribución a la causa de Sandino. Fue
pura cuestión de "dedo" e imagen.
Hablando del inefable índice
presidencial con el que
"dedocráticamente" escogió, no a
los mejores candidatos, sino a los que él
quiso, salta a la vista el ejemplo del que "iba"
a ser el candidato del partido de Alemán
por el municipio de Managua: Pedro
Solórzano, el popular Pedro
"Carretón", quien, según dicen los
managuas, de haber quedado bajo la sombra del
inextricable dedo, hubiera dejado a los
sandinistas con las boinas municipales puestas
-al menos en la capital nicaragüense-.
De ahí, la imagen.... ¡Ayyy, la
imagen de don Arnoldo!, la de él y la de
su gobierno son un desastre. El hombre ha hecho
y desecho como ha querido; los nicas le acusan
de corrupción, nepotismo, autoritarismo y
todos lo "ismos" imaginables. De remate, su
"estrategia" de imagen, comunicaciones y asuntos
conexos se la llevan, según dicen, la
mismísima eminencia argentina y su
"troupé" de colaboradores a los que
hacía referencia el director de "El
Diario de Hoy" en su editorial "De argentinos y
empiscuchadas" en marzo de este año, el
mismo grupito itinerante que se deslumbró
por el verdor centroamericano y que
últimamente viaja de fiasco en fiasco por
nuestros países.
La derrota del partido en el gobierno ya se
veía venir, el PLC y su presidente la
amarraron el año pasado cuando firmaron
el pacto liberal-sandinista que, a la postre,
resultó ser como la repartida de bolsitas
al final de la piñata. Por más que
otros interesados en el tema traten de sacarle
la raíz cuadrada o la hipotenusa al
asunto, la percepción de los
nicaragüenses es que a la tal
repartición nadie los invitó, fue
más bien una piñatita privada,
entre dos. No en balde se refieren al amarre
bipartidista como "el kupia kumi" (un solo
corazón, en dialecto miskito) o "un gran
together" (en caliche nuestro).
No se puede jugar con la inteligencia y el
hambre de la gente. El voto de castigo,
consecuencia de la desesperanza y la
frustración generadas por el gobierno de
Alemán, pudo más que el recuerdo
de un pésimo ensayo marxista impulsado
desde Cuba y llevado a la práctica por
los sandinistas, durante la
administración del ex presidente Daniel
Ortega Saavedra. Los nicaragüenses
están demostrando con su voto,
abstención o ausentismo, que la
alternancia en el poder es el recurso
democrático que tienen los pueblos para
castigar a los malos gobiernos. ¿Que la
medicina salga peor que la enfermedad? Esos ya
son otros cinco pesos.
Así es la democracia. Algunas veces,
los electores nos fijamos en quién nos
gobierna para decidir quién nos
gobernará; otras, nos fijamos en
quién nos gobernará,
importándonos medio rábano
quién nos gobierne.
En las elecciones nicaragüenses del
domingo 5 no ganaron los sandinistas,
perdió Alemán.