Viernes 10 de noviembre 2000


Orientaciones familiares
El conocimiento mutuo de los novios
Por Pastor Mario Vega
E-mail: rrsantaana@ejje.com

Muchas personas se quejan de haberse casado con alguien que no se parece en nada a aquella persona que conocieron durante el noviazgo. Ellos no hubiesen tomado la decisión de casarse si hubiesen sabido cómo esa persona era. Esta es una queja que se escucha con bastante frecuencia.

Cuando una persona sabe que no le es indiferente a otra la reacción natural es la de comportarse de la mejor manera posible. Cuida de su aspecto, de sus modales, de su lenguaje, de sus actitudes. Es todo un esfuerzo por crear una imagen que no siempre corresponde a la realidad.

Esta reacción es casi inevitable y llega a ser parte del galanteo y del noviazgo. La situación se vuelve peligrosa cuando el esfuerzo que hace una persona por parecer distinta encubre elementos que se volverán verdaderos obstáculos en la vida matrimonial.

El sostener una imagen falsa puede durar bastante tiempo, pero no para siempre. El problema se produce cuando el matrimonio ocurre antes de llegar a la etapa de descubrimiento.

La experiencia en la consejería sugiere que un noviazgo debe ser lo suficientemente largo como para permitir la salida de la etapa de galanteo y pasar a la vivencia de los cuadros reales. Cuanto más tiempo una pareja de novios pueda posponer su matrimonio tanta mayor seguridad tendrán de conocerse más.

El solo tiempo no es una garantía que asegure pasar de la etapa de galanteo a la manifestación de la verdadera personalidad. Los novios pudieran prolongar considerablemente su relación sin lograr ver más allá de la máscara de ilusión y fantasía.

Para descubrir la realidad es importante que los novios puedan profundizar en el conocimiento mutuo. No se deben evitar aquellas situaciones en las que se manifiestan puntos de vista adversos. Por el contrario, se deben explorar éstas áreas de disención a fin de construír puentes que faciliten el entendimiento.

El romance no debe cegar a los novios con respecto a los deméritos de carácter de la otra persona. El perdonar constantemente las desavenencias o hasta las ofensas es bueno; pero, no al punto de verse cegado hacia una realidad que en el matrimonio puede intensificarse volviendo difícil el entendimiento.

Cuando los novios discuten constantemente, pelean y vuelven a reconciliarse, podría pensarse que están viviendo situaciones típicas del noviazgo. Pero éstas deben ser valoradas objetivamente. Se deben observar las reacciones. Si se producen expresiones hirientes o destructivas o intenciones de desquite o venganza. El no volverse ciego a este tipo de hechos permitirá a las parejas tener elementos de juicio valederos al momento de tomar una decisión.


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