Sábado 24 de junio


En el Día del Maestro
Aprender a contar hasta uno
Carlos Mayora Re

La próxima semana se celebrará el Día del Maestro. Y en esa fecha todos, los que nos dedicamos a la educación y también los que no, siempre tenemos un recuerdo para aquellos maestros que de una u otra forma forjaron no tanto nuestros conocimientos, como nuestro carácter.

Pensando en ese día, me ha parecido adecuado comentar una frase del francés Andre Frossard, quien refiriéndose a Dios decía que Él "solamente sabe contar hasta uno", queriendo significar que a Dios le importamos uno a uno, como personas. De esa apreciación, el autor sacaba muchas consecuencias prácticas referidas al trato de los hombres con Dios. A mí me interesa recalcar la idea, haciendo hincapié en que una de las características de un buen maestro es precisamente esa: la habilidad para no ver a sus alumnos como un grupo; sino como personas, como seres humanos que están en sus manos y cuyo perfeccionamiento depende en buena parte del trabajo que él haga, depende del empeño que ponga en lograr que el alumno se conozca a sí mismo y pueda dar lo mejor de sí.

Hace un tiempo leí una historia que me parece puede ilustrar lo que venimos comentando. Tuvo lugar en alguna escuela de los Estados Unidos en la que una maestra tenía a su cargo alumnos de octavo grado. Cualquiera que haya trabajado en la enseñanza podrá explicar que el octavo grado es quizá uno de los más especiales, por las características de los alumnos a esa edad y por su desarrollo psíquico y físico. Pues bien, un buen día en que la profesora se había quedado sin recursos para controlar al grupo de alumnos, tuvo una idea genial: les pidió que escribieran en un papel todas las cosas buenas que fueran capaces de decir de sus compañeros. Al final de la clase recogió las listas y trabajó arduamente por la noche, de tal manera que al día siguiente entregó a cada estudiante una pequeña ficha en la que resumía los rasgos más importantes que sus compañeros habían escrito refiriéndose a él; el resto del año fue trabajando uno a uno con sus alumnos, y basándose en el propio conocimiento logró que todos cambiaran notablemente. Pasó el tiempo, los alumnos se graduaron y cada uno tomó un rumbo diverso en su vida.

Un buen día, nuestra maestra recibió una llamada por teléfono: su interlocutor le explicaba que uno de sus alumnos había muerto en Viet Nam, y que le hacía saber la noticia pues el entierro del muchacho tendría lugar al día siguiente. Se presentó en casa de su antiguo alumno y allí se encontró a casi todo el grupo de aquel octavo grado. Al entrar en la casa, la madre del soldado le dijo que su hijo había dejado escrito un mensaje para ella, y le dio un sobre en el que se contenía una carta, en la que su ex alumno le explicaba que había sido la mejor maestra que había tenido nunca, que llevaba consigo siempre la ficha de la anécdota y que la releía con frecuencia pues al paso de los años se había dado cuenta de que su lectura le reconfortaba y le hacía vivir de una manera optimista. Lo curioso del asunto es que cuando la profesora terminó de leer la carta y comentó su contenido en voz alta, todos sus antiguos alumnos, allí presentes, fueron extrayendo de sus carteras y de sus bolsos la famosa ficha de cada uno que, arrugadas y dobladas y desdobladas muchas veces, evidenciaban su continuo uso... Había pasado el tiempo, pero una lección aislada y el empeño de una maestra por tratar uno a uno a sus estudiantes, había hecho que todos llegaran a ser personas de provecho en la sociedad.

Pues bien, pienso que todos somos maestros y alumnos al mismo tiempo, y por esto el esfuerzo sincero de cada uno por conocerse a sí mismo de la mejor manera posible, y por conocer a aquellos con quien convive, siempre dará a corto o largo plazo resultados satisfactorios, pues ayudaremos a los demás a mejorar como personas.

El término "educación personalizada" se ha ido imponiendo cada vez más en el ambiente. Sin embargo, con frecuencia la gente echa mano de él pensando que se trata de "atención personalizada", que es muy distinto al significado original de ese concepto. Educación personalizada significa que los alumnos han de ser tratados como personas, es decir, teniendo en cuenta sus propias características, procurando fortalecer los hábitos buenos y erradicar aquellos que no lo son; teniendo presente que la persona es libre y que educar es, precisamente, enseñar a administrar esa libertad; considerando siempre que la educación debe presuponer la responsabilidad de cada uno y no olvidando nunca que todo lo que una persona hace en su vida repercute directamente en quienes le rodean. De aquí que el éxito de un maestro pasa necesariamente por tratar a cada uno de sus alumnos como alguien único e irrepetible, como persona que es.

Ing. Industrial y columnista de El Diario de Hoy.


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