Jueves 29 de junio


'El Embajador'

Los periodistas no somos robots. El hecho que no debamos interponer nuestras opiniones en las noticias que publicamos, no significa que carezcamos del derecho de decir lo que sentimos y pensamos.

El Diario de Hoy
Por Ciro Granados

¿A cuenta de qué vamos a restringir nuestra voz sobre temas que como salvadoreños nos atañen? Somos humanos y guanacos antes que periodistas.

Escribo esto porque hace unos días, un colega -Elder Gómez- expresó sus opiniones ante los medios hondureños sobre el lío del peñoncito de la isla Conejo.

Los periodistas de ese país publicaron la noticia, donde citaban a Gómez como fuente.

Pero como que las declaraciones levantaron pruritos pajuelenses en la Cancillería. Y entonces, un miembro de Comunicaciones de ese Ministerio (En el ámbito de los medios se le conoce como "El Embajador" por sus dotes de buena onda) envió una carta al jefe de Elder.

En la misiva describía cierto malestar por lo expresado por Elder. Y solicitaba, entre líneas, un llamado de atención para el periodista.

Obviamente, la cartita no animadversó al jefe, quien le contestó que el Art. 6 de la Constitución garantiza la libertad de expresión.

Cuando me di cuenta de la carta dije: "¡... qué poca hombría!" Y lo sostengo.

Algunos comunicadores institucionales creen poder incidir en las decisiones internas de los periódicos.

Algunos, levantan el teléfono para quejarse cual mariquitas, porque no han sido "bien tratados por los reporteros".

No, Embajador, ya pasó ese tiempo -por lo menos en El Diario de Hoy-. Si no te gustaron las declaraciones de Elder (quien según las noticias decía que no valía la pena pelearse por ese peñoncito) ¿por qué diablos no se lo dijiste personalmente?

Los periodistas no somos más esclavos que de nuestra profesión. Cuando publicamos algo que siendo noticia beneficia a nuestra fuente, entonces sí los héroes. Nos saludan, aprietan la mano y hasta nos dan palmaditas en el hombro.

Pero no vaya a ser que digamos algo contra los intereses de los informantes, porque entonces quieren matarnos.

Seamos serios. Si no les gusta la publicación, presenten pruebas que refuten lo publicado. Si para eso están las fe de errata.

Eso está como cuando publiqué sobre las disculpas que un alto funcionario de la Presidencia, había dado a los periodistas de APES por los incidentes en la conferencia aquella del presidente Flores.

El funcionario me llamó al día siguiente y me dijo "¡Yo no le he pedido disculpas a nadie!". Yo estoy seguro que sí las pidió porque yo estaba ahí. Pero le ofrecí una errata la cual aceptó. Después me llamaron de su parte para que olvidáramos el asunto.

¡Pongámonos serios!


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