- Opinando
- El camino
andado
- Nadina
Rivas de Doñán*
Con qué tranquilidad se vive en El
Salvador en una mañana de sábado.
Disminuye el tráfico, ya que no todos
tenemos que salir corriendo a los centros de
trabajo o a los establecimientos educativos. Es
entonces cuando bastantes tenemos la oportunidad
de sentarnos apaciblemente a leer el
periódico, oír la radio o ver la
televisión.
Con la primera tormenta, que por cierto nos
inundó a casi todos, se sintió
menos calor, se diluyó un poco la
contaminación ambiental y este
sábado recién pasado
amaneció un día con poco sol, pero
suficiente claridad y una suave brisa.
Bueno, se preguntarán, a qué
viene todo esto. Sucede que tuve la oportunidad
de ver, hace poco, un noticiero internacional y
enterarme que a escaso tiempo de iniciarse el
nuevo milenio, aún se libran muchas
guerras en diferentes partes del mundo y por
diferentes razones, justificadas o no, y que
siguen llevando zozobra a miles y miles de
familias.
Sólo por citar algunos casos. Se viven
vientos de guerra en Colombia, donde mueren a
diario muchas personas. En España,
miembros de la ETA asesinaron recientemente a un
periodista. Israel y sus países vecinos
siguen en una guerra, que los lleva a bombardear
puntos estratégicos para las
economías de los países de esa
región.
Qué mezcla de sentimientos viví
ante esas noticias. Tristeza por esas guerras y
a la vez alegría porque nosotros ya no
estamos en lucha fratricida. Nuevamente me
sentí orgullosa de mi país.
Después de observar esas imágenes,
sentí tranquilidad al ver a mi alrededor
y tener la convicción de que ni mi
familia ni mis vecinos ni yo tenemos que
escuchar más el sonido de una bomba, o
pasar una noche entera sin energía
eléctrica.
¿Estamos los salvadoreños
conscientes de todo lo que hemos alcanzado desde
1992, año en que se firmó la paz?
Parece que no hay plena conciencia colectiva de
nuestros grandes avances y, a la vez, de lo
mucho que nos falta por recuperar y por
lograr.
Estamos tan enfrascados en el día a
día, en las noticias negativas, que nos
vemos obligados a leer para estar "medio
informados", que se nos olvida hacer un alto en
el camino, analizar lo que hemos vivido,
estudiar el presente y mirar hacia el futuro
para saber por dónde caminar. El tiempo
nos está ganando y los
salvadoreños, después de todo,
aún no sabemos, como nación, hacia
dónde vamos.
No vivimos en una "isla de la
fantasía", tenemos serios problemas y
entre todos ellos, principalmente la
delincuencia y el estado de la economía,
no nos dejan caminar con tranquilidad hacia el
futuro.
Sin embargo, estas fallas nacionales han
llegado y se enquistan entre nosotros por
nuestra culpa. Los salvadoreños debemos
trabajar muy tesoneramente y mirar, hacia
delante para avanzar, y hacia atrás, no
para volver y juzgar a los protagonistas de ese
momento, sino para analizar lo que hemos
caminado, tomar aire y continuar con el
avance.
Los salvadoreños con visión de
futuro debemos olvidarnos de machacar sobre el
ridículo hecho por los diputados, sin
distinción, el 1 de mayo, y avanzar desde
nuestros hogares y empleos, con nuestros amigos
y familias y veremos que cuando la clase
política se dé cuenta de que vamos
caminando y ellos continúan siendo unos
dinosaurios, se preocuparán por
correr.
Ignoro si serán capaces de alcanzarnos
o, como los dinosaurios, perecerán en el
intento, porque no supieron adaptarse, como ya
les sucedió hace millones de
años.
Ojalá todos tengamos un día de
reflexión sobre nuestro destino como
nación e internalicemos que, a pesar de
los problemas con que vivimos a diario, hemos
caminado, y nuestra obligación como
salvadoreños, y con nuestros hijos, es
continuar construyendo un mejor país.
* Licenciada en Ciencias de la
Comunicación.