Viernes 9 de junio


Tema del momento
El pecado más grande
María A. de López Andreu*

El Dr. Roberto Artavia, rector del INCAE, dictó recientemente una excelente conferencia titulada "El Papel del Sector Privado en el Desarrollo de la Competitividad Nacional". Me sería imposible resumir todas las valiosas observaciones del doctor y transmitirlas correctamente, pero hago la excitativa para que alguno de los muchos empresarios que asistieron, comparta con el público esas valiosas enseñanzas. Yo solamente haré uso de una frase del Dr. Artavia, que me impresionó mucho: "El peor pecado de un empresario -dijo- es desmoralizarse".

¿Por qué me impresionó tanto, si es una frase casi trillada? Porque, en este caso, lleva una variante: se refiere específicamente al empresario. Y si la moral baja es nociva y venenosa para cualquier ser humano, cuando la sufre un empresario es mortal. Porque el empresario es quien mueve la rueda de todo el quehacer nacional. No nos engañemos: no es el gobierno, ni los partidos políticos, ni las instituciones de ayuda humanitaria quienes crean los bienes y servicios indispensables para la vida diaria, son las empresas -de cualquier tamaño, desde unipersonales hasta multinacionales- surgidas gracias a personas visionarias, que tuvieron una idea y se lanzaron tras ella con valor; que afrontaron toda clase de riesgos, hasta ver su sueño hecho realidad. Invierten, pagan impuestos, dan empleo, con lo que nos favorecemos todos. ¿Y podrían hacer todo eso, estando desanimados? La respuesta es obvia. Por eso ha habido últimamente tantos deplorables sucesos: precisamente para quebrar la moral del empresario.

La lucha, en este momento, debe ser contra un solo enemigo: el decaimiento. Y el objetivo, claro y preciso: levantar el ánimo. No vayamos a rendirnos ahora, cuando ya hemos caminado tanto y estamos por alcanzar la dorada oportunidad que esperábamos. Si el empresariado da señales de positivismo, se percibirán las cosas de diferente manera, y poco a poco todos iremos tomando la actitud y conducta necesarias para vivir en un estado de derecho y avanzar hacia el desarrollo.

Levantar el ánimo es sencillo cuando nos proponemos ver tantas cosas buenas que suceden en nuestro país. No mencionaré las que, quizá, puedan ser de mayor importancia, ya que esas las tratan los expertos. Pero hay otras que no deben pasar inadvertidas, y que los ciudadanos comunes y corrientes deberíamos apreciar.

Por ejemplo: a) Exposiciones como "La empresa salvadoreña y su Historia", que se llevó a cabo en nuestro bello Palacio Nacional, con la participación de diecinueve empresas con más de cincuenta años de fundadas. b) La "Feria del Progreso", recientemente clausurada, que muestra los trabajos, obligaciones y proyectos en curso del Gobierno de El Salvador, ejecutados por medio de sus diferentes instancias. 3) Los honores y reconocimientos especiales de que ha sido objeto el Presidente Francisco Flores en el extranjero, que son un contrapeso para la mala imagen que, desafortunadamente, aún se tiene de nuestro país. 4) La visita cordial de la Canciller de México, quien mostró un cariño e interés grandes por El Salvador, influenciada sin duda por la sencillez y simpatía de nuestra Ministra de Relaciones Exteriores. La entrevista conjunta de ambas cancilleres ante las cámaras de "Frente a Frente", fue como una brisa refrescante en nuestro caldeado ambiente: dos mujeres inteligentes, serenas, capaces, de pensamiento claro y definido, desempeñándose con excelencia y señorío en la representación, al más alto nivel, de sus respectivos países.

Y así, cotidianamente encontramos ejemplos que levantan el ánimo. He mencionado solo estos porque todos tienen un común denominador: ninguno de ellos se logró instantáneamente. Todos -empresas cincuentenarias, proyectos de gran envergadura, honores, tratados- requieren de trabajo duro y constante, y por largo tiempo. Alcanzar una meta significa iniciar el camino hacia la siguiente, más alta, más valiosa y más difícil. Lo indispensable es perseverar. Y no desmoralizarse.

Para controlar la delincuencia, la pobreza, la corrupción y cuanto mal nos aqueja, se requiere el esfuerzo extraordinario de todos los salvadoreños. Solamente con la ayuda de Dios y con la moral en alto, tendremos la fortaleza suficiente para llevarlo a cabo. Los empresarios debemos dar el ejemplo e invitar a todos los sectores -especialmente a las iglesias- a promover una gran cruzada para levantar el ánimo y acabar con la desesperanza. Es urgente. Erradiquemos al "pecado más grande".

*Empresaria y columnista de El Diario de Hoy.


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