Jueves 29 de junio


"Tendré que pedirle mucho perdón al Señor"

El Juez Segundo de Ejecución ha comenzado a cumplir con el temible plan con el que le quitarán la vida a los condenados muerte. A pesar de su decisión, no oculta sus temores más íntimos

Oscar Tenorio
Ciudad de Guatemala

Gustavo Dubon vive uno de sus mayores conflictos interiores. Se declara un ferviente opositor de la pena de muerte, pero será el mismo quien, en nombre de la República, escogerá y le dará la orden al verdugo, que aniquilará a los dos condenados muerte.

Con mucha claridad, pero con la mirada perdida en la claridad que entra por la ventada de su oficina, está decidido a cumplir con la condena.

"Como juez tengo un mandato y lo voy a cumplir. Dentro de pocas horas -hoy por la mañana- deberá realizarase el procedimiento".

A pedido de algunos periodistas, repaso una vez más el ya conocido manual de ejecuciones: En la madrugada, Luis Amílcar Cetino y Tomas Cerrate serán llevados a la capilla y luego al "modulo letal". Morirán a las seis de la mañana. Ésa es la orden.

El practicante

Sin embargo, el juez Dubon está incomodo. Antes de que se lo preguntemos, se adelanta: &emdash;"Yo soy un abolicionista. Claro que no estoy de acuerdo con la pena de muerte, porque no es un método disuasivo. Apelo a la reinserción".

El sabe muy bien porque lo dice. Conoce el sistema carcelario. Ha sido guardia de presidios, alcaide y director de una penitenciaria, hasta que se graduó de abogado.

Pero tiene un motivo mayor para oponerse a la pena de muerte. "Ante todo la rechazo por cuestiones espirituales".

Sólo basta observar en las paredes de su oficina, ubicada en el piso número 13 del edificio judicial, para enterarse de su devoción cristiana: una postal de la Virgen María y un crucifijo de metal.

-¿Es un usted un cristiano practicante?, le pregunto.

- "Sí, soy católico, romano y apostólico".

-Bien -continúo-, usted mejor que nadie sabrá que el quinto mandamiento dice: "No mataras". Usted ha aclarado que actúa como juez y piensa diferente como Gustavo Dubon. Pero entre el funcionario y la persona hay algo en común: Los sentimientos. En su soledad, siente algún remordimiento por caminar en un sendero alejado de sus principios.

Guarda silencio, aunque mantiene en alto la mirada. Evade por un momento, pero, al final, suelta un lamento muy profundo.

-"Tendré que pedirle mucho perdón al Señor".

A las seis de la mañana, terminará todo para los condenados. Para Gustavo Dubon, el recuerdo aún tendrá frescas las muecas de la muerte.


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