Tema
del momento
¿Un TLC con sabor
a taco o a pupusa?
Rafael
Rodríguez Loucel*
e-mail:
rloucel@utec.edu.sv
El llegar a la firma de un Tratado de Libre
Comercio (TLC) con México por el
Triángulo Norte Centroamericano (TNC)
tomó seis años, se lograron
acuerdos asimétricos, un acceso a un
mercado ampliado a través de un sistema
de desgravación. Reglas de origen
factibles de ser cumplidas. Se logró la
garantía de la salvaguardia de la OMC,
bilateral a este organismo, también se
obtuvo un mecanismo de solución de
diferencias.
Las autoridades gubernamentales que
participaron en las negociaciones consideran que
el Tratado, objeto de comentario, es uno que
puede considerarse de múltiples
oportunidades, entre las cuales enfatizan la
posibilidad que se genere una producción
o manufactura en cadena, en la cual la
producción final requiere de materia
prima (boquitas de papas por ejemplo).
Manifiestan que se contará con un
marco regulatorio compartido, para asegurar
prácticas leales, que garanticen
seguridad, permanencia y predictibilidad en su
comercio con México, en un esquema en el
cual se podrán solventar las divergencias
comerciales, que llegaren a suscitarse como
resultado de la aplicación del mismo.
Los productos agrícolas sensibles
quedaron excluidos, lo cual es de suma
conveniencia, considerando las condiciones por
las que atraviesa el sector primario. El Tratado
cuenta con un antecedente de una
desgravación que se inició a
principios de los noventa con márgenes de
asimetría que llegan a cubrir
períodos de hasta once años, a
favor, en un principio, de los países del
triángulo norte para dar lugar a la
debida preparación o reconversión
de la planta productiva local.
Teóricamente, la facilitación del
comercio entre los países no solamente
fortalece la competencia, la productividad y la
eficiencia, sino también beneficia
directamente a los consumidores y genera riqueza
en proporción geométrica.
Por las razones anteriores, debería
ser motivo de esperanza que nuestro país
se haya internado en un proceso serio de libre
comercio con México, en función de
abrir nuevos mercados para nuestros productores
y de garantizar una mayor libertad de
elección a los consumidores
salvadoreños. Hay aspectos sobre los que
se hace necesario reflexionar, la estructura
productiva mexicana es más sólida
y diversificada, que la de cualquiera de los
países del TNC y en el caso que nos
preocupa la de El Salvador, consecuentemente la
del primer país es más competitiva
y lógicamente con menores costos. Para
muestra uno o varios botones, las empresas
Bimbo, Elektra y Mabe ya tienen un
posicionamiento en el mercado
salvadoreño, ejemplos que son suficientes
para esperar, con el acuerdo en marcha, un mayor
desplazamiento de productos salvadoreños
por productos mexicanos, lo que los expertos dan
en llamar desviación de comercio, en
lugar de creación de comercio,
alternativa última que es la que
supuestamente andamos buscando.
No es cierto que El Salvador o los otros
países del TNC se vayan a posicionar como
grandes exportadores hacia el sur de
México. Las compañías
mexicanas tienen mucha presencia allí, y
aun que son regiones más pobres que el
D.F. u otros estados mexicanos, su capacidad de
compra es muy superior al promedio de estos tres
países. Creer que los países del
TLC invadirán con sus productos Chiapas,
Yucatán u otros estados mexicanos es
pecar de iluso, algunas pocas empresas
quizás logren cierta presencia, pero eso
será todo. Cabe entonces la pregunta:
¿cuáles son las expectativas que los
productores salvadoreños tienen en
México?. No serán los productos
tradicionales (las reliquias exportadoras).
¿Serán a caso los textiles, los que
se verán incrementados?.
¿Cuáles serán las trabas o
los obstáculos no arancelarios?. Por muy
asimétrico que sea el Tratado, no se
alcanza a percibir con claridad la
generación del comercio para El Salvador,
en un esquema en que las producciones no son
complementarias, sino competitivas. Una amenaza
es el hecho de que aun cuando la
desgravación es más rápida
en el caso de México con relación
a la de El Salvador, al final ambos
estarán en cero y entonces "la batalla
comercial" será desigual, con el
agravante de que México tiene más
experiencia administrativa y profesional en el
manejo de este tipo de acuerdos, después
de haber suscrito un TLC con Estados Unidos y
Canadá.
Hay quienes han manifestado que las
exportaciones a México se triplicaran en
cinco años, aseveraciones que requieren
una explicación técnica y
convincente de cómo podría darse
ese aumento milagroso, máxime que la
mayoría de los sectores productivos del
país no están tan bien que se
diga. Existe otra debilidad y es la falta de
intereses comunes de los negociadores
sectoriales, que da paso a contradicciones
internas en todo sector privado cuando de
negociar acuerdos comerciales se trata, a
diferencia de otro tipo de negociaciones. En el
caso que nos ocupa, los comerciantes propician
todo aquello que facilite el ingreso del
producto importado; en el otro extremo, se
encuentra la mayoría de los industriales
quienes buscan la protección arancelaria
para defender su mercado y por último los
agricultores y otros sectores empresariales que
toman posiciones, dependiendo de las
circunstancias y de cuán fuertes se
sientan para afrontar la competencia externa o
para incursionar en mercados vecinos.
*Economista.