"Tendré
que pedirle mucho perdón al
Señor"
El Juez Segundo de
Ejecución ha comenzado a cumplir con el
temible plan con el que le quitarán la
vida a los condenados muerte. A pesar de su
decisión, no oculta sus temores
más íntimos
- Oscar
Tenorio
- Ciudad
de Guatemala
Gustavo
Dubon vive uno de sus mayores conflictos
interiores. Se declara un ferviente opositor de
la pena de muerte, pero será el mismo
quien, en nombre de la República,
escogerá y le dará la orden al
verdugo, que aniquilará a los dos
condenados muerte.
Con mucha claridad, pero
con la mirada perdida en la claridad que entra
por la ventada de su oficina, está
decidido a cumplir con la condena.
"Como juez tengo un
mandato y lo voy a cumplir. Dentro de pocas
horas -hoy por la mañana- deberá
realizarase el procedimiento".
A pedido de algunos
periodistas, repaso una vez más el ya
conocido manual de ejecuciones: En la madrugada,
Luis Amílcar Cetino y Tomas Cerrate
serán llevados a la capilla y luego al
"modulo letal". Morirán a las seis de la
mañana. Ésa es la
orden.
El
practicante
Sin embargo, el juez Dubon
está incomodo. Antes de que se lo
preguntemos, se adelanta: &emdash;"Yo soy un
abolicionista. Claro que no estoy de acuerdo con
la pena de muerte, porque no es un método
disuasivo. Apelo a la
reinserción".
El sabe muy bien porque lo
dice. Conoce el sistema carcelario. Ha sido
guardia de presidios, alcaide y director de una
penitenciaria, hasta que se graduó de
abogado.
Pero tiene un motivo mayor
para oponerse a la pena de muerte. "Ante todo la
rechazo por cuestiones espirituales".
Sólo basta observar
en las paredes de su oficina, ubicada en el piso
número 13 del edificio judicial, para
enterarse de su devoción cristiana: una
postal de la Virgen María y un crucifijo
de metal.
-¿Es un usted un
cristiano practicante?, le pregunto.
- "Sí, soy
católico, romano y
apostólico".
-Bien -continúo-,
usted mejor que nadie sabrá que el quinto
mandamiento dice: "No mataras". Usted ha
aclarado que actúa como juez y piensa
diferente como Gustavo Dubon. Pero entre el
funcionario y la persona hay algo en
común: Los sentimientos. En su soledad,
siente algún remordimiento por caminar en
un sendero alejado de sus principios.
Guarda silencio, aunque
mantiene en alto la mirada. Evade por un
momento, pero, al final, suelta un lamento muy
profundo.
-"Tendré que
pedirle mucho perdón al Señor".
A las seis de la
mañana, terminará todo para los
condenados. Para Gustavo Dubon, el recuerdo
aún tendrá frescas las muecas de
la muerte.