Jueves 29 de junio

























Un siglo de total lucidez

Jovialidad, salud, buen sentido de humor y lucidez caracterizan a doña Berenice de Boquín, quien el próximo 4 de julio estará celebrando 103 años de edad.

Jose Osmín Monge
El Diario de Hoy
FOTOS EDH/Lizette Moreno

En diciembre de 1999, la señorita Berenice Boquín decidió emprender un viaje hasta los Estados Unidos para pasar la Navidad junto a sus familiares.

En varias ocasiones había tenido la oportunidad de visitar ese lugar, pero ese viaje quedó marcado en la mente de la viajera.

Al llegar al aeropuerto de Miami, en compañía de su sobrina Ilse de Rodríguez, la persona de migración encargada de chequear su entrada quedó sorprendida al verla, pues es poco frecuente que señores de esa edad visiten esa nación sólo para ir pasear.

"¡Oh, my God!" (oh, ¡mi Dios!) , fue la expresión de la extranjera ante la presencia de la señorita Boquín. "Para nosotros los norteamericanos es un honor tener su visita", agregó la encargada de migración.

Luego preguntó a la turista salvadoreña cuánto tiempo se iba a quedar en Estados Unidos, a lo que ella contestó que sólo dos semanas. "Mi visa era sólo para 15 días, pero en migración me dieron permiso para que me quedara tres meses", comenta entre risas doña Berenice.

"En 1996 una aerolínea no le permitió viajar a Estados Unidos, pues temían que sufriera algún percance en el avión. No tuvimos más remedio que cambiarnos a una línea aérea que nos permitiera realizar el viaje", expresa doña Ilse.

Recuerdos del ayer

Esta anécdota es una de las que más recuerda la "tía Berenice" (como es conocida por familiares y amigos), quien el 4 de julio cumplirá 103 años.

Ella nació en Ahuachapán en 1897, donde vivió en una finca al lado de sus padres, hermanos y hermanas, en un ambiente conservador y sobre todo muy religioso.

Hoy en día vive en San Salvador junto a su sobrina, recordando algunos de los hechos trascendentales ocurridos tanto en su vida personal como en nuestro país.

A través de más de un siglo de existencia, ella ha vivido guerras, ha visto surgir y desaparecer movimientos revolucionarios como el de 1932 y ha sentido el miedo causado por terremotos, entre ellos el de 1986.

Amante del baile

En su lúcida mente recuerda también su niñez y su juventud, los días de juego y las fiestas a las que asistía en el casino de Ahuachapán.

"Cuando estaba joven bailaba valses, tangos, fox trox y pasos dobles. Hasta gané dos concursos de baile. A las fiestas asistía siempre con mi mamá, quien estaba pendiente de que ningún muchacho se propasara conmigo y mis hermanas" expresa.

Ella asegura que su padre era muy estricto, y que era él quien les decía cómo comportarse al momento de bailar.

"Mi papá nos decía que no permitiéramos que al bailar los muchachos se acercaran mucho a nosotras. Nos decía que los hombres son muy pícaros", expresa la septuagenaria.

Doña Berenice manifiesta también que con frecuencia se realizaban fiestas en su casa, que eran amenizadas con marimbas.

"Yo recibí clases de piano y de violín. También tocaba marimba, y lo hacía vestida de indígena", recuerda.

Aunque tuvo varios pretendientes, prefirió quedarse en casa al lado de su familia que casarse.

De familia unida

De niña, doña Berenice estudió en el colegio la Divina Providencia, de su tierra natal, y posteriormente en una institución capitalina, donde se instruyó hasta quinto curso (en ese entonces era como bachillerato).

Sin ser maestra fue invitada a impartir clases en Ahuachapán. Esa profesión la ejerció sólo un año, pues no era de su agrado lidiar con sus alumnos que eran muy traviesos. "Los niños eran malcriados; yo no los aguanté", dice con otra carcajada.

¿A qué le atribuye usted el hecho de que haya llegado hasta esta edad?, le preguntan muchas personas y ella sin vacilar les contesta que ha sido la voluntad de Dios la que le ha permitido vivir tanto.

"De joven fui muy enferma; yo nunca pensé que iba a durar tanto. Todos mis hermanos ya murieron", comenta la "tía Berenice".

Para sentirse mejor, esta singular anciana es llevada cada 15 días a la playa, donde disfruta del sol, el aire puro y la brisa del mar.

A pesar de la fractura de una de sus piernas y de sus años, doña Berenice no ha perdido su encanto ni su lucidez. Su jovialidad y su buen sentido del humor son características que la han hecho una persona especial.

En su vida ha experimentado muchos momento agradables y otros no tan buenos; pero ella, sentada en una silla de madera (que fue propiedad de su padre), pasa recordando los momentos felices que ha vivido.


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