Martes 30 de mayo


La columna nacional
Diario íntimo de un sacerdote
Por Roberto López-Geissmann

Tomando un descanso de la cabalgata política de las semanas anteriores y dejando que "las habas se cocinen un poco más" para ver los resultados que finalmente tuvieron, comentaremos en esta ocasión ese gran libro ("Diario Íntimo de un Sacerdote") del igualmente prócer autor el Lic. Matías Romero, o lo que es lo mismo el padre Romero.

Un reto asumido. Después de leer el extraordinario comentario de Rolando Monterrosa, encontrándome en una agradable velada con el susodicho y con el P. Romero, les comenté a ambos el hecho de que Rolando le había hecho un flaco servicio al comentar su obra, dado que lo había realizado con tal fineza y maestría que intimidaría a cualquiera que quisiera abundar en el "diario íntimo". Poco sabía yo de su contenido ya que apenas iba por las primeras páginas... ahora, después de las casi 700 que componen la obra he llegado a estas conclusiones: 1. Que cuando comenté lo anterior, me arriesgué de ofender a mi buen amigo Matías porque desconocía la gigantesca riqueza que encierra su obra, y que para agotar una primera ronda de comentarios se necesitaría &emdash;al menos&emdash; un par de rastras (o de buses de los grandes) cargadas de ateneístas. 2. Que sí, que el comentario de Rolando era insuperable (para mí al menos), pero que eso carecía de importancia, lo importante e incluso ético era dar voces sobre el suceso de semejante obra, indicar que ahí estaba, viva, coleando, pletórica de enseñanzas, un cable eléctrico al que hay que tocar porque su corriente no mata sino vivifica.

Un libro que es muchos libros. Existe la posibilidad de sistematizar varias temáticas. Personalmente considero que una de ellas tiene características tan especiales que bien podría estar fuera de esta obra, aunque no le resta nada a la calidad ni a la lógica del conjunto; hablaré primero de lo que es la casi totalidad del libro, mostrando después ese tema especial, como si dijéramos de "segundo libro" que en mi opinión puede y debe ser ampliado por su autor en una obra que es de absoluta necesidad, pero veamos...

Matías Romero ha sido un campesinito, un poeta, un estudioso de la filosofía, un sacerdote, un maestro, un político y siempre y en todo un momento un cristiano pletórico de aquella cualidad con la que Kierkegaard gustaba de caracterizar al cristiano por excelencia: la preocupación. Porque Matías la trasluce hasta llegar a la angustia, desde el rapto místico al sueño erótico pasando por la tormenta romántica, la tentación sociopolítica y la crisis de identidad. Así, su libro es una biografía, un relato específico de la vida en el seminario San José de la Montaña de hace medio siglo, una exposición de imágenes de belleza poética variada, un anecdotario por el que desfilan muchas conocidas personalidades y una valiente confesión. Con el valor, todo ello, que le atribuiría clásicamente Goethe -a quien tanto admira Matías- cuando se refiere a que "sólo entre todos se pueden vivir plenamente lo humano".

La humildad del Lic. Romero es tan grande que quien leyere sus confesiones y no le conozca no se hará la idea que el señor es un políglota, muy viajado, periodista, catedrático, ex diputado, miembro del Ateneo y de la Real Academia de la Lengua y uno de los mejores filósofos que hemos tenido en nuestra Patria; así son las almas de verdad grandes. Abordemos ahora el otro punto, el libro dos: presento y defino.

¿Quo Vadis Ecclesia? El tema, apasionante donde los haya, versa sobre os cambios acaecidos en la 2a. mitad del siglo XX en el seno de la Iglesia Católica; los toca en su último capítulo (XVI) desde la página 613 a la 681 (dejando en paréntesis los números 9 y 10, dentro del Cap. por ser de política pura). Profundo, sincero, demoledor: el zoon politikon de Aristóteles, vestido de sacerdote, que avanza con cirios que su santa cólera vuelve dinamitazos, lanzados con el cuidado de un cirujano y con la fuerza de un gladiador de Dios. Sobre esto digo, pido, suplico que nuestro querido y brillante amigo se amplíe; un ensayo, algo que ponga al día los atinados pensamientos que tuvo en el momento de escribir su autobiografía. Allí tocó a su tocayo el arzobispo malogrado, allí se le verá encenderse en un exceso de fe en la labor de rescate del actual Papa -quien tristemente poco ha podido hacer-... ¿Qué ahora, filósofo, pastor, intelectual valiente? ¿Qué opinas de cómo estamos en esto y qué puede hacerse? ¡Danos luz, aunque lo mostrado sea feo!

Finalmente, un profundo y sincero gracias. Cuando vemos libros como estos, aumentamos nuestro orgullo de ser salvadoreños. Y yo, mi estimado, con todo respeto "me la calo" de poder decir que tengo por amigo a ese señorón del intelecto, hombre ejemplar y sacerdote eterno que es el padre Matías Romero.


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