La
Nota del Día
06 de Noviembre de 2000
Puede erradicarse la
"huelepega"
Publicamos la semana pasada la foto de un
joven huelepega custodiado por un agente
policial, una de las decenas de miles de
víctimas del vicio. En toda la ciudad, a
cualquier hora, estas escenas se repiten, sin
que la mayoría de los pobladores tomen
nota especial de esas tragedias.
¿Es acaso inevitable que haya
huelepegas? La temible droga, la pega, a
diferencia del resto de estupefacientes y
sustancias embrutecedoras, se consigue con
facilidad: en pequeñas
ferreterías, en talleres de
reparación de zapatos, por camellos de la
pega que deambulan en parques y calles, los
jóvenes pueden comprar la sustancia.
Además es barata. Si las pobres almas que
limpian parabrisas y echan fuego por la boca, se
entretienen y suicidan con la pega, es a causa
de lo modesto del precio, similar al del
alcohol.
La pregunta que surge es: ¿A qué
se debe la apatía de las autoridades, de
todas las autoridades, incluyendo diputados,
jueces y magistrados, ante la plaga de la pega?
En El Salvador hay una división policial
encargada de perseguir el narcotráfico, e
inclusive, a Dios gracias, se ha instalado un
radar especializado y centro de monitoreo, para
detectar aviones piratas que transportan droga,
con la sola y asombrosa oposición de la
izquierda. El objetivo primordial de esos
esfuerzos es impedir que nuestro país sea
un lugar de trasiego de droga hacia Estados
Unidos, y que parte de esa droga se quede
aquí. Pero no hay ningún esfuerzo
organizado para detener la venta de la pega,
llegándose a sospechar por algunos, de
que la inacción se debe a que ni los
hijos de los diputados, o de los altos
funcionarios, o de los hombres de negocios,
andan oliendo pega.
No sería nada difícil, por lo
que entendemos, poner un alto casi total a esto
de la pega: con el simple expediente de
agregarle sustancias que la vuelva repugnante al
olfato, se puede reducir en alto grado su
consumo. Es decir, que se prohíba la
importación de pega en su estado
primigenio, y que sólo se autorice la que
tenga el aditivo. Obviamente, entrará
pega de contrabando de países sin esa
restricción, pero tiene que llegarse a un
arreglo con los gobiernos vecinos, pues ellos
también saldrían gananciosos.
Niños perdidos que son
víctimas de otros
La pega, de acuerdo con lo que nos dicen
conocedores del asunto, puede provocar ceguera,
amén de los irreparables daños al
cerebro, y afectar la capacidad de pensar, las
emociones y el funcionamiento del organismo.
Literalmente, los huelepegas se embrutecen sin
posibilidad de recuperarse. Y al estar
embrutecidos, no son responsables de sus actos,
además de quedar expuestos a ser
victimizados. Los niños huelepegas son
los que caen en manos de pederastas, que los
arruinan para siempre. Ya supimos de un
intelectual de medianas capacidades, que desde
hace años viene recogiendo niños
en las calles de San Salvador y de su propio
pueblo, a los que sodomiza impunemente.
Los huelepega que sobreviven son los
delincuentes del mañana, individuos sin
oportunidad alguna de redención. Aunque
es imposible erradicar por completo los vicios
que amenazan a niños y jóvenes,
cada medida para reducir tentaciones salva
vidas. Lo que necesitamos es que se tome
conciencia de un mal que casi pasa inadvertido
pero que está causando estragos entre los
niños pobres.