Un siglo de total
lucidez
Jovialidad, salud, buen sentido de humor y
lucidez caracterizan a doña Berenice de
Boquín, quien el próximo 4 de
julio estará celebrando 103 años
de edad.
- Jose
Osmín Monge
- El Diario
de Hoy
- FOTOS
EDH/Lizette Moreno
En
diciembre de 1999, la señorita Berenice
Boquín decidió emprender un viaje
hasta los Estados Unidos para pasar la Navidad
junto a sus familiares.
En varias ocasiones había tenido la
oportunidad de visitar ese lugar, pero ese viaje
quedó marcado en la mente de la
viajera.
Al llegar al aeropuerto de Miami, en
compañía de su sobrina Ilse de
Rodríguez, la persona de migración
encargada de chequear su entrada quedó
sorprendida al verla, pues es poco frecuente que
señores de esa edad visiten esa
nación sólo para ir pasear.
"¡Oh, my God!" (oh, ¡mi Dios!) ,
fue la expresión de la extranjera ante la
presencia de la señorita Boquín.
"Para nosotros los norteamericanos es un honor
tener su visita", agregó la encargada de
migración.
Luego preguntó a la turista
salvadoreña cuánto tiempo se iba a
quedar en Estados Unidos, a lo que ella
contestó que sólo dos semanas. "Mi
visa era sólo para 15 días, pero
en migración me dieron permiso para que
me quedara tres meses", comenta entre risas
doña Berenice.
"En 1996 una aerolínea no le
permitió viajar a Estados Unidos, pues
temían que sufriera algún percance
en el avión. No tuvimos más
remedio que cambiarnos a una línea
aérea que nos permitiera realizar el
viaje", expresa doña Ilse.
Recuerdos del ayer
Esta anécdota es una de las que
más recuerda la "tía Berenice"
(como es conocida por familiares y amigos),
quien el 4 de julio cumplirá 103
años.
Ella nació en Ahuachapán en
1897, donde vivió en una finca al lado de
sus padres, hermanos y hermanas, en un ambiente
conservador y sobre todo muy religioso.
Hoy en día vive en San Salvador junto
a su sobrina, recordando algunos de los hechos
trascendentales ocurridos tanto en su vida
personal como en nuestro país.
A
través de más de un siglo de
existencia, ella ha vivido guerras, ha visto
surgir y desaparecer movimientos revolucionarios
como el de 1932 y ha sentido el miedo causado
por terremotos, entre ellos el de 1986.
Amante del baile
En su lúcida mente recuerda
también su niñez y su juventud,
los días de juego y las fiestas a las que
asistía en el casino de
Ahuachapán.
"Cuando estaba joven bailaba valses, tangos,
fox trox y pasos dobles. Hasta gané dos
concursos de baile. A las fiestas asistía
siempre con mi mamá, quien estaba
pendiente de que ningún muchacho se
propasara conmigo y mis hermanas" expresa.
Ella asegura que su padre era muy estricto, y
que era él quien les decía
cómo comportarse al momento de
bailar.
"Mi papá nos decía que no
permitiéramos que al bailar los muchachos
se acercaran mucho a nosotras. Nos decía
que los hombres son muy pícaros", expresa
la septuagenaria.
Doña Berenice manifiesta
también que con frecuencia se realizaban
fiestas en su casa, que eran amenizadas con
marimbas.
"Yo recibí clases de piano y de
violín. También tocaba marimba, y
lo hacía vestida de indígena",
recuerda.
Aunque tuvo varios pretendientes,
prefirió quedarse en casa al lado de su
familia que casarse.
De familia unida
De niña, doña Berenice
estudió en el colegio la Divina
Providencia, de su tierra natal, y
posteriormente en una institución
capitalina, donde se instruyó hasta
quinto curso (en ese entonces era como
bachillerato).
Sin
ser maestra fue invitada a impartir clases en
Ahuachapán. Esa profesión la
ejerció sólo un año, pues
no era de su agrado lidiar con sus alumnos que
eran muy traviesos. "Los niños eran
malcriados; yo no los aguanté", dice con
otra carcajada.
¿A qué le atribuye usted el hecho
de que haya llegado hasta esta edad?, le
preguntan muchas personas y ella sin vacilar les
contesta que ha sido la voluntad de Dios la que
le ha permitido vivir tanto.
"De joven fui muy enferma; yo nunca
pensé que iba a durar tanto. Todos mis
hermanos ya murieron", comenta la "tía
Berenice".
Para sentirse mejor, esta singular anciana es
llevada cada 15 días a la playa, donde
disfruta del sol, el aire puro y la brisa del
mar.
A pesar de la fractura de una de sus piernas
y de sus años, doña Berenice no ha
perdido su encanto ni su lucidez. Su jovialidad
y su buen sentido del humor son
características que la han hecho una
persona especial.
En su vida ha experimentado muchos momento
agradables y otros no tan buenos; pero ella,
sentada en una silla de madera (que fue
propiedad de su padre), pasa recordando los
momentos felices que ha vivido.