Lunes 15 de mayo


Aboga por las letras vivas

Mario Vargas Llosa presentará su último libro y dará una conferencia el próximo fin de semana en San Salvador

Monterrey
NOTIMEX.-

De una cosa habría que convencer a los políticos, señaló Mario Vargas Llosa a un público que se le entregó en el Auditorio Luis Elizondo del Tecnológico de Monterrey: leer literatura no es perder el tiempo, es un ingrediente imprescindible para comunicar el pensamiento.

El escritor de origen peruano provocó desde la reflexión hasta la carcajada de los cerca de 2 mil asistentes que casi llenaron el auditorio, para escuchar su conferencia magistral de la Cátedra Alfonso Reyes "Literatura y política: dos visiones del mundo".

Muchos creen que la literatura no tiene relación con la política, con los grandes problemas de la humanidad por ser ficción, por buscar un ideal, y no es así, apuntó el intelectual ante estudiantes, profesores y comunidad en general, que se congregó para escucharlo cuando dieron las 18:00 horas en el espacio.

Es importante, comentó, que cuando los políticos hablen, utilicen un lenguaje en el que pueda haber entendimiento, que permita aplaudirlos, elegirlos, reelegirlos o sancionarlos y volverlos a casa.

"Para que el lenguaje de la política sea vivo y sea auténtico, y exprese realmente ideas y se establezca una comunicación dinámica y creativa, entre la vida política y la experiencia común de los ciudadanos, hace falta la literatura, hace falta saber hablar, y para saber hablar no existe, no hay otra maestra, que la literatura", expresó.

"Habría que convencer a los políticos de que leer buena literatura no es perder el tiempo, no es un entretenimiento prescindible, que es o debería ser un ingrediente esencial de la formación de un buen político e, incluso, de que no se puede ser un buen político si uno no sabe hablar, pero no a través de estereotipos, como habla un loro, sino a través de un lenguaje que realmente comunique un pensamiento", expresó ante el auditorio que aplaudió su referencia.

Política y literatura

La literatura también tiene otros efectos políticos, dijo: permite formar ciudadanos alertas, críticos ante la realidad, "ciudadanos políticamente incorrectos", que cotejan lo que ven con lo que leen.

"Creo que un ciudadano soliviantado por el contacto de la ficción lograda, de la ficción que se vive como una experiencia auténticamente compartida, es inevitablemente un ciudadano crítico frente a la realidad y, por lo tanto, un ciudadano, diríamos, utilizando la fórmula hoy en día tan en boga, políticamente incorrecto, un ciudadano al que es mucho más imposible pasar gato por liebre".

Sí, entre una y otra esferas hay distancias, dijo, pero si una se apartase enteramente de la otra serían incompletas: la literatura se mutilaría y la política no sería más que pragmatismo.

"Si la literatura se aparta enteramente de la política, sobre todo me refiero a la novela, ese aspecto de la condición humana, que es la política, que tiene que ver con la relación del individuo con su ciudad, con los otros que comparten con él las grandezas y las miserias de su sociedad, la literatura se mutila", expresó.

"Sin embargo, creo que la política totalmente vacunada contra la literatura, es una política que irremediablemente desembocará en un puro pragmatismo, una actividad de la que desaparecerá toda forma de ideal", mencionó.

La relación entre ambas disciplinas, comentó, debe situarse en un punto intermedio: entre quienes creen que las letras pueden ser un instrumento de acción política y social, y quienes piensan que son dos cosas esencialmente distintas.

Las dos sin renunciar a lo que son, dijo, deben acercarse y mantener una intensa dialéctica, un intercambio dinámico y crítico que las enriquezca y las defienda contra la inhumanidad.


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