- El
Salvador en perspectiva
- El Salvador va contra
la corriente
- Mario
Rosenthal
Los
19 mandatarios de los países de Latino
América y el Caribe, reunidos en la
cumbre de Río, celebrada la semana pasada
en Cartagena, Colombia, unánimemente
pidieron a los países desarrollados
desmantelar las barreras aduanales sobre
productos agrícolas, para permitir su
libre importación. No obstante que el
presidente de Méjico dijo que "el
comercio libre es una parte muy importante de la
solución del problema (de la pobreza)",
Méjico ha rehusado incluir productos
agrícolas en el Tratado de Libre Comercio
con El Salvador, Guatemala y Honduras. El
Salvador, por su parte ha tomado la descabellada
decisión de cargar a la
importación de productos naturales de
Centroamérica, que hasta ahora han sido
libres, con el impuesto de 13 por ciento del
IVA, "para hacer los productos agrícolas
nacionales más competitivos en el mercado
local".
La Asociación Salvadoreña de
Industrias (ASI) ha propuesto que para facilitar
el despliegue económico de la
nación es necesario la elevación
en general de los aranceles de
importación. En su "Propuesta de
Política Industrial para El Salvador",
presentado al Gobierno, se queja que la
saturación de productos provenientes de
países con economías
distorsionadas, el Estado debe proteger las
inversiones locales y asegurar el crecimiento
del consumo interno de las mercaderías
elaboradas en el país aunque sean de
calidad inferior.
Un dicho chino reza que el que repite un
error que ha fracasado una vez es un tonto pero
el que lo repite por segunda vez no tiene
perdón de los dioses. En los años
de 1950 y 1960 se creó el Mercado
Común Centroamericano, basado en la
sustitución de productos importados por
los fabricados localmente. Se asignaba a cada
país los productos que podría
fabricar con exclusividad para el mercado
centroamericano. Las importaciones se
excluían con aforos elevados y los
consumidores fueron obligados a adquirir
productos de mala calidad a altos precios. El
experimento fue un gran fracaso, los
países no respetaban los compromisos de
no competir en los mercados asignados y el
consumo se deterioró por la mala calidad
de los productos. Al fin el proyecto fue
abandonado y los tratados cayeron en el olvido o
fueron derogados. Ahora se propone repetir el
error del mercado común. La propuesta de
la ASI contiene otros 16 puntos, algunos
razonables pero otros en completa
oposición a lo que es la más
fuerte tendencia de la economía mundial,
un mercado global de comercio libre que concede
a la humanidad el derecho de proveerse de sus
necesidades donde los puede obtener más
baratos. Es un absurdo que ciertos insumos son
más caros en los países que los
producen que en países que los importan,
por la diferencia entre el precio mundial del
producto con su precio artificial en el mercado
local. La propuesta de la asociación
apoya la falsa premisa que para orientar la
demanda nacional hacia la producción
interna, es necesario elevar los aranceles de
los bienes de consumo para poner el precio de lo
importado fuera del alcance del consumidor para
que esté obligado a comprar el producto
nacional aunque de menor calidad.
Nos extraña que la propuesta de ASI no
hace ninguna referencia a la calidad y
eficiencia de la producción para abrirse
mercados. Muchas industrias salvadoreñas
están dirigidas por jóvenes
preparados, que sus estudios de mercadeo
deberían haberles instruido que el
público, no va a sustituir un producto de
alta calidad con una de mala calidad y que lo
más probable es que aceptarían
pagar el precio mayor por el producto superior,
o prescindir de su uso. Los granos
básicos comprueban que la calidad es
más importante que los precios, ya que el
público prefiere el maíz y los
frijoles locales aunque el precio es superior a
los importados. La exclusión de
artículos importados por altos aranceles
no garantiza el consumo de productos locales de
menor calidad, sea en los ramos de los
comestibles, la ropa, el calzado y las medicinas
y todo lo demás. Desafortunadamente,
gremios de poca visión no creen que el
mercado libre es la solución de los
problemas económicos, pero el
éxito de las economías libres en
los países desarrollados y la eminente
admisión de la China a la OMC para
reforzar la economía libre mundial,
comprueban su error.
mrelsalv@cyt.net