Martes 30 de mayo


Opinando
El camino andado
Nadina Rivas de Doñán*

Con qué tranquilidad se vive en El Salvador en una mañana de sábado. Disminuye el tráfico, ya que no todos tenemos que salir corriendo a los centros de trabajo o a los establecimientos educativos. Es entonces cuando bastantes tenemos la oportunidad de sentarnos apaciblemente a leer el periódico, oír la radio o ver la televisión.

Con la primera tormenta, que por cierto nos inundó a casi todos, se sintió menos calor, se diluyó un poco la contaminación ambiental y este sábado recién pasado amaneció un día con poco sol, pero suficiente claridad y una suave brisa.

Bueno, se preguntarán, a qué viene todo esto. Sucede que tuve la oportunidad de ver, hace poco, un noticiero internacional y enterarme que a escaso tiempo de iniciarse el nuevo milenio, aún se libran muchas guerras en diferentes partes del mundo y por diferentes razones, justificadas o no, y que siguen llevando zozobra a miles y miles de familias.

Sólo por citar algunos casos. Se viven vientos de guerra en Colombia, donde mueren a diario muchas personas. En España, miembros de la ETA asesinaron recientemente a un periodista. Israel y sus países vecinos siguen en una guerra, que los lleva a bombardear puntos estratégicos para las economías de los países de esa región.

Qué mezcla de sentimientos viví ante esas noticias. Tristeza por esas guerras y a la vez alegría porque nosotros ya no estamos en lucha fratricida. Nuevamente me sentí orgullosa de mi país. Después de observar esas imágenes, sentí tranquilidad al ver a mi alrededor y tener la convicción de que ni mi familia ni mis vecinos ni yo tenemos que escuchar más el sonido de una bomba, o pasar una noche entera sin energía eléctrica.

¿Estamos los salvadoreños conscientes de todo lo que hemos alcanzado desde 1992, año en que se firmó la paz? Parece que no hay plena conciencia colectiva de nuestros grandes avances y, a la vez, de lo mucho que nos falta por recuperar y por lograr.

Estamos tan enfrascados en el día a día, en las noticias negativas, que nos vemos obligados a leer para estar "medio informados", que se nos olvida hacer un alto en el camino, analizar lo que hemos vivido, estudiar el presente y mirar hacia el futuro para saber por dónde caminar. El tiempo nos está ganando y los salvadoreños, después de todo, aún no sabemos, como nación, hacia dónde vamos.

No vivimos en una "isla de la fantasía", tenemos serios problemas y entre todos ellos, principalmente la delincuencia y el estado de la economía, no nos dejan caminar con tranquilidad hacia el futuro.

Sin embargo, estas fallas nacionales han llegado y se enquistan entre nosotros por nuestra culpa. Los salvadoreños debemos trabajar muy tesoneramente y mirar, hacia delante para avanzar, y hacia atrás, no para volver y juzgar a los protagonistas de ese momento, sino para analizar lo que hemos caminado, tomar aire y continuar con el avance.

Los salvadoreños con visión de futuro debemos olvidarnos de machacar sobre el ridículo hecho por los diputados, sin distinción, el 1 de mayo, y avanzar desde nuestros hogares y empleos, con nuestros amigos y familias y veremos que cuando la clase política se dé cuenta de que vamos caminando y ellos continúan siendo unos dinosaurios, se preocuparán por correr.

Ignoro si serán capaces de alcanzarnos o, como los dinosaurios, perecerán en el intento, porque no supieron adaptarse, como ya les sucedió hace millones de años.

Ojalá todos tengamos un día de reflexión sobre nuestro destino como nación e internalicemos que, a pesar de los problemas con que vivimos a diario, hemos caminado, y nuestra obligación como salvadoreños, y con nuestros hijos, es continuar construyendo un mejor país.

* Licenciada en Ciencias de la Comunicación.


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