San
Vicente
La
borda... ¿amiga o enemiga?
La borda que se levanta
en el Bajo Lempa, por hoy, encierra peligros
para las comunidades
- Sandra
Moreno
- El
Diario de Hoy
Las
110 familias de Santa Marta no confían en
la borda que se construye para defenderlas del
embate de las aguas del Lempa.
La obra mide 22
kilómetros a lo largo de una de las
riberas del río y termina justo en Santa
Marta. La desconfianza nace porque el muro de
tierra está sin terminar y, con la
llegada de las primeras tormentas, será
difícil conseguir tierra seca para que
sea compactada por la maquinaria y terminar la
borda.
El gobierno japonés
proporcionó los 25 millones de colones
para la construcción de las bordas a
ambos lados del Lempa. Por Usulután, la
obra llega hasta la comunidad La Canoa.
"Ya tenemos la lluvia
encima y las obras de infraestructura de
prevención de inundaciones, comprometidas
por el gobierno, están a la mitad",
advierte Emilio Espín Amprino, de la
Fundación para la Cooperación y el
Desarrollo Comunal de El Salvador (CORDES).
Los riesgos aumentan
debido a que los desagües que no han
recibido mantenimiento. "Santa Marta se supone
que está protegida por la borda, pero a
la par hay una entrada de agua que es la que
inunda la población", explica don
Gregorio Osorio, presidente del Sistema
Económico Social (SES). "Es un dreno para
sacar el agua que recoge el sector que
está detrás de la borda; sin
embargo, con las llenas es lo contrario: El agua
entra, no sale".
Ante la situación,
la solución es reubicar a las personas de
Santa Marta. También se haría con
las de Rancho Grande (42 familias) y Taura (44),
cuyos terrenos fueron partidos por la borda. Las
tres comunidades son las que, todos los
años, las inundaciones golpean primero.
Ellos se irían a
vivir cerca de San Carlos Lempa. "La
reubicación parcial no ha comenzado;
estaba programada para febrero. Sabemos que hay
voluntad política por parte del Vice
Ministerio de Vivienda para hacerlo; sin
embargo, no ha iniciado", dice preocupado
Espín Amprino ante la llegada del
invierno.
En Taura, Inés
Avilez, de 54 años, trabajó
incansablemente para que se construyera la
borda, la cual partió de tajo su terreno
de dos manzanas tres cuartos. "Donde está
la comodidad también está la
incomodidad", dice recordando el dicho popular.
"En verano no pudimos cultivar por la borda, y
ahora en invierno tampoco, porque hasta el
alambre nos han arruinado. Si sembramos algo,
llega el ganado que anda suelto y se come lo
cultivado".