Aboga por las letras
vivas
Mario Vargas Llosa presentará su
último libro y dará una
conferencia el próximo fin de semana en
San Salvador
- Monterrey
- NOTIMEX.-
De
una cosa habría que convencer a los
políticos, señaló Mario
Vargas Llosa a un público que se le
entregó en el Auditorio Luis Elizondo del
Tecnológico de Monterrey: leer literatura
no es perder el tiempo, es un ingrediente
imprescindible para comunicar el
pensamiento.
El escritor de origen peruano provocó
desde la reflexión hasta la carcajada de
los cerca de 2 mil asistentes que casi llenaron
el auditorio, para escuchar su conferencia
magistral de la Cátedra Alfonso Reyes
"Literatura y política: dos visiones del
mundo".
Muchos creen que la literatura no tiene
relación con la política, con los
grandes problemas de la humanidad por ser
ficción, por buscar un ideal, y no es
así, apuntó el intelectual ante
estudiantes, profesores y comunidad en general,
que se congregó para escucharlo cuando
dieron las 18:00 horas en el espacio.
Es importante, comentó, que cuando los
políticos hablen, utilicen un lenguaje en
el que pueda haber entendimiento, que permita
aplaudirlos, elegirlos, reelegirlos o
sancionarlos y volverlos a casa.
"Para que el lenguaje de la política
sea vivo y sea auténtico, y exprese
realmente ideas y se establezca una
comunicación dinámica y creativa,
entre la vida política y la experiencia
común de los ciudadanos, hace falta la
literatura, hace falta saber hablar, y para
saber hablar no existe, no hay otra maestra, que
la literatura", expresó.
"Habría que convencer a los
políticos de que leer buena literatura no
es perder el tiempo, no es un entretenimiento
prescindible, que es o debería ser un
ingrediente esencial de la formación de
un buen político e, incluso, de que no se
puede ser un buen político si uno no sabe
hablar, pero no a través de estereotipos,
como habla un loro, sino a través de un
lenguaje que realmente comunique un
pensamiento", expresó ante el auditorio
que aplaudió su referencia.
Política y literatura
La literatura también tiene otros
efectos políticos, dijo: permite formar
ciudadanos alertas, críticos ante la
realidad, "ciudadanos políticamente
incorrectos", que cotejan lo que ven con lo que
leen.
"Creo que un ciudadano soliviantado por el
contacto de la ficción lograda, de la
ficción que se vive como una experiencia
auténticamente compartida, es
inevitablemente un ciudadano crítico
frente a la realidad y, por lo tanto, un
ciudadano, diríamos, utilizando la
fórmula hoy en día tan en boga,
políticamente incorrecto, un ciudadano al
que es mucho más imposible pasar gato por
liebre".
Sí, entre una y otra esferas hay
distancias, dijo, pero si una se apartase
enteramente de la otra serían
incompletas: la literatura se mutilaría y
la política no sería más
que pragmatismo.
"Si la literatura se aparta enteramente de la
política, sobre todo me refiero a la
novela, ese aspecto de la condición
humana, que es la política, que tiene que
ver con la relación del individuo con su
ciudad, con los otros que comparten con
él las grandezas y las miserias de su
sociedad, la literatura se mutila",
expresó.
"Sin embargo, creo que la política
totalmente vacunada contra la literatura, es una
política que irremediablemente
desembocará en un puro pragmatismo, una
actividad de la que desaparecerá toda
forma de ideal", mencionó.
La relación entre ambas disciplinas,
comentó, debe situarse en un punto
intermedio: entre quienes creen que las letras
pueden ser un instrumento de acción
política y social, y quienes piensan que
son dos cosas esencialmente distintas.
Las dos sin renunciar a lo que son, dijo,
deben acercarse y mantener una intensa
dialéctica, un intercambio
dinámico y crítico que las
enriquezca y las defienda contra la
inhumanidad.