Los secretos no
autorizados de Woody Allen
Una biografía no autorizada se
acerca al perfil más tenebroso del
director neoyorquino. Woody se somete a
implantes capilares, sufre crisis de impotencia,
planea infinitos suicidios, plagia cuentos y
hasta le jura a su mujer que tiene sida con tal
de no tocarle un pelo
- Rodrigo
Fresan
- Estados
Unidos
Woody
Allen duerme con la luz encendida porque le da
miedo la oscuridad y -con cierta periodicidad y
sin saber muy bien por qué- se hace
implantes capilares. Las dos infidencias
aparecen a las pocas páginas de abrir
"The Unruly Life of Woody Allen", la reciente
biografía no autorizada del director de
cine, cuyo título podría
traducirse como "La ingobernable vida de Woody
Allen". Y eso es apenas el principio -y lo menos
importante y revelador- de un libro bien escrito
e investigado por Marion Meade, biógrafa
especialista en vidas complejas y complicadas
-¿disfuncionales?- como las de Buster
Keaton, Madame Blavatsky y Dorothy Parker, en
las cuales nunca se sabe del todo dónde
termina la realidad y comienza lo irreal: estas
personas son especialistas en el fino y
difícil arte de la reinvención y
la máscara.
Libro serio
Lo interesante del muy documentado libro de
Meade es que se trata del primer estudio serio
sobre Allen no escrito desde el amarillismo
biliar que caracterizó los días
más duros del escándalo Mia
Farrow/Soon-Yi, ni desde la más descarada
admiración que regía antes de
aquel episodio (la biografía "oficial" de
Woody Allen, realizada por Eric Lax,
contó con la "plena colaboración"
del sujeto investigado; el Woody Allen on Woody
Allen eran diálogos del artista con su
fan Stig Bjîrkman; la más centrada
pero un tanto insulsa Woody Allen, de John
Baxter, no agregaba nada nuevo en ninguna
dirección).
Allen es uno de esos iconos del siglo XX cuya
sola figura -pensar en Freud, en Marilyn Monroe,
en el Che Guevara- dice mucho más que
varias toneladas de palabras. Un arquetipo. Para
muchos un Shakespeare moderno a la hora de
retratar su época: el triunfo del
alfeñique de 44 kilates sobre el
músculo de Charles Atlas, el inteligente
gracioso, el tipo feo y bajito con bellas y
altas mujeres a su lado, el antihéroe de
éxito, el cineasta que no transa con el
sistema, el hermoso perdedor y, finalmente, el
degenerado que le saca polaroids pornos a la
hija adoptiva de su mujer y manosea a su otra
hijita, y traiciona a sus amigos y novias, y
siempre se sale con la suya a la hora de
redimirse y consagrarse como perfecto publicista
de sí mismo. Woody Allen es un gran
artista (lo que todos sabíamos) y una muy
mala persona (lo que no nos atrevíamos a
pensar muy en serio).
Lo que hace particularmente interesante la
caída (en cámara lenta) de Woody
Allen es que nadie se la esperaba, y mucho menos
él. Décadas de vivir a cubierto y
bien encubierto lo habían convertido en
alguien demasiado seguro de sí mismo,
basándose en el hecho de que -a
través de su obra- se había
convertido en su mejor y más astuto
biógrafo, su vocero oficial y sumo
sacerdote de su propio culto.
El atractivo y el mérito de Woody
Allen reside en que es uno de los pocos artistas
que se las ha arreglado para vender la
inteligencia como una virtud, un elemento capaz
de sustituir y hasta superar el atractivo
físico en una época donde la
imagen es lo más importante. Woody Allen
se dedicó a construir su propia "buena
imagen" a lo largo de películas que
funcionan como astutas estrategias y brillantes
publicidades de sí mismo.
Al final de su libro, Meade enumera datos de
esos que producen cierto delicioso horror: sus
mentiras a Mia Farrow (Allen le dijo que
tenía sida para no tener que hacer el
amor con ella), sus crisis de impotencia, sus
fantasías suicidas, su pasividad curiosa
ante los extraños métodos
educativos de la Farrow, su relación casi
simbiótica con su amiga y ahora
productora Jean Doumanian, y su agónico
renacimiento como tipo asqueroso dentro del
inconsciente colectivo de su país -donde
ya casi nadie va a ver sus películas por
más que aparezca Leonardo Di Caprio-
junto a gente como O.J. Simpson, la madame
hollywoodense Heidi Fleiss y el polimorfo y
perverso Michael Jackson.
Allen en una película de Woody Allen.
Ese tipo gracioso que una vez afirmó, en
broma y en serio: "Mi único pesar en la
vida es no ser otra persona".
Woody Allen se ha convertido en un verdadero
icono de estos tiempos.