Jueves 29 de junio


Comentando
Los pesimistas contraatacan
Marvin Galeas
Marvin@telemovil.com

Alguien engañó a Roberto Turcios. Ese alguien le dijo, según deduzco de su artículo del martes en La Prensa Gráfica, que para ser crítico hay que ser pesimista. Y le creyó. Para Roberto, uno de los más lúcidos pensadores de izquierda, "con tanto optimismo que se demanda hoy, existe el riesgo de acorralar el ejercicio del libre pensamiento". ¡Caracoles!. Roberto Turcios hizo de su columna del martes un auténtico arroz con mango.

De dónde diablos sacó el director del instituto Tendencias, que todo crítica debe ser pesimista y que "la receta optimista sugiere el silencio de la crítica". Nada qué ver. En nuestra historia cuando el poder ha querido silenciar la crítica no lo hizo ni con recetas optimistas ni de cocina, sino con atentados terroristas, asesinatos, ahorcamientos económicos y exilios. Hoy en día En el Salvador, gozamos de un clima de amplia libertad de expresión, que incluye por supuesto el derecho a la crítica.

Y vaya que se ejerce la crítica. Eso está muy bien. Hay que mantener la vigilancia sobre el poder para establecer desde la sociedad civil los contrapesos necesarios en una democracia. Se critica desde todos lados y a medio mundo. No hay día de Dios en que alguien no critique a un magistrado de justicia, ministro, diputado o dirigente de fútbol. Que yo sepa nadie ha muerto por eso, ni ha sido hostigado, ni ha amenazado, ni nada. La moda está en ser crítico.

Los optimistas, me apunto entre ellos, lo que proponemos no es, Dios guarde, suprimir la libertad de llorar y quejarse. Para nada. Cada cual es libre de hacer con su espacio (de opinión, en este caso), lo que le plazca. Cada medio es libre de establecer también su política informativa. Ya sea explotando al extremo el morbo por la violencia o tratando de ser más equilibrados, incluyendo lo que se ha dado en llamar el tratamiento de la buena noticia.

Lo que proponemos es darle un enfoque positivo a la crítica. Equilibrar la pauta informativa introduciendo también elementos alentadores, que los hay. Pero es, claro está, una propuesta, no una orden. Además no somos nadie para imponerle nada a los profundos, serios , solemnes, aburridos y quejumbrosos analistas políticos y demás profetas del desastre.

De acuerdo con la tesis de Roberto Turcios, el espíritu crítico, rebelde y escrutador es patrimonio de los amargados y solemnes. Siguiendo esa lógica el divertidísimo programa "Qué mañana de la Tenchis Celiber," constituye una amenaza autoritaria. Yo personalmente prefiero ver las gracejadas de los locos del 21, que soplarme las sesiones de interrogatorio y los apocalípticos editoriales que se trasmiten en otros canales. Una cosa es que me guste estar informado y que me encante leer y escuchar análisis sobre la realidad nacional, y muy otra es ser masoquista.

Me parece que Roberto Turcios, sufre de un macartismo al revés. Así como el famoso senador veía comunistas hasta en la sopa, Turcios ve amenazas autoritarias hasta en los fideos. Bueno quizá sea exagerar … Pero no quiero pensar que Roberto comparte la idea de un tal Peñate, quien ha escrito que el Ejército salvadoreño se está preparando para una nueva guerra contra el pueblo o la idea del respetable Dr. Fabio Castillo, quien dice que se está viviendo una fase de gestación de una dictadura.

Optimismo no es, por todos los santos, ignorar los problemas. Es simplemente enfrentarlos de una manera positiva e inteligente para resolverlos. No es una receta para remediar los males del país. No soy partidario de esos charlatanes que han hecho su agosto escribiendo libros sobre automotivación. Pero sí creo profundamente, y lo digo por experiencia personal, que en esos momentos cuando la vida se nos hace un ocho, una fuerte dosis de optimismo, fe en Dios y mucho trabajo es casi siempre el camino de la solución.

Conozco a Roberto Turcios y doy fe que su carácter no es para nada pesimista. Me doy la libertad de suponer que su columna del martes pasado fue una especie de solidaridad con algunos pesimistas de hueso colorado… de esos diosecillos soberbios, para los cuales la alegría y la risa son pecado.


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