- Aclarando
amanece
- Un "madrugón"
previsible
- Carlos
Sandoval
La
elección del nuevo presidente de la
Asamblea Legislativa ha originado una ola de
comentarios. Agrios, los más;
benévolos, los menos. Desde el primer
día que se efectuó dicha
elección, el 1 de mayo actual, las
protestas, denuncias y reproches se han venido
sucediendo en forma creciente y variada. La
mayoría de la gente cree que algo "huele
mal" en el Congreso, que la elección ha
sido amañada y que se le está
dando gato por liebre. El primer órgano
del Estado, que desde hace ya mucho tiempo no
goza de confianza y credibilidad, se ha visto
más cuestionado ahora por culpa de los
acuerdos sórdidos y contubernios
políticos.
Nunca, que yo recuerde, la elección de
un presidente del Poder Legislativo había
estado tan cuestionada como en esta
ocasión. Los periódicos, la radio
y la televisión proyectaron a todo el
país los sucesos -lamentables sucesos- en
el recinto legislativo. Parecía una lucha
campal entre girondinos y jacobinos por hacer
prevalecer sus respectivas cuotas de poder. Las
controversias no sólo giraron sobre
aspectos jurídicos y políticos,
sino también sobre cuestiones morales.
Tal vez consideraron los "Padres y Madres de la
Patria" que la mejor forma de iniciar sus
labores era convirtiendo el Salón Azul en
un campo de Agramante. La relativa cultura
política que habían exhibido
durante los debates electorales, se
convirtió ese día en un
subproducto de la plaza pública. Y es
que, como dice Maquiavelo, los hombres olvidan
más fácilmente la muerte de sus
padres que la pérdida de sus bienes y el
poder.
El origen de la disputa no pudo ser
más banal y prosaico: detentar la silla
presidencial de la Asamblea Legislativa. Un
cargo que es más simbólico que
real, más protocolar que efectivo porque,
en verdad, el presidente del Congreso no tiene
más poder que el resto de los diputados,
ni mayores ganguerías de las que gozan
todos, con la única excepción del
jugoso salario. Por lo demás, todos
tienen las mismas facultades y las mismas
obligaciones constitucionales. Pero, como
enseña la etología, no existe
límite innato en el apetito del hombre
por la apropiación de honores,
privilegios y poder. Se trate de
políticos de la derecha como de la
izquierda, el apetito por los privilegios es
siempre igual.
El "affaire" del Congreso no es, desde luego,
sencillo, fácil. Toca temas, como
decía anteriormente, que tienen que ver
con lo jurídico, lo político y lo
moral al mismo tiempo, aunque en el fondo todo
se reduzca a la "politeya" o el ámbito
general de la autoridad y el poder. La disputa
jurídica se originó en el famoso
decreto 889, del 27 de abril, conocido como el
"madrugonazo", por medio del cual se
modificó la composición de la
junta directiva de la Asamblea. Dicho decreto
hizo posible que en lugar de elegir presidente
al candidato del partido que había
obtenido mayor número de diputados en los
comicios -como lo establecía un protocolo
de entendimiento de hacía apenas tres
años- se eligieran tres en forma rotativa
anual. Se trató de un "atraco" para
impedir que el FMLN ocupara la presidencia. Tal
vez el espíritu de la maniobra se
encuentre en el himno arenero, que dice que "El
Salvador será la tumba donde los rojos
terminarán".
La nueva figura administrativa, desde luego,
no está sujeta a ningún
cuestionamiento, pues el Organo Legislativo
tiene la potestad de darse su propio reglamento
interno y de modificarlo cuantas veces lo crea
conveniente. Lo que se cuestiona es el
procedimiento cargado de resentimiento e
irregularidades. Según algunos juristas
del CEJ y del FESPAD, se cometió, por una
parte, "falsedad material" o inmutación
de la verdad y, por la otra, se atentó
contra la seguridad jurídica debido a que
la certificación del Diario Oficial no
estuvo apegada a derecho. Por su parte, el FMLN
ha dicho que presentará un recurso de
amparo ante la CSJ para que declare ilegal el
procedimiento empleado. Indudablemente que el
aspecto de la legalidad o ilegalidad es
fundamental porque si se ha violado la ley,
dicha elección carece de validez. Para
tratar de enmendar el entuerto lo que
procedería es repetirla siguiendo los
procedimientos legales. Pero el FMLN siempre
saldría perdiendo porque nuevamente la
derecha le impondría la regla de oro del
juego democrático: la mitad más
uno. Por eso decía Churchill que la
democracia es la peor forma de gobierno, con
exclusión de todas las demás.
Desde el punto de vista político, la
lectura del problema cambia radicalmente porque
en este campo lo que cuenta no son los
formulismos, ni los protocolos, sino las
alianzas estratégicas de poder. El FMLN
cometió el error de proclamar su victoria
inmediatamente después de conocer los
resultados de las elecciones del 12 de marzo,
pero no reparó en que su triunfo era muy
relativo, muy frágil, ya que el
electorado no le había otorgado el poder
a la izquierda, sino a la derecha.
Castigó a ARENA al perder éste la
mayoría de diputados, pero
favoreció al PCN al
triplicárselos. No hay que perder de
vista que el escenario político es igual
a una mesa de ajedrez en donde domina el jugador
que hace las jugadas más inteligentes,
oportunas e inesperadas. Y esto es lo que hizo
ARENA con su pragmatismo y ausencia de
principios, ¿pero cuándo la moral ha
determinado la conducta de los políticos?
Lo ideal sería que actuaran con cierta
ética política, pero eso no se le
puede pedir jamás a un partido como
ARENA. ¡Exigirle decoro es ser ingenuo,
cándido, inocente! Es, en definitiva,
desconocer la psicología humana.
En política hay que prever siempre los
posibles peligros que amenazan el triunfo y
buscar los mecanismos más adecuados para
asegurarlo. El FMLN se dejó llevar por un
"triunfalismo infantil" sin estar seguro de los
peligros que amenazaban su relativa victoria
electoral. No comprendió que ARENA
desconoce los principios más elementales
de la ética y actúa siempre con
pragmatismo, como sus propios dirigentes se
definen. Para el pragmatismo no importan los
medios empleados con tal de obtener un fin. Y
ARENA consiguió lo que se
proponía, sin importarle el decoro y la
decencia. Que no venga ahora el FMLN a decir que
el "madrugón" no era previsible, porque
entonces desconoce u olvida que la
política es el "arte de lo posible".