- Palabras
- El huerto del
corazón
- Carlos
Balaguer
"Quisiera que la muerte me encontraste
plantando mis coles", escribe Montaigne. Dichoso
a quien la muerte descubre plantando sus
rosales. La muerte no puede robar esos perfumes.
No obstante, no todos luchan por la vida
haciendo el pan sagrado o plantando un
jardín. Hay quienes se ganan la vida
matando o destruyendo. Tan duro es vivir para
esa gente.
E. D'Ors nos dice: "Bienaventurada la tarea
en que se puede cantar". Hay quienes ganan esa
lucha cantando. Otros sollozando. Pero en el
fondo, es la más dulce promesa, la
batalla más preciada. Ya lo dice Vinet:
"La vida no es un día de fiesta ni un
día de luto, es un día de
trabajo".
"Ser o no ser -escribía Shakespeare en
Hamlet-, esta es la cuestión.
"¿Es de más noble espíritu
sufrir la arremetida y los dardos de la adversa
fortuna, o, por el contrario, empuñar las
armas por un mar de adversidades, y terminar con
ellas haciéndoles frente? Morir, dormir,
nada más".
Caer en vida, en ese duro trajín de
alcanzar la plenitud, decir como Quevedo y
Villegas: "Vive, muerte, callada y divertida la
vida misma; la salud en guerra de su propio
alimento combatida. ¡Oh, cuánto
inadvertido el hombre yerra que en tierra teme
que caerá la vida, y no ve que viviendo
cayó en tierra".