- La
columna nacional
- Diario íntimo
de un sacerdote
- Por
Roberto
López-Geissmann
Tomando
un descanso de la cabalgata política de
las semanas anteriores y dejando que "las habas
se cocinen un poco más" para ver los
resultados que finalmente tuvieron, comentaremos
en esta ocasión ese gran libro ("Diario
Íntimo de un Sacerdote") del igualmente
prócer autor el Lic. Matías
Romero, o lo que es lo mismo el padre
Romero.
Un reto asumido. Después de leer el
extraordinario comentario de Rolando Monterrosa,
encontrándome en una agradable velada con
el susodicho y con el P. Romero, les
comenté a ambos el hecho de que Rolando
le había hecho un flaco servicio al
comentar su obra, dado que lo había
realizado con tal fineza y maestría que
intimidaría a cualquiera que quisiera
abundar en el "diario íntimo". Poco
sabía yo de su contenido ya que apenas
iba por las primeras páginas... ahora,
después de las casi 700 que componen la
obra he llegado a estas conclusiones: 1. Que
cuando comenté lo anterior, me
arriesgué de ofender a mi buen amigo
Matías porque desconocía la
gigantesca riqueza que encierra su obra, y que
para agotar una primera ronda de comentarios se
necesitaría &emdash;al menos&emdash; un
par de rastras (o de buses de los grandes)
cargadas de ateneístas. 2. Que sí,
que el comentario de Rolando era insuperable
(para mí al menos), pero que eso
carecía de importancia, lo importante e
incluso ético era dar voces sobre el
suceso de semejante obra, indicar que ahí
estaba, viva, coleando, pletórica de
enseñanzas, un cable eléctrico al
que hay que tocar porque su corriente no mata
sino vivifica.
Un libro que es muchos libros. Existe la
posibilidad de sistematizar varias
temáticas. Personalmente considero que
una de ellas tiene características tan
especiales que bien podría estar fuera de
esta obra, aunque no le resta nada a la calidad
ni a la lógica del conjunto;
hablaré primero de lo que es la casi
totalidad del libro, mostrando después
ese tema especial, como si dijéramos de
"segundo libro" que en mi opinión puede y
debe ser ampliado por su autor en una obra que
es de absoluta necesidad, pero veamos...
Matías Romero ha sido un campesinito,
un poeta, un estudioso de la filosofía,
un sacerdote, un maestro, un político y
siempre y en todo un momento un cristiano
pletórico de aquella cualidad con la que
Kierkegaard gustaba de caracterizar al cristiano
por excelencia: la preocupación. Porque
Matías la trasluce hasta llegar a la
angustia, desde el rapto místico al
sueño erótico pasando por la
tormenta romántica, la tentación
sociopolítica y la crisis de identidad.
Así, su libro es una biografía, un
relato específico de la vida en el
seminario San José de la Montaña
de hace medio siglo, una exposición de
imágenes de belleza poética
variada, un anecdotario por el que desfilan
muchas conocidas personalidades y una valiente
confesión. Con el valor, todo ello, que
le atribuiría clásicamente Goethe
-a quien tanto admira Matías- cuando se
refiere a que "sólo entre todos se pueden
vivir plenamente lo humano".
La humildad del Lic. Romero es tan grande que
quien leyere sus confesiones y no le conozca no
se hará la idea que el señor es un
políglota, muy viajado, periodista,
catedrático, ex diputado, miembro del
Ateneo y de la Real Academia de la Lengua y uno
de los mejores filósofos que hemos tenido
en nuestra Patria; así son las almas de
verdad grandes. Abordemos ahora el otro punto,
el libro dos: presento y defino.
¿Quo Vadis Ecclesia? El tema,
apasionante donde los haya, versa sobre os
cambios acaecidos en la 2a. mitad del siglo XX
en el seno de la Iglesia Católica; los
toca en su último capítulo (XVI)
desde la página 613 a la 681 (dejando en
paréntesis los números 9 y 10,
dentro del Cap. por ser de política
pura). Profundo, sincero, demoledor: el zoon
politikon de Aristóteles, vestido de
sacerdote, que avanza con cirios que su santa
cólera vuelve dinamitazos, lanzados con
el cuidado de un cirujano y con la fuerza de un
gladiador de Dios. Sobre esto digo, pido,
suplico que nuestro querido y brillante amigo se
amplíe; un ensayo, algo que ponga al
día los atinados pensamientos que tuvo en
el momento de escribir su autobiografía.
Allí tocó a su tocayo el arzobispo
malogrado, allí se le verá
encenderse en un exceso de fe en la labor de
rescate del actual Papa -quien tristemente poco
ha podido hacer-... ¿Qué ahora,
filósofo, pastor, intelectual valiente?
¿Qué opinas de cómo estamos
en esto y qué puede hacerse? ¡Danos
luz, aunque lo mostrado sea feo!
Finalmente, un profundo y sincero gracias.
Cuando vemos libros como estos, aumentamos
nuestro orgullo de ser salvadoreños. Y
yo, mi estimado, con todo respeto "me la calo"
de poder decir que tengo por amigo a ese
señorón del intelecto, hombre
ejemplar y sacerdote eterno que es el padre
Matías Romero.