- En el
Día del Maestro
- Aprender a contar
hasta uno
- Carlos
Mayora Re
La
próxima semana se celebrará el
Día del Maestro. Y en esa fecha todos,
los que nos dedicamos a la educación y
también los que no, siempre tenemos un
recuerdo para aquellos maestros que de una u
otra forma forjaron no tanto nuestros
conocimientos, como nuestro carácter.
Pensando en ese día, me ha parecido
adecuado comentar una frase del francés
Andre Frossard, quien refiriéndose a Dios
decía que Él "solamente sabe
contar hasta uno", queriendo significar que a
Dios le importamos uno a uno, como personas. De
esa apreciación, el autor sacaba muchas
consecuencias prácticas referidas al
trato de los hombres con Dios. A mí me
interesa recalcar la idea, haciendo
hincapié en que una de las
características de un buen maestro es
precisamente esa: la habilidad para no ver a sus
alumnos como un grupo; sino como personas, como
seres humanos que están en sus manos y
cuyo perfeccionamiento depende en buena parte
del trabajo que él haga, depende del
empeño que ponga en lograr que el alumno
se conozca a sí mismo y pueda dar lo
mejor de sí.
Hace un tiempo leí una historia que me
parece puede ilustrar lo que venimos comentando.
Tuvo lugar en alguna escuela de los Estados
Unidos en la que una maestra tenía a su
cargo alumnos de octavo grado. Cualquiera que
haya trabajado en la enseñanza
podrá explicar que el octavo grado es
quizá uno de los más especiales,
por las características de los alumnos a
esa edad y por su desarrollo psíquico y
físico. Pues bien, un buen día en
que la profesora se había quedado sin
recursos para controlar al grupo de alumnos,
tuvo una idea genial: les pidió que
escribieran en un papel todas las cosas buenas
que fueran capaces de decir de sus
compañeros. Al final de la clase
recogió las listas y trabajó
arduamente por la noche, de tal manera que al
día siguiente entregó a cada
estudiante una pequeña ficha en la que
resumía los rasgos más importantes
que sus compañeros habían escrito
refiriéndose a él; el resto del
año fue trabajando uno a uno con sus
alumnos, y basándose en el propio
conocimiento logró que todos cambiaran
notablemente. Pasó el tiempo, los alumnos
se graduaron y cada uno tomó un rumbo
diverso en su vida.
Un buen día, nuestra maestra
recibió una llamada por teléfono:
su interlocutor le explicaba que uno de sus
alumnos había muerto en Viet Nam, y que
le hacía saber la noticia pues el
entierro del muchacho tendría lugar al
día siguiente. Se presentó en casa
de su antiguo alumno y allí se
encontró a casi todo el grupo de aquel
octavo grado. Al entrar en la casa, la madre del
soldado le dijo que su hijo había dejado
escrito un mensaje para ella, y le dio un sobre
en el que se contenía una carta, en la
que su ex alumno le explicaba que había
sido la mejor maestra que había tenido
nunca, que llevaba consigo siempre la ficha de
la anécdota y que la releía con
frecuencia pues al paso de los años se
había dado cuenta de que su lectura le
reconfortaba y le hacía vivir de una
manera optimista. Lo curioso del asunto es que
cuando la profesora terminó de leer la
carta y comentó su contenido en voz alta,
todos sus antiguos alumnos, allí
presentes, fueron extrayendo de sus carteras y
de sus bolsos la famosa ficha de cada uno que,
arrugadas y dobladas y desdobladas muchas veces,
evidenciaban su continuo uso... Había
pasado el tiempo, pero una lección
aislada y el empeño de una maestra por
tratar uno a uno a sus estudiantes, había
hecho que todos llegaran a ser personas de
provecho en la sociedad.
Pues bien, pienso que todos somos maestros y
alumnos al mismo tiempo, y por esto el esfuerzo
sincero de cada uno por conocerse a sí
mismo de la mejor manera posible, y por conocer
a aquellos con quien convive, siempre
dará a corto o largo plazo resultados
satisfactorios, pues ayudaremos a los
demás a mejorar como personas.
El término "educación
personalizada" se ha ido imponiendo cada vez
más en el ambiente. Sin embargo, con
frecuencia la gente echa mano de él
pensando que se trata de "atención
personalizada", que es muy distinto al
significado original de ese concepto.
Educación personalizada significa que los
alumnos han de ser tratados como personas, es
decir, teniendo en cuenta sus propias
características, procurando fortalecer
los hábitos buenos y erradicar aquellos
que no lo son; teniendo presente que la persona
es libre y que educar es, precisamente,
enseñar a administrar esa libertad;
considerando siempre que la educación
debe presuponer la responsabilidad de cada uno y
no olvidando nunca que todo lo que una persona
hace en su vida repercute directamente en
quienes le rodean. De aquí que el
éxito de un maestro pasa necesariamente
por tratar a cada uno de sus alumnos como
alguien único e irrepetible, como persona
que es.
Ing. Industrial y columnista de El Diario
de Hoy.