Palabras a la
deriva
Son islas las palabras que se juntan en el
mar de la imaginación para formar
pequeños continentes desolados.
Por Enrique
Contreras
Son
palabras esparcidas que destellan cierto
encanto, son párrafos cercanos que se
tocan las orillas, son islas que comparten un
humor, el humor de las palabras que se
aíslan para a solas exhalar su
cálido aliento.
Voy a deshacerme, entonces, en una hilera de
palabras que se doblen en la extensión de
la marea; voy a dejarme llevar por el pulso
marino de la mar.
Mis palabras, ya en desuso, sobre agua
mortuoria irán.
Ya no esperan encontrarse con el amor, esa
palabra que contagia su atrevido fervor, con
quien mis palabras liberaban ondas de caricias
invisibles que estremecían el interior de
tu cuerpo bello.
Mis palabras ya no llegan a los oídos
de tu amor, ya no, por eso, sin más
razón, buscan la muerte y, con ellas,
también yo.
¿Qué oficio tienen las palabras
amorosas si estás tan lejos que ni
siquiera ellas pueden escalarte con su
ráfagas de viento apasionado?
¿Qué oficio tienen mis palabras
si ni siquiera llegan a alcanzarte para soplar
su traviesa brisa sobre tu pecho y musitar tu
escalofrío?
¿Qué oficio tengo yo?
¿Qué caso tiene vivir para mis
palabras si eres alérgica a sus amorosas
estaciones?
Por eso renuncio, y me llevo a mi
ejército de palabras insistentes, a mi
enjambre de palabras ignoradas.
Y es que mis palabras te han perdido, no
vislumbran a su amada, han perdido el regazo
donde dormían y cantaban, se han quedado
sin garganta, se friccionan y el rojo vivo de
sus cuerpos castigados elabora oraciones
dolorosas que imploran mi atención.
Mis palabras van a la deriva, al horizonte de
su suicidio inevitable.
Mis palabras flotan solitarias sobre el mar
esmerilado de esta mente donde retoñas.
Flotan, van dispersas, cada una oliendo a
estrofas de tu piel.
Mis palabras van como un alfabético
enjambre impregnado de los fragmentos de una
verídica ilusión.
Ahí van ellas, flotando en el
albedrío de esta azul marea
imaginaria.
Ahí, la historia y el inmortal pasar
del tiempo nos ahogará hasta sumergirnos
en una profundidad inalcanzable.
Ahí nos perderemos, mis palabras y yo,
solos y sin ti.
Ahí estaremos desalmados, mis palabras
y yo, inertes en el vientre del silencio, ajenos
a todo el bullicio que irradia tu poética
silueta.
Ahí expirarán mis palabras, sin
dolor, sin angustia, sin amor.