Jueves 29 de junio


Tema del momento
¿Un TLC con sabor a taco o a pupusa?
Rafael Rodríguez Loucel*
e-mail: rloucel@utec.edu.sv

El llegar a la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con México por el Triángulo Norte Centroamericano (TNC) tomó seis años, se lograron acuerdos asimétricos, un acceso a un mercado ampliado a través de un sistema de desgravación. Reglas de origen factibles de ser cumplidas. Se logró la garantía de la salvaguardia de la OMC, bilateral a este organismo, también se obtuvo un mecanismo de solución de diferencias.

Las autoridades gubernamentales que participaron en las negociaciones consideran que el Tratado, objeto de comentario, es uno que puede considerarse de múltiples oportunidades, entre las cuales enfatizan la posibilidad que se genere una producción o manufactura en cadena, en la cual la producción final requiere de materia prima (boquitas de papas por ejemplo).

Manifiestan que se contará con un marco regulatorio compartido, para asegurar prácticas leales, que garanticen seguridad, permanencia y predictibilidad en su comercio con México, en un esquema en el cual se podrán solventar las divergencias comerciales, que llegaren a suscitarse como resultado de la aplicación del mismo.

Los productos agrícolas sensibles quedaron excluidos, lo cual es de suma conveniencia, considerando las condiciones por las que atraviesa el sector primario. El Tratado cuenta con un antecedente de una desgravación que se inició a principios de los noventa con márgenes de asimetría que llegan a cubrir períodos de hasta once años, a favor, en un principio, de los países del triángulo norte para dar lugar a la debida preparación o reconversión de la planta productiva local. Teóricamente, la facilitación del comercio entre los países no solamente fortalece la competencia, la productividad y la eficiencia, sino también beneficia directamente a los consumidores y genera riqueza en proporción geométrica.

Por las razones anteriores, debería ser motivo de esperanza que nuestro país se haya internado en un proceso serio de libre comercio con México, en función de abrir nuevos mercados para nuestros productores y de garantizar una mayor libertad de elección a los consumidores salvadoreños. Hay aspectos sobre los que se hace necesario reflexionar, la estructura productiva mexicana es más sólida y diversificada, que la de cualquiera de los países del TNC y en el caso que nos preocupa la de El Salvador, consecuentemente la del primer país es más competitiva y lógicamente con menores costos. Para muestra uno o varios botones, las empresas Bimbo, Elektra y Mabe ya tienen un posicionamiento en el mercado salvadoreño, ejemplos que son suficientes para esperar, con el acuerdo en marcha, un mayor desplazamiento de productos salvadoreños por productos mexicanos, lo que los expertos dan en llamar desviación de comercio, en lugar de creación de comercio, alternativa última que es la que supuestamente andamos buscando.

No es cierto que El Salvador o los otros países del TNC se vayan a posicionar como grandes exportadores hacia el sur de México. Las compañías mexicanas tienen mucha presencia allí, y aun que son regiones más pobres que el D.F. u otros estados mexicanos, su capacidad de compra es muy superior al promedio de estos tres países. Creer que los países del TLC invadirán con sus productos Chiapas, Yucatán u otros estados mexicanos es pecar de iluso, algunas pocas empresas quizás logren cierta presencia, pero eso será todo. Cabe entonces la pregunta: ¿cuáles son las expectativas que los productores salvadoreños tienen en México?. No serán los productos tradicionales (las reliquias exportadoras). ¿Serán a caso los textiles, los que se verán incrementados?. ¿Cuáles serán las trabas o los obstáculos no arancelarios?. Por muy asimétrico que sea el Tratado, no se alcanza a percibir con claridad la generación del comercio para El Salvador, en un esquema en que las producciones no son complementarias, sino competitivas. Una amenaza es el hecho de que aun cuando la desgravación es más rápida en el caso de México con relación a la de El Salvador, al final ambos estarán en cero y entonces "la batalla comercial" será desigual, con el agravante de que México tiene más experiencia administrativa y profesional en el manejo de este tipo de acuerdos, después de haber suscrito un TLC con Estados Unidos y Canadá.

Hay quienes han manifestado que las exportaciones a México se triplicaran en cinco años, aseveraciones que requieren una explicación técnica y convincente de cómo podría darse ese aumento milagroso, máxime que la mayoría de los sectores productivos del país no están tan bien que se diga. Existe otra debilidad y es la falta de intereses comunes de los negociadores sectoriales, que da paso a contradicciones internas en todo sector privado cuando de negociar acuerdos comerciales se trata, a diferencia de otro tipo de negociaciones. En el caso que nos ocupa, los comerciantes propician todo aquello que facilite el ingreso del producto importado; en el otro extremo, se encuentra la mayoría de los industriales quienes buscan la protección arancelaria para defender su mercado y por último los agricultores y otros sectores empresariales que toman posiciones, dependiendo de las circunstancias y de cuán fuertes se sientan para afrontar la competencia externa o para incursionar en mercados vecinos.

*Economista.


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