Viernes 9 de junio


La Nota del Día
 

6/8/00

¿Qué se quitaría y qué dejarían?

En declaraciones recientes, el presidente de la Corte Suprema de Justicia se pronunció en favor de una "nueva Constitución" de cara al nuevo siglo. Que las instituciones, cualquiera que sea su naturaleza, necesitan adaptarse al correr del tiempo, no se duda, pero al mismo tiempo se debe reconocer que hay mucho de permanente en lo que rige a los hombres y las sociedades.

¿Cómo se llega al correcto balance entre lo que se tiene que cambiar y lo que hay que conservar? De una frase suelta no puede deducirse mayor cosa, aunque lo impreciso da pie para despertar expectativas. Además, es fácil que se ahonde la confusión en tiempos tan atribulados como estos.

Es discutible que sea oportuno, o prudente, que la persona con mayor responsabilidad en el país en, eso de defender el orden jurídico, haga llamados a cambiarlo. La gente está ávida de pretextos para desobedecer la ley, o inclusive "inventarse nuevas justicias", como quiso la pandilla de ladrones en 1980, y fue en parte el caso con los "acuerdos de paz", cuyas consecuencias ya comenzamos a padecer.

Lo que preguntaríamos al doctor Tenorio es qué piensa que se debe conservar del actual ordenamiento constitucional, qué tendría que reformarse o desecharse, y cómo se las arreglarán esos constitucionalistas para que lo nuevo armonice con lo viejo. Lograr que un conjunto donde las partes se integren sin contradicción es más que arduo, lo demuestra la absurda situación a la que nos está arrastrando la legislación penal vigente.

Volvamos a lo de "inventarse nuevas justicias". A menos que vivamos en nuestro propio universo de fantasías, el objetivo de los legisladores criollos tendrá que ser integrarse al Orden de Derecho que, con sus pequeñas y lógicas variantes, impera en el mundo civilizado. Hay excepciones, pero éstas son lo que repugna, asombra y se rechaza, como el régimen carcelario en Cuba, o las teocracias islámicas, o los estados semi esclavistas del Africa y ciertas partes del mundo árabe. Nadie quiere copiar a los coreanos del norte, a los comunistas de Laos o a los talibanes con su absoluto sometimiento de la mujer.

Acabemos de comprender el mundo moderno

Pero tampoco podemos estar muy tranquilos, "mirándonos en el espejo". Con frecuencia parece como si en esta tierra la impunidad fuera la regla, o la aplicación de la justicia se basara en conveniencias e intereses partidistas, o fuera lícito desde aplicar retroactivamente leyes, hasta burlarse de principios de universal validez. Si las sociedades para desarrollarse requieren de reglas claras, lógicas, sensatas, evidentes, honestas y decorosas, estamos dando muy lejos del blanco.

El país no pasa por el mejor momento para meterse a cambiar ordenamientos constitucionales. La ciudadanía no acaba de comprender los alcances de la era de la información, de cómo opera la economía contemporánea -desregulada y enormemente dinámica-, o de lo que han significado y cómo les benefician las privatizaciones.

Tampoco, por desventura, se acaba de aceptar la necesidad de responsabilizarse y de no seguir tolerando las transgresiones que otros hagan a las leyes y la vida decente. Por momentos parece muy divertido vivir donde "todo es playa", pero fue en la playa que asesinaron a la niña Katya. Y mientras sea El Salvador "playa", sin seguridad jurídica, muy pocos vendrán a invertir y ayudarnos a que salgamos del hoyo.


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