La
Nota del Día
28 de Mayo de 2000
Leyes distintas para la
PNC
En la mayoría de países los
cuerpos de policía se rigen por leyes
propias, ya que las condiciones en que operan y
sus cometidos, son esencialmente distintos al
quehacer normal de la gente. El solo hecho de
que los policías vayan armados, puedan
detener personas, se entrometan en la vida ajena
y recopilen información confidencial, los
sitúa en una esfera distinta al resto de
sus congéneres.
Tanto poder individual e institucional
demanda contrapesos de disciplina rigurosa,
constantes evaluaciones, dureza en los castigos
y depuraciones permanentes. Como
compensación, los miembros de un cuerpo
policial gozan de prerrogativas y premios que no
tiene el resto de empleados y trabajadores. Y lo
que vale para un ejército, es aplicado
con sus variantes menores a la
policía.
Las disposiciones que norman el trabajo en
empresas y organizaciones, incluyendo las de
gobierno, no funcionan -ni se pretende que
funcionen-, en un ejército o cuerpo de
vigilancia. Es impensable, digamos, que se
organicen sindicatos policiales o militares, con
la potestad de irse a una huelga, o montar
presión para que se cambien reglas de
disciplina. No cuesta imaginar el caos que se
generaría, si en medio de un operativo
armado, o durante una emergencia grave, los
policías y los soldados deciden suspender
su quehacer, o formar piquetes alrededor de un
puesto de guardia. Y si bien muy pocos
justificarían la regla de hierro de las
guerrillas, de meterle un tiro en la cabeza al
combatiente que desobedece, mantener la
disciplina es un requerimiento fundamental para
que el cuerpo no se disgregue.
En tal esquema, la separación del
cargo, dar de baja, el retiro inmediato, son las
penas más severas que se pueden imponer,
tanto por fallas al efectuar una misión,
como por actos criminales cometidos. En el
momento de un ataque, el soldado que se niega a
avanzar, o el que traiciona las posiciones de su
unidad, por lo general es muerto allí
mismo sin contemplaciones, pues la vida del
resto se pone en enorme riesgo.
Se requiere
protección, no amenaza
permanente
La disciplina es imprescindible para
salvaguardar a las comunidades que sirve una
policía, de abusos y atropellos graves.
Los jefes deben poder controlar lo que hace cada
agente y lo que es su conducta en el trato con
el público. De allí la necesidad
permanente de realizar capacitaciones, de
instruir a los policías sobre lo que
pueden y no pueden hacer, de observar sus
comportamientos cuando están de permiso.
El hecho de que un policía ande armado, y
pueda por tanto herir o matar a otros, obliga a
regular con gran detalle lo que les es facultado
o no. Se viene a la cabeza el caso del hombre a
quien un agente forzó a quedarse en el
suelo a media calle "mientras investigaba", y
que fue mortalmente atropellado por un
vehículo que no pudo distinguirlo en la
oscuridad. Pero de acuerdo con las solemnes
leyes que se padecen, el policía no pudo
ser destituido.
Que en esta tierra tantos miembros de la
policía cometan crímenes y formen
bandas delincuenciales, comprueba la necesidad
de revisar de raíz la Ley de la
Policía, para efectuar una
depuración profunda, y garantizar la
seguridad de los ciudadanos que requieren de
protección, no de amenazas. No
habrá seguridad mientras esto no se
efectúe.