Martes 30 de mayo


La Nota del Día
 

28 de Mayo de 2000

Leyes distintas para la PNC

En la mayoría de países los cuerpos de policía se rigen por leyes propias, ya que las condiciones en que operan y sus cometidos, son esencialmente distintos al quehacer normal de la gente. El solo hecho de que los policías vayan armados, puedan detener personas, se entrometan en la vida ajena y recopilen información confidencial, los sitúa en una esfera distinta al resto de sus congéneres.

Tanto poder individual e institucional demanda contrapesos de disciplina rigurosa, constantes evaluaciones, dureza en los castigos y depuraciones permanentes. Como compensación, los miembros de un cuerpo policial gozan de prerrogativas y premios que no tiene el resto de empleados y trabajadores. Y lo que vale para un ejército, es aplicado con sus variantes menores a la policía.

Las disposiciones que norman el trabajo en empresas y organizaciones, incluyendo las de gobierno, no funcionan -ni se pretende que funcionen-, en un ejército o cuerpo de vigilancia. Es impensable, digamos, que se organicen sindicatos policiales o militares, con la potestad de irse a una huelga, o montar presión para que se cambien reglas de disciplina. No cuesta imaginar el caos que se generaría, si en medio de un operativo armado, o durante una emergencia grave, los policías y los soldados deciden suspender su quehacer, o formar piquetes alrededor de un puesto de guardia. Y si bien muy pocos justificarían la regla de hierro de las guerrillas, de meterle un tiro en la cabeza al combatiente que desobedece, mantener la disciplina es un requerimiento fundamental para que el cuerpo no se disgregue.

En tal esquema, la separación del cargo, dar de baja, el retiro inmediato, son las penas más severas que se pueden imponer, tanto por fallas al efectuar una misión, como por actos criminales cometidos. En el momento de un ataque, el soldado que se niega a avanzar, o el que traiciona las posiciones de su unidad, por lo general es muerto allí mismo sin contemplaciones, pues la vida del resto se pone en enorme riesgo.

Se requiere protección, no amenaza permanente

La disciplina es imprescindible para salvaguardar a las comunidades que sirve una policía, de abusos y atropellos graves. Los jefes deben poder controlar lo que hace cada agente y lo que es su conducta en el trato con el público. De allí la necesidad permanente de realizar capacitaciones, de instruir a los policías sobre lo que pueden y no pueden hacer, de observar sus comportamientos cuando están de permiso. El hecho de que un policía ande armado, y pueda por tanto herir o matar a otros, obliga a regular con gran detalle lo que les es facultado o no. Se viene a la cabeza el caso del hombre a quien un agente forzó a quedarse en el suelo a media calle "mientras investigaba", y que fue mortalmente atropellado por un vehículo que no pudo distinguirlo en la oscuridad. Pero de acuerdo con las solemnes leyes que se padecen, el policía no pudo ser destituido.

Que en esta tierra tantos miembros de la policía cometan crímenes y formen bandas delincuenciales, comprueba la necesidad de revisar de raíz la Ley de la Policía, para efectuar una depuración profunda, y garantizar la seguridad de los ciudadanos que requieren de protección, no de amenazas. No habrá seguridad mientras esto no se efectúe.


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