- Tema
del momento
- El pecado
más grande
- María
A. de López Andreu*
El
Dr. Roberto Artavia, rector del INCAE,
dictó recientemente una excelente
conferencia titulada "El Papel del Sector
Privado en el Desarrollo de la Competitividad
Nacional". Me sería imposible resumir
todas las valiosas observaciones del doctor y
transmitirlas correctamente, pero hago la
excitativa para que alguno de los muchos
empresarios que asistieron, comparta con el
público esas valiosas
enseñanzas. Yo solamente haré
uso de una frase del Dr. Artavia, que me
impresionó mucho: "El peor pecado de
un empresario -dijo- es desmoralizarse".
¿Por qué me impresionó
tanto, si es una frase casi trillada? Porque,
en este caso, lleva una variante: se refiere
específicamente al empresario. Y si la
moral baja es nociva y venenosa para
cualquier ser humano, cuando la sufre un
empresario es mortal. Porque el empresario es
quien mueve la rueda de todo el quehacer
nacional. No nos engañemos: no es el
gobierno, ni los partidos políticos,
ni las instituciones de ayuda humanitaria
quienes crean los bienes y servicios
indispensables para la vida diaria, son las
empresas -de cualquier tamaño, desde
unipersonales hasta multinacionales- surgidas
gracias a personas visionarias, que tuvieron
una idea y se lanzaron tras ella con valor;
que afrontaron toda clase de riesgos, hasta
ver su sueño hecho realidad.
Invierten, pagan impuestos, dan empleo, con
lo que nos favorecemos todos. ¿Y
podrían hacer todo eso, estando
desanimados? La respuesta es obvia. Por eso
ha habido últimamente tantos
deplorables sucesos: precisamente para
quebrar la moral del empresario.
La lucha, en este momento, debe ser contra
un solo enemigo: el decaimiento. Y el
objetivo, claro y preciso: levantar el
ánimo. No vayamos a rendirnos ahora,
cuando ya hemos caminado tanto y estamos por
alcanzar la dorada oportunidad que
esperábamos. Si el empresariado da
señales de positivismo, se
percibirán las cosas de diferente
manera, y poco a poco todos iremos tomando la
actitud y conducta necesarias para vivir en
un estado de derecho y avanzar hacia el
desarrollo.
Levantar el ánimo es sencillo
cuando nos proponemos ver tantas cosas buenas
que suceden en nuestro país. No
mencionaré las que, quizá,
puedan ser de mayor importancia, ya que esas
las tratan los expertos. Pero hay otras que
no deben pasar inadvertidas, y que los
ciudadanos comunes y corrientes
deberíamos apreciar.
Por ejemplo: a) Exposiciones como "La
empresa salvadoreña y su Historia",
que se llevó a cabo en nuestro bello
Palacio Nacional, con la participación
de diecinueve empresas con más de
cincuenta años de fundadas. b) La
"Feria del Progreso", recientemente
clausurada, que muestra los trabajos,
obligaciones y proyectos en curso del
Gobierno de El Salvador, ejecutados por medio
de sus diferentes instancias. 3) Los honores
y reconocimientos especiales de que ha sido
objeto el Presidente Francisco Flores en el
extranjero, que son un contrapeso para la
mala imagen que, desafortunadamente,
aún se tiene de nuestro país.
4) La visita cordial de la Canciller de
México, quien mostró un
cariño e interés grandes por El
Salvador, influenciada sin duda por la
sencillez y simpatía de nuestra
Ministra de Relaciones Exteriores. La
entrevista conjunta de ambas cancilleres ante
las cámaras de "Frente a Frente", fue
como una brisa refrescante en nuestro
caldeado ambiente: dos mujeres inteligentes,
serenas, capaces, de pensamiento claro y
definido, desempeñándose con
excelencia y señorío en la
representación, al más alto
nivel, de sus respectivos países.
Y así, cotidianamente encontramos
ejemplos que levantan el ánimo. He
mencionado solo estos porque todos tienen un
común denominador: ninguno de ellos se
logró instantáneamente. Todos
-empresas cincuentenarias, proyectos de gran
envergadura, honores, tratados- requieren de
trabajo duro y constante, y por largo tiempo.
Alcanzar una meta significa iniciar el camino
hacia la siguiente, más alta,
más valiosa y más
difícil. Lo indispensable es
perseverar. Y no desmoralizarse.
Para controlar la delincuencia, la
pobreza, la corrupción y cuanto mal
nos aqueja, se requiere el esfuerzo
extraordinario de todos los
salvadoreños. Solamente con la ayuda
de Dios y con la moral en alto, tendremos la
fortaleza suficiente para llevarlo a cabo.
Los empresarios debemos dar el ejemplo e
invitar a todos los sectores -especialmente a
las iglesias- a promover una gran cruzada
para levantar el ánimo y acabar con la
desesperanza. Es urgente. Erradiquemos al
"pecado más grande".
*Empresaria y columnista de El Diario
de Hoy.