Lunes 15 de mayo


Aclarando amanece
Un "madrugón" previsible
Carlos Sandoval

La elección del nuevo presidente de la Asamblea Legislativa ha originado una ola de comentarios. Agrios, los más; benévolos, los menos. Desde el primer día que se efectuó dicha elección, el 1 de mayo actual, las protestas, denuncias y reproches se han venido sucediendo en forma creciente y variada. La mayoría de la gente cree que algo "huele mal" en el Congreso, que la elección ha sido amañada y que se le está dando gato por liebre. El primer órgano del Estado, que desde hace ya mucho tiempo no goza de confianza y credibilidad, se ha visto más cuestionado ahora por culpa de los acuerdos sórdidos y contubernios políticos.

Nunca, que yo recuerde, la elección de un presidente del Poder Legislativo había estado tan cuestionada como en esta ocasión. Los periódicos, la radio y la televisión proyectaron a todo el país los sucesos -lamentables sucesos- en el recinto legislativo. Parecía una lucha campal entre girondinos y jacobinos por hacer prevalecer sus respectivas cuotas de poder. Las controversias no sólo giraron sobre aspectos jurídicos y políticos, sino también sobre cuestiones morales. Tal vez consideraron los "Padres y Madres de la Patria" que la mejor forma de iniciar sus labores era convirtiendo el Salón Azul en un campo de Agramante. La relativa cultura política que habían exhibido durante los debates electorales, se convirtió ese día en un subproducto de la plaza pública. Y es que, como dice Maquiavelo, los hombres olvidan más fácilmente la muerte de sus padres que la pérdida de sus bienes y el poder.

El origen de la disputa no pudo ser más banal y prosaico: detentar la silla presidencial de la Asamblea Legislativa. Un cargo que es más simbólico que real, más protocolar que efectivo porque, en verdad, el presidente del Congreso no tiene más poder que el resto de los diputados, ni mayores ganguerías de las que gozan todos, con la única excepción del jugoso salario. Por lo demás, todos tienen las mismas facultades y las mismas obligaciones constitucionales. Pero, como enseña la etología, no existe límite innato en el apetito del hombre por la apropiación de honores, privilegios y poder. Se trate de políticos de la derecha como de la izquierda, el apetito por los privilegios es siempre igual.

El "affaire" del Congreso no es, desde luego, sencillo, fácil. Toca temas, como decía anteriormente, que tienen que ver con lo jurídico, lo político y lo moral al mismo tiempo, aunque en el fondo todo se reduzca a la "politeya" o el ámbito general de la autoridad y el poder. La disputa jurídica se originó en el famoso decreto 889, del 27 de abril, conocido como el "madrugonazo", por medio del cual se modificó la composición de la junta directiva de la Asamblea. Dicho decreto hizo posible que en lugar de elegir presidente al candidato del partido que había obtenido mayor número de diputados en los comicios -como lo establecía un protocolo de entendimiento de hacía apenas tres años- se eligieran tres en forma rotativa anual. Se trató de un "atraco" para impedir que el FMLN ocupara la presidencia. Tal vez el espíritu de la maniobra se encuentre en el himno arenero, que dice que "El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán".

La nueva figura administrativa, desde luego, no está sujeta a ningún cuestionamiento, pues el Organo Legislativo tiene la potestad de darse su propio reglamento interno y de modificarlo cuantas veces lo crea conveniente. Lo que se cuestiona es el procedimiento cargado de resentimiento e irregularidades. Según algunos juristas del CEJ y del FESPAD, se cometió, por una parte, "falsedad material" o inmutación de la verdad y, por la otra, se atentó contra la seguridad jurídica debido a que la certificación del Diario Oficial no estuvo apegada a derecho. Por su parte, el FMLN ha dicho que presentará un recurso de amparo ante la CSJ para que declare ilegal el procedimiento empleado. Indudablemente que el aspecto de la legalidad o ilegalidad es fundamental porque si se ha violado la ley, dicha elección carece de validez. Para tratar de enmendar el entuerto lo que procedería es repetirla siguiendo los procedimientos legales. Pero el FMLN siempre saldría perdiendo porque nuevamente la derecha le impondría la regla de oro del juego democrático: la mitad más uno. Por eso decía Churchill que la democracia es la peor forma de gobierno, con exclusión de todas las demás.

Desde el punto de vista político, la lectura del problema cambia radicalmente porque en este campo lo que cuenta no son los formulismos, ni los protocolos, sino las alianzas estratégicas de poder. El FMLN cometió el error de proclamar su victoria inmediatamente después de conocer los resultados de las elecciones del 12 de marzo, pero no reparó en que su triunfo era muy relativo, muy frágil, ya que el electorado no le había otorgado el poder a la izquierda, sino a la derecha. Castigó a ARENA al perder éste la mayoría de diputados, pero favoreció al PCN al triplicárselos. No hay que perder de vista que el escenario político es igual a una mesa de ajedrez en donde domina el jugador que hace las jugadas más inteligentes, oportunas e inesperadas. Y esto es lo que hizo ARENA con su pragmatismo y ausencia de principios, ¿pero cuándo la moral ha determinado la conducta de los políticos? Lo ideal sería que actuaran con cierta ética política, pero eso no se le puede pedir jamás a un partido como ARENA. ¡Exigirle decoro es ser ingenuo, cándido, inocente! Es, en definitiva, desconocer la psicología humana.

En política hay que prever siempre los posibles peligros que amenazan el triunfo y buscar los mecanismos más adecuados para asegurarlo. El FMLN se dejó llevar por un "triunfalismo infantil" sin estar seguro de los peligros que amenazaban su relativa victoria electoral. No comprendió que ARENA desconoce los principios más elementales de la ética y actúa siempre con pragmatismo, como sus propios dirigentes se definen. Para el pragmatismo no importan los medios empleados con tal de obtener un fin. Y ARENA consiguió lo que se proponía, sin importarle el decoro y la decencia. Que no venga ahora el FMLN a decir que el "madrugón" no era previsible, porque entonces desconoce u olvida que la política es el "arte de lo posible".


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