Sábado 24 de junio


























Evangelio para domingo

Marcos 4, 35-40

"Cállate, cálmate"

Al atardecer de aquel mismo día, Jesús dijo a sus discípulos: "Crucemos a la otra orilla del lago".

Despidieron a la gente y lo llevaron en la barca en que estaba. También lo acompañaban otras barcas. De pronto se levantó un gran temporal y las olas se estrellaban contra la barca, que se iba llenando de agua.

Mientras tanto, Jesús dormía en la popa sobre un cojín.

Lo despertaron diciendo: "Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?".

Él entonces se despertó. Se encaró con el viento y dijo al mar: "Cállate, cálmate".

El viento se apaciguó y siguió una gran calma. Después les dijo: "¿Por qué tan miedosos? ¿Todavía no tienen fe?".

Jesús: llama a la fe verdadera

"... Pasemos a la otra orilla"

El capítulo cuatro del Evangelio de Marcos presenta un conjunto de parábolas sobre el Reino que concluye con el breve relato que se expone hoy.

Este Evangelio presenta a un Jesús como alguien que está siempre en camino, amante de pasar las fronteras en busca de "la otra orilla", o sea un mundo diverso al habitual...

"¿No te importa que perezcamos...?"

El viento de la tempestad y las olas del mar agitado recuerdan a los lectores de la Sagrada Escritura la amenaza de la muerte y el caos primordial.

La inquietud de los discípulos de Jesús es la primera reacción normal de todo aquel que se ve confrontado con algo que no está a su alcance, con aquello que ve fuera de sus posibilidades, todo lo que evoca inseguridad...

"¿No tienen fe...?"

La invitación discreta de Jesús a la fe prepara a los discípulos a descubrir su verdadera identidad.

El contraste entre la calma solemne de Jesús y la agitación de los discípulos corresponde a la que hay entre el mar en tempestad y la gran calma siguiente al mandato del Señor.

En el fondo, en este relato se perfila la imagen de Dios creador del mundo y Señor de la historia y su mensaje central podría ser: "En Jesús, Dios está siempre presente, es fiel, ayuda a los que lo invocan aunque no lo parezca. El Dios creador, que domina las fuerzas cósmicas, es también el Dios salvador y cercano...".

"Y nosotros..."

A todos los seguidores de Jesús no se nos ha prometido una travesía apacible por el mar de la vida. Nuestra historia es muchas veces una historia de aguas turbulentas.

Marcos, en su Evangelio, nos presenta a Jesús vencedor del mal. Respuesta definitiva de Dios. Parece que está dormido o ausente, pero está muy presente y dispuesto a salvar. Hoy Marcos nos diría que en Jesús Dios ha mostrado toda la fuerza de su plan salvador y liberador...

Sin embargo, hay una condición: ¡tener fe! Porque el Reino de vida y de justicia es un don del Señor y tener fe es acoger esa gracia y hacer nuestras sus exigencias.

Hay una sutil manera de no creer, de no confiar en el Señor: tener miedo. El relato de hoy nos recuerda a todos que el miedo frente a los retos del Evangelio esconde algo muy serio: una falta de fe.

De algo podemos estar muy seguros: ¡si hay fe no hay miedo frente a las dificultades y amenazas! Claro, no habrá reposo, pero sí una paz profunda...

P. Sixto Alfonso Flores, Sdb


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