Lunes 13 de noviembre 2000


Palabras
El huerto del corazón
Carlos Balaguer

"Quisiera que la muerte me encontraste plantando mis coles", escribe Montaigne. Dichoso a quien la muerte descubre plantando sus rosales. La muerte no puede robar esos perfumes. No obstante, no todos luchan por la vida haciendo el pan sagrado o plantando un jardín. Hay quienes se ganan la vida matando o destruyendo. Tan duro es vivir para esa gente.

E. D'Ors nos dice: "Bienaventurada la tarea en que se puede cantar". Hay quienes ganan esa lucha cantando. Otros sollozando. Pero en el fondo, es la más dulce promesa, la batalla más preciada. Ya lo dice Vinet: "La vida no es un día de fiesta ni un día de luto, es un día de trabajo".

"Ser o no ser -escribía Shakespeare en Hamlet-, esta es la cuestión.

"¿Es de más noble espíritu sufrir la arremetida y los dardos de la adversa fortuna, o, por el contrario, empuñar las armas por un mar de adversidades, y terminar con ellas haciéndoles frente? Morir, dormir, nada más".

Caer en vida, en ese duro trajín de alcanzar la plenitud, decir como Quevedo y Villegas: "Vive, muerte, callada y divertida la vida misma; la salud en guerra de su propio alimento combatida. ¡Oh, cuánto inadvertido el hombre yerra que en tierra teme que caerá la vida, y no ve que viviendo cayó en tierra".


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