Jueves 29 de junio


Palabras

El dios de los pies de barro

Carlos Balaguer

Aquel inmenso árbol que llegaba hasta el cielo, era similar a la grandeza humana, que aunque suba muy alto, sigue siendo vulnerable y efímera.

Según las tradiciones judías el rey de Caldea -Nabucodonosor II, el grande- (605-562 a.J.C.), fue cruelmente castigado por Dios por la tiranía con que en su locura tuvo que vivir siete años en los bosques, hasta que -habiendo recobrado la razón- volvió a subir al trono.

Además de tan singular metamorfosis se recuerda también la estatua de metal de los pies de barro que vio el rey en sus sueños y que el profeta Daniel le explicó como la misma imagen de su reino, que se derrumbaría al primer golpe.

El árbol que ve el rey caldeo en su sueño -inmenso, hasta llegar al cielo- recuerda a uno de los grandes Secoyas, que -después de resistir siglos, tormentas, vendavales y cataclismos-, muere cuando seres microscópicos perforan su corteza y llegan hasta su corazón para matarlo, como ocurre con los reyes humanos.


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