Comentando
Los pesimistas
contraatacan
Marvin
Galeas
Marvin@telemovil.com
Alguien
engañó a Roberto Turcios. Ese
alguien le dijo, según deduzco de su
artículo del martes en La Prensa
Gráfica, que para ser crítico hay
que ser pesimista. Y le creyó. Para
Roberto, uno de los más lúcidos
pensadores de izquierda, "con tanto optimismo
que se demanda hoy, existe el riesgo de
acorralar el ejercicio del libre pensamiento".
¡Caracoles!. Roberto Turcios hizo de su
columna del martes un auténtico arroz con
mango.
De dónde diablos sacó el
director del instituto Tendencias, que todo
crítica debe ser pesimista y que "la
receta optimista sugiere el silencio de la
crítica". Nada qué ver. En nuestra
historia cuando el poder ha querido silenciar la
crítica no lo hizo ni con recetas
optimistas ni de cocina, sino con atentados
terroristas, asesinatos, ahorcamientos
económicos y exilios. Hoy en día
En el Salvador, gozamos de un clima de amplia
libertad de expresión, que incluye por
supuesto el derecho a la crítica.
Y vaya que se ejerce la crítica. Eso
está muy bien. Hay que mantener la
vigilancia sobre el poder para establecer desde
la sociedad civil los contrapesos necesarios en
una democracia. Se critica desde todos lados y a
medio mundo. No hay día de Dios en que
alguien no critique a un magistrado de justicia,
ministro, diputado o dirigente de fútbol.
Que yo sepa nadie ha muerto por eso, ni ha sido
hostigado, ni ha amenazado, ni nada. La moda
está en ser crítico.
Los optimistas, me apunto entre ellos, lo que
proponemos no es, Dios guarde, suprimir la
libertad de llorar y quejarse. Para nada. Cada
cual es libre de hacer con su espacio (de
opinión, en este caso), lo que le plazca.
Cada medio es libre de establecer también
su política informativa. Ya sea
explotando al extremo el morbo por la violencia
o tratando de ser más equilibrados,
incluyendo lo que se ha dado en llamar el
tratamiento de la buena noticia.
Lo que proponemos es darle un enfoque
positivo a la crítica. Equilibrar la
pauta informativa introduciendo también
elementos alentadores, que los hay. Pero es,
claro está, una propuesta, no una orden.
Además no somos nadie para imponerle nada
a los profundos, serios , solemnes, aburridos y
quejumbrosos analistas políticos y
demás profetas del desastre.
De acuerdo con la tesis de Roberto Turcios,
el espíritu crítico, rebelde y
escrutador es patrimonio de los amargados y
solemnes. Siguiendo esa lógica el
divertidísimo programa "Qué
mañana de la Tenchis Celiber," constituye
una amenaza autoritaria. Yo personalmente
prefiero ver las gracejadas de los locos del 21,
que soplarme las sesiones de interrogatorio y
los apocalípticos editoriales que se
trasmiten en otros canales. Una cosa es que me
guste estar informado y que me encante leer y
escuchar análisis sobre la realidad
nacional, y muy otra es ser masoquista.
Me parece que Roberto Turcios, sufre de un
macartismo al revés. Así como el
famoso senador veía comunistas hasta en
la sopa, Turcios ve amenazas autoritarias hasta
en los fideos. Bueno quizá sea exagerar
Pero no quiero pensar que Roberto
comparte la idea de un tal Peñate, quien
ha escrito que el Ejército
salvadoreño se está preparando
para una nueva guerra contra el pueblo o la idea
del respetable Dr. Fabio Castillo, quien dice
que se está viviendo una fase de
gestación de una dictadura.
Optimismo no es, por todos los santos,
ignorar los problemas. Es simplemente
enfrentarlos de una manera positiva e
inteligente para resolverlos. No es una receta
para remediar los males del país. No soy
partidario de esos charlatanes que han hecho su
agosto escribiendo libros sobre
automotivación. Pero sí creo
profundamente, y lo digo por experiencia
personal, que en esos momentos cuando la vida se
nos hace un ocho, una fuerte dosis de optimismo,
fe en Dios y mucho trabajo es casi siempre el
camino de la solución.
Conozco a Roberto Turcios y doy fe que su
carácter no es para nada pesimista. Me
doy la libertad de suponer que su columna del
martes pasado fue una especie de solidaridad con
algunos pesimistas de hueso colorado
de
esos diosecillos soberbios, para los cuales la
alegría y la risa son pecado.