Lunes 15 de mayo


Palabras a la deriva

Son islas las palabras que se juntan en el mar de la imaginación para formar pequeños continentes desolados.

Por Enrique Contreras

Son palabras esparcidas que destellan cierto encanto, son párrafos cercanos que se tocan las orillas, son islas que comparten un humor, el humor de las palabras que se aíslan para a solas exhalar su cálido aliento.

Voy a deshacerme, entonces, en una hilera de palabras que se doblen en la extensión de la marea; voy a dejarme llevar por el pulso marino de la mar.

Mis palabras, ya en desuso, sobre agua mortuoria irán.

Ya no esperan encontrarse con el amor, esa palabra que contagia su atrevido fervor, con quien mis palabras liberaban ondas de caricias invisibles que estremecían el interior de tu cuerpo bello.

Mis palabras ya no llegan a los oídos de tu amor, ya no, por eso, sin más razón, buscan la muerte y, con ellas, también yo.

¿Qué oficio tienen las palabras amorosas si estás tan lejos que ni siquiera ellas pueden escalarte con su ráfagas de viento apasionado?

¿Qué oficio tienen mis palabras si ni siquiera llegan a alcanzarte para soplar su traviesa brisa sobre tu pecho y musitar tu escalofrío?

¿Qué oficio tengo yo?

¿Qué caso tiene vivir para mis palabras si eres alérgica a sus amorosas estaciones?

Por eso renuncio, y me llevo a mi ejército de palabras insistentes, a mi enjambre de palabras ignoradas.

Y es que mis palabras te han perdido, no vislumbran a su amada, han perdido el regazo donde dormían y cantaban, se han quedado sin garganta, se friccionan y el rojo vivo de sus cuerpos castigados elabora oraciones dolorosas que imploran mi atención.

Mis palabras van a la deriva, al horizonte de su suicidio inevitable.

Mis palabras flotan solitarias sobre el mar esmerilado de esta mente donde retoñas. Flotan, van dispersas, cada una oliendo a estrofas de tu piel.

Mis palabras van como un alfabético enjambre impregnado de los fragmentos de una verídica ilusión.

Ahí van ellas, flotando en el albedrío de esta azul marea imaginaria.

Ahí, la historia y el inmortal pasar del tiempo nos ahogará hasta sumergirnos en una profundidad inalcanzable.

Ahí nos perderemos, mis palabras y yo, solos y sin ti.

Ahí estaremos desalmados, mis palabras y yo, inertes en el vientre del silencio, ajenos a todo el bullicio que irradia tu poética silueta.

Ahí expirarán mis palabras, sin dolor, sin angustia, sin amor.


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