Miércoles 1 de noviembre

























Con el corazón en la mano

Doña Juanita Velasco, de 61 años, ha trabajado en el Asilo de Ancianas, San Vicente de Paúl, en Cojutepeque, brindando su amor y consuelo a las asiladas.

José Osmín Monge
El Diario de Hoy
FOTOS EDH/ALEX SANABRIA

Luciendo un pulcro vestido blanco, doña Juanita se mueve en corredores, dormitorios y jardines del único asilo de ancianas de Cojutepeque.

Siempre está atenta a las necesidades de las 15 internas. Por lo general se le puede encontrar orando junto a otras señoras, ayudándoles a caminar, dándoles de comer y hasta cantando.

Esta señorita ha estado por más de 50 años al frente de esa institución, y gracias a su apoyo y a su disciplina, el lugar es uno de los asilos más cómodos y mejor organizados del país.

Eso lo constatan las internas, quienes aseguran que en esa morada no les hace falta nada. Ellas aseguran que doña Juanita se ha convertido en una madre para ellas.

"No nos podemos quejar de ella, siempre está atenta de todo. Es para nosotras nuestra mamita", comenta doña María Adriana Urquilla, de 95 años, quien le demuestra su agradecimiento con besos y abrazos.

Amor por los demás

Doña Juanita nació en 1939 en San Esteban Catarina, San Vicente, y desde niña sus padres le inculcaron el amor a Cristo y al prójimo.

De adolescente ingresó al convento del padre Dolores Rivas, en San Sebastián, y fue ahí donde aprendió a servir a las personas más necesitadas.

"Ingresé al convento con el deseo de ser monja, pero Dios no quiso que fuera así. En ese lugar lo tenía todo. Yo era la niña bonita del padre, pero cuando él murió me sentí muy mal y decidí retirarme. Gracias a Dios, el amor de mis padres siempre lo tuve", expresa doña Juanita, una mujer de estatura pequeña, ojos negros y piel trigueña.

Al estar de nuevo junto a su adinerada familia, Juanita tomó una decisión: dejar sus comodidades y trabajar en pro de los ancianos. Fue así como en 1955 entró (como ayudante) al asilo San Vicente de Paúl, y desde ese año hasta la fecha ha desbordado todo su amor a las que ahí se encuentran.

"Me siento a gusto con lo que estoy haciendo. Cuando doy amor a las viejitas estoy amando a Jesucristo. Yo no pude ser monja, pero con mi trabajo me siento como si lo fuera. Este asilo se ha convertido en mi casa. Mi cuarto se encuentra en el segundo piso; pero a él sólo llego por las noches. La mayor parte del tiempo la paso con las ancianitas", expresa seriamente Juanita.

Ella dice que por su trabajo recibe un sueldo, otorgado por la Sociedad de Señoras de la Caridad, responsable del asilo.

Mucha disciplina

Una de las cualidades de doña Juanita es su disciplina. La señorita Velasco asegura que gracias al orden que ella ha impuesto todo funciona bien en el lugar. "Estoy pendiente de que el reglamento interno sea respetado", expresa.

Entre las reglas que se ha establecido se encuentran participar en misa y rezar el Santo Rosario todos los días.

"Todas las mañanas yo voy a misa. Al regresar las ancianitas y yo rezamos el Rosario. En este lugar debemos obedecer lo que Dios y la Virgen María nos han ordenado", manifiesta.

Ella asegura que no es enojada y que trata de ser amable y estar sonriente en todo momento.

"A las ancianas les he enseñado a amar al Santísimo y a quererse entre ellas. Aquí tratamos de estar siempre en un ambiente de paz y de armonía", comenta doña Juanita.

Gracias a su entrega y a su amor al prójimo se ha ganado el respeto y la admiración de muchos cojutepecanos. "Hasta acá vienen a visitarme. Gracias a Dios tengo muchos amigos que me quieren", dice doña Juanita.

Pese a la dedicación de doña Juanita y a la ayuda de la Sociedad de Señoras de la Caridad, el asilo tiene algunas necesidades, entre ellas una lavadora eléctrica. Si usted desea ayudar comuníquese al teléfono 271-0122, extensión 1343.

Ayuda desde Nueva York

Recientemente en esta sección fue publicado el caso don Gregorio Fuente, quien a raíz de una caída de un árbol perdió la movilidad de sus piernas. En el reportaje se hizo el llamado para que hicieran realidad el sueño de don Goyo: una silla de ruedas.

Dicho llamado hizo eco en el corazón del doctor Phillip E. Elliot, pastor de la iglesia "The Antioch Batptist Church of Hempstead", de Nueva York, quien donó la silla de ruedas. La entrega la efectuó el señor Fernando Rivera (representante del señor Elliot) el lunes anterior en Dulce Nombre de María, Chalatenango, lugar donde reside don Gregorio.

"Quiero agradecerles por todo lo que han hecho por mí. Espero que Dios les multiplique todas sus bondades", expresó con un sonrisa don Gregorio.


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