Martes 30 de mayo


San Vicente
La borda... ¿amiga o enemiga?

La borda que se levanta en el Bajo Lempa, por hoy, encierra peligros para las comunidades

Sandra Moreno
El Diario de Hoy

Las 110 familias de Santa Marta no confían en la borda que se construye para defenderlas del embate de las aguas del Lempa.

La obra mide 22 kilómetros a lo largo de una de las riberas del río y termina justo en Santa Marta. La desconfianza nace porque el muro de tierra está sin terminar y, con la llegada de las primeras tormentas, será difícil conseguir tierra seca para que sea compactada por la maquinaria y terminar la borda.

El gobierno japonés proporcionó los 25 millones de colones para la construcción de las bordas a ambos lados del Lempa. Por Usulután, la obra llega hasta la comunidad La Canoa.

"Ya tenemos la lluvia encima y las obras de infraestructura de prevención de inundaciones, comprometidas por el gobierno, están a la mitad", advierte Emilio Espín Amprino, de la Fundación para la Cooperación y el Desarrollo Comunal de El Salvador (CORDES).

Los riesgos aumentan debido a que los desagües que no han recibido mantenimiento. "Santa Marta se supone que está protegida por la borda, pero a la par hay una entrada de agua que es la que inunda la población", explica don Gregorio Osorio, presidente del Sistema Económico Social (SES). "Es un dreno para sacar el agua que recoge el sector que está detrás de la borda; sin embargo, con las llenas es lo contrario: El agua entra, no sale".

Ante la situación, la solución es reubicar a las personas de Santa Marta. También se haría con las de Rancho Grande (42 familias) y Taura (44), cuyos terrenos fueron partidos por la borda. Las tres comunidades son las que, todos los años, las inundaciones golpean primero.

Ellos se irían a vivir cerca de San Carlos Lempa. "La reubicación parcial no ha comenzado; estaba programada para febrero. Sabemos que hay voluntad política por parte del Vice Ministerio de Vivienda para hacerlo; sin embargo, no ha iniciado", dice preocupado Espín Amprino ante la llegada del invierno.

En Taura, Inés Avilez, de 54 años, trabajó incansablemente para que se construyera la borda, la cual partió de tajo su terreno de dos manzanas tres cuartos. "Donde está la comodidad también está la incomodidad", dice recordando el dicho popular. "En verano no pudimos cultivar por la borda, y ahora en invierno tampoco, porque hasta el alambre nos han arruinado. Si sembramos algo, llega el ganado que anda suelto y se come lo cultivado".


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