- Orientaciones
familiares
- El conocimiento mutuo
de los novios
- Por
Pastor Mario Vega
- E-mail: rrsantaana@ejje.com
Muchas
personas se quejan de haberse casado con alguien
que no se parece en nada a aquella persona que
conocieron durante el noviazgo. Ellos no
hubiesen tomado la decisión de casarse si
hubiesen sabido cómo esa persona era.
Esta es una queja que se escucha con bastante
frecuencia.
Cuando una persona sabe que no le es
indiferente a otra la reacción natural es
la de comportarse de la mejor manera posible.
Cuida de su aspecto, de sus modales, de su
lenguaje, de sus actitudes. Es todo un esfuerzo
por crear una imagen que no siempre corresponde
a la realidad.
Esta reacción es casi inevitable y
llega a ser parte del galanteo y del noviazgo.
La situación se vuelve peligrosa cuando
el esfuerzo que hace una persona por parecer
distinta encubre elementos que se
volverán verdaderos obstáculos en
la vida matrimonial.
El sostener una imagen falsa puede durar
bastante tiempo, pero no para siempre. El
problema se produce cuando el matrimonio ocurre
antes de llegar a la etapa de
descubrimiento.
La experiencia en la consejería
sugiere que un noviazgo debe ser lo
suficientemente largo como para permitir la
salida de la etapa de galanteo y pasar a la
vivencia de los cuadros reales. Cuanto
más tiempo una pareja de novios pueda
posponer su matrimonio tanta mayor seguridad
tendrán de conocerse más.
El solo tiempo no es una garantía que
asegure pasar de la etapa de galanteo a la
manifestación de la verdadera
personalidad. Los novios pudieran prolongar
considerablemente su relación sin lograr
ver más allá de la máscara
de ilusión y fantasía.
Para descubrir la realidad es importante que
los novios puedan profundizar en el conocimiento
mutuo. No se deben evitar aquellas situaciones
en las que se manifiestan puntos de vista
adversos. Por el contrario, se deben explorar
éstas áreas de disención a
fin de construír puentes que faciliten el
entendimiento.
El romance no debe cegar a los novios con
respecto a los deméritos de
carácter de la otra persona. El perdonar
constantemente las desavenencias o hasta las
ofensas es bueno; pero, no al punto de verse
cegado hacia una realidad que en el matrimonio
puede intensificarse volviendo difícil el
entendimiento.
Cuando los novios discuten constantemente,
pelean y vuelven a reconciliarse, podría
pensarse que están viviendo situaciones
típicas del noviazgo. Pero éstas
deben ser valoradas objetivamente. Se deben
observar las reacciones. Si se producen
expresiones hirientes o destructivas o
intenciones de desquite o venganza. El no
volverse ciego a este tipo de hechos
permitirá a las parejas tener elementos
de juicio valederos al momento de tomar una
decisión.