'El
Embajador'
Los periodistas no somos robots. El hecho
que no debamos interponer nuestras opiniones en
las noticias que publicamos, no significa que
carezcamos del derecho de decir lo que sentimos
y pensamos.
El Diario de
Hoy
Por Ciro Granados
¿A
cuenta de qué vamos a restringir nuestra
voz sobre temas que como salvadoreños nos
atañen? Somos humanos y guanacos antes
que periodistas.
Escribo esto porque hace unos días, un
colega -Elder Gómez- expresó sus
opiniones ante los medios hondureños
sobre el lío del peñoncito de la
isla Conejo.
Los periodistas de ese país publicaron
la noticia, donde citaban a Gómez como
fuente.
Pero como que las declaraciones levantaron
pruritos pajuelenses en la Cancillería. Y
entonces, un miembro de Comunicaciones de ese
Ministerio (En el ámbito de los medios se
le conoce como "El Embajador" por sus dotes de
buena onda) envió una carta al jefe de
Elder.
En la misiva describía cierto malestar
por lo expresado por Elder. Y solicitaba, entre
líneas, un llamado de atención
para el periodista.
Obviamente, la cartita no animadversó
al jefe, quien le contestó que el Art. 6
de la Constitución garantiza la libertad
de expresión.
Cuando me di cuenta de la carta dije:
"¡... qué poca hombría!" Y lo
sostengo.
Algunos comunicadores institucionales creen
poder incidir en las decisiones internas de los
periódicos.
Algunos, levantan el teléfono para
quejarse cual mariquitas, porque no han sido
"bien tratados por los reporteros".
No, Embajador, ya pasó ese tiempo -por
lo menos en El Diario de Hoy-. Si no te gustaron
las declaraciones de Elder (quien según
las noticias decía que no valía la
pena pelearse por ese peñoncito)
¿por qué diablos no se lo dijiste
personalmente?
Los periodistas no somos más esclavos
que de nuestra profesión. Cuando
publicamos algo que siendo noticia beneficia a
nuestra fuente, entonces sí los
héroes. Nos saludan, aprietan la mano y
hasta nos dan palmaditas en el hombro.
Pero no vaya a ser que digamos algo contra
los intereses de los informantes, porque
entonces quieren matarnos.
Seamos serios. Si no les gusta la
publicación, presenten pruebas que
refuten lo publicado. Si para eso están
las fe de errata.
Eso está como cuando publiqué
sobre las disculpas que un alto funcionario de
la Presidencia, había dado a los
periodistas de APES por los incidentes en la
conferencia aquella del presidente Flores.
El funcionario me llamó al día
siguiente y me dijo "¡Yo no le he pedido
disculpas a nadie!". Yo estoy seguro que
sí las pidió porque yo estaba
ahí. Pero le ofrecí una errata la
cual aceptó. Después me llamaron
de su parte para que olvidáramos el
asunto.
¡Pongámonos serios!